Sigue la muerte

Por: José I. Delgado Bahena

En este título; “Sigue la muerte”, de un poema del poeta chiapaneco, Jaime Sabines, se encierra toda la verdad de la vida; porque la vida no sigue, lo que sigue en realidad es la muerte. “La madre hace los muertos”, dice en un verso, y nada es tan cierto; porque los hijos, los nuevos seres humanos no vienen a vivir, todos, desde el nacimiento tenemos claro que un día habremos de morir.

No digamos la palabra del canto,/ cantemos. Alrededor de los huesos,/ en los panteones, cantemos./ A lado de los agonizantes,/ de las parturientas,/ de los quebrados,/ de los presos,/ de los trabajadores, cantemos./ Bailemos,/ bebamos, violemos./ Ronda del fuego, círculo de sombras,/ con los brazos en alto,/ que la muerte llega.


Tal vez se pregunte, por qué ahora traigo a mi columna este poema de Jaime Sabines, y tengo que explicarle que hoy, en el Museo de la Bandera y Santuario de la Patria, de aquí, de Iguala, estaré presentando mi nuevo libro: La muerta. Es una novela donde, por supuesto abordo el tema de la muerte. Ya la semana pasada comenté sobre el contenido de mi novela, sobre la historia que es narrada por la misma muerta, y mucho de lo escribí me lo inspiró Jaime Sabines a quien considero mi maestro en el tema de la poesía.

Encerrados ahora en el ataúd del aire,/ hijos de la locura, caminemos/ en torno de los esqueletos./ Es blanda y dulce/ como una cama con mujer./ Lloremos./ Cantemos: la muerte, la muerte,/ la muerte,/ hija de puta viene.


La verdad, el lenguaje, los recursos que Sabines emplea en este texto, me hace imaginar lo inimaginable en torno a ese ente que en México y en muchos países se le representa con el esqueleto de un ser humano. La muerte es algo que desde la antigüedad se le ha considerado con dos conceptos básicos: la finitud y la trascendencia a otro plano no terrenal. Aunque claro, también está el tema de la reencarnación; pero es como para tratarlo por separado. Me gusta más imaginar que, en efecto, un ser de ultratumba, regido por una divinidad, se encarga de determinar el final de nuestra existencia y, al mismo tiempo, creer en el Más allá como una posibilidad de reencontrarnos con nuestros seres queridos.

La tengo aquí, me sube, / me agarra por dentro./ Como un esperma contenido,/ como un vino enfermo./ Por los ahorcados lloremos,/ por los curas,/ por los limpiabotas,/ por las ceras de los hospitales,/ por los sin oficio y los cantantes./ Lloremos por mí,/ el más feliz, ay, lloremos.

En mi novela, que estaremos comentando con mi amigo Carlos Mata Bordaluz, también toco, de pasada, el tema del feminicidio, que lleva a la desaparición forzada; pero, indudablemente, el asunto ronda más sobre una historia de amor que se ve interrumpida por la muerte de la protagonista.


Lloremos un barril de lágrimas./ Con un montón de ojos lloremos./ Que el mundo sepa que lloramos aquí/ por el amor crucificado y las vírgenes,/ por nuestra hambre de Dios/ (¡pequeño Dios el hombre!)/ y por los riñones del domingo.


Es que la muerte, como dije en mi columna de la semana pasada, nos infunde miedo, porque nadie quiere morir; pero también nos ilusiona, por llegar a otra dimensión, un espacio lleno de misterio y de muchas incógnitas.


Lloremos por el polvo/ y por la muerte de la rosa/ en las manos de los mendigos./ Yo, el último, os invito/ a bailar sobre el cráneo del tiempo.


¡De dos en dos los muertos!/ Al tambor, a la luna,/ al compás del viento./ ¡A cogerse las manos, sepultureros!/ Gloria del hombre vivo:/ ¡espacio para el miedo/ que va a bailar la danza que bailemos!


Tranca la tranca,/ con la musiquilla del concierto/ ¡qué fácil es bailar remuerto!


No pude dejar de compartir el resto de la primera parte del poema de Sabines. Espero que le haya gustado y que me pueda acompañar, hoy, sábado 3 de octubre, a las 5 de la tarde, en la presentación de mi libro “La muerta”.