Félix y la unidad en Morena
Por: Jesús Lépez Ochoa
Luego de la reunión en la que informó personalmente a Saúl Monreal que no será incluido en la encuesta para elegir “coordinador de la transformación” en Zacatecas, la pregunta es cuándo se reunirá Ariadna Montiel con Félix Salgado para informarle lo mismo: que no será incluido en la encuesta de Guerrero.
No se distingue bien si la dirigente nacional de Morena está tratando el tema de Guerrero con el mismo desdén que su antecesora, o con la cautela que a Luisa María Alcalde le hizo falta, al salir a descartar ante los medios de comunicación sin haber dialogado con los afectados por los lineamientos adoptados por el partido para impedir que familiares participen en el proceso para remplazar a sus familiares en el poder.
Por sí solo, el famoso lineamiento mal llamado de manera populista “antinepotismo”, aun cuando no son los familiares en el poder, ni quienes postulan, ni quienes encuestan, mete en un dilema a Morena.
El partido niega que incurre en actos anticipados a la ley porque arguye que los “coordinadores de la transformación”, no son candidatos. Por lógica, los participantes en las encuestas a las que convocará en junio tampoco serían precandidatos. Entonces, ¿por qué negar la participación por un lineamiento “antinepotismo” a “coordinadores”, que no son, según Morena, ni precandidatos, ni candidatos?
Si a esto se suma la mala gestión de la decisión al descartar mediáticamente a los afectados, sin más diálogo que la exigencia del sacrificio, y ahora la diferencia en el trato hacia cada uno de ellos; la dirigencia nacional ha transitado entre la rudeza, y las complicaciones innecesarias.
Si bien hay diferencias entre Monreal, un político profesional formado en el escritorio; y Félix Salgado, quien viene de la lucha social y fue protagonista del hito de la izquierda electoral: la caída del sistema en 1988; ambos son afectados por un mismo lineamiento de su partido.
Si se da una muestra de respeto a uno, debe otorgársele al otro. Más cuando se trata de un referente de la lucha de la izquierda por llegar a poder. Solo quien haya tenido el mismo arrojo de irrumpir en un Congreso de mayoría priista en tiempos de la hegemonía, para denunciar el fraude electoral, podría negarle ese papel en la historia a Salgado como uno de los personajes que pavimentaron el camino que disfrutan, y piensan disfrutar, incluso, varios de sus detractores.
No por nada la primera declaración de la exconsejera jurídica de la presidencia, Esthela Damián Peralta, al llegar a Guerrero para participar en el proceso, fue: “me puse a las órdenes de Félix Salgado”, reconociendo el liderazgo territorial del llamado Toro sin cerca.
Ambos han coincidido en diferentes declaraciones, en que no se trata solo de ganar una gubernatura, si no de ganarlo todo, la mayoría en la Cámara de Diputados, en el Congreso de Guerrero, y las alcaldías, y que Morena puede hacerlo, con unidad.
Pero la dirigencia nacional parece soslayar el diálogo en Guerrero, sin ver el riesgo que representa postergarlo hasta la emisión de la convocatoria.
Mientras tanto, Salgado ha enviado un poderoso mensaje al reunirse con Beatriz Mojica, con quienes suman en encuestas lo suficiente para aplastar a cualquiera, para apoyar las iniciativas de la presidenta Claudia Sheinbaum en el Senado, y anunciar reuniones posteriores con los demás aspirante, como Esthela Damián, Guadalupe Eguiluz y Abelina López.
Así ha dejado en claro que la presidenta tiene su apoyo, pero en Guerrero, él es el factor de unidad, y colocado en esa posición, evidencia el vacío de las dirigencias, en aparente respuesta a la falta de diálogo y respeto, no sólo a él, sino a miles de guerrerenses que confían en su liderazgo.
Cito finalmente a Fernando Savater: “A las cosas hay que manejarlas como cosas y a las personas hay que tratarlas como personas”, doña Ariadna. Así de sencillo.
