Hablemos de política
Por: José I. Delgado Bahena
Diría Catón: “De política y de cosas peores”.
Hablemos de política, pues. Aunque me he prometido no hablar en mi columna de tres temas, entre ellos, este, la verdad, no me puedo sustraer a la inercia de la información sobre lo que pasa en nuestro país y, sobre todo, en nuestro estado: Guerrero.
Para empezar, simple y sencillamente, le diré que, si en alguna época de nuestra historia, las cosas estaban feas, porque, a quien no estaba de acuerdo con el partido en el poder, lo mataban, ahora, la situación no está pintada de color rosa.
Sinceramente, da pena ver cómo se conducen nuestros representantes, tanto en la cámara de diputados como en la de senadores; bueno: ya ni la presidenta se escapa, también le entra al juego con los dimes y diretes. ¡Claro que sí! ¡Cómo no!
Bueno, hay que aclarar que la percepción que tengo es sobre todos los partidos, por eso no menciono a ninguno en particular y a ningún personaje en especial, salvo la mención de la presidenta; pero es que ninguno se salva: el nivel de la política, o de la forma de hacer política, es muy bajo, más con el uso y dominio de las redes sociales; bueno, hasta la inteligencia artificial le entró al juego y ahora ya no sabemos si las personas y las voces son reales o están siendo manipuladas con la tecnología.
Total que, ahora vemos que los políticos van de las acusaciones a los golpes, las agresiones verbales y físicas están a la orden día. Ya no se limitan a debatir, a exponer sus propuestas, a votar y a actuar con madurez, inteligencia y educación. ¡Qué pena!
Pero tendríamos que analizar por qué hemos caído tan bajo como sociedad, o por qué la ciudadanía permitimos que esto pase. Con razón, alguien dijo: “El pueblo tiene el gobierno que merece”. Pues, sí. Tal vez es lo que hemos construido desde la sociedad. Porque, mire: leo y veo en las redes sociales, publicaciones que algunos simpatizantes de los partidos hacen en las que se proyectan igual de barbajanes que nuestros políticos. Entonces, tendríamos que ver qué tanto están haciendo la escuela, la iglesia y las familias para formar individuos con valores, que se conduzcan con respeto y civilidad.
Por supuesto: hay de todo. Pero lo más que se ve es lo que, en buenas palabras diríamos: descomposición de la humanidad. Se ve en todos lados, inclusive en lugares como los espacios del deporte, donde se supone que “Mente sana en cuerpo sano”. Bueno, también ahí, los padres que acompañan a los niños, o los familiares y amigos de los deportistas, hacen lo suyo para mostrar esa decadencia.
Recuerdo que mi madre nos decía, cuando escuchaba que hablábamos con palabras ofensivas: “¿Qué eso les enseñamos su padre y yo?” En cambio, ahora escucho cómo algunos familiares se dirigen a sus hijos como: pdejo, hijo de la…, etc. Ahí empieza todo, pues. Y luego: las formas de protestar del magisterio (que no digo que no sean necesarias), que ahora están a la vista de todos en a través de la red de Internet y, aunque no digo que no se valga protestar o inconformarse por situaciones injustas, ahora se “viralizan” y son del dominio público, incluyendo los niños.
Pero todo eso se puede contraatacar con la labor de los padres, definitivamente. Los ejemplos y las acciones que permitan ver otras formas de comportamientos llevarán a los niños y jóvenes a anteponer, a la violencia, el respeto.
Por eso, tendríamos que preguntarnos: ¿qué tipo de formación y ejemplos tuvieron esos políticos que se manifiestan en tribuna con agresiones, con insultos y amenazas? No digo que yo sea un corderito, pero sé que hay de maneras a maneras para hacer saber nuestras opiniones e inconformidades.
Pero, bueno, es la época que nos tocó vivir. Lo que debe estar claro es que a pesar de esos políticos, tenemos que participar en los procesos, pero visualizando, al menos, a personas que sean respetuosas y que no se dirijan con descalificaciones vulgares hacia sus contrincantes, más si son de su mismo partido. Ahí se puede ver quién de verdad trabajará con honestidad por el bien de la gente.
