TEMPORADA DE BRONQUIOLITIS- IN MEMORIAM-DON CHIMINO

Por J. David Flores Botello

TEMPORADA DE BRONQUIOLITIS.- Estamos entrando a la temporada del año en que las infecciones respiratorias se presentan con mayor frecuencia. Influenza, COVID y otros virus vuelven a circular, pero existe uno que preocupa especialmente a quienes atendemos niños pequeños: el virus sincitial respiratorio (VSR), principal causante de bronquiolitis.Todo puede comenzar como una gripa aparentemente sencilla. El bebé tiene moquitos, estornuda, quizá presenta fiebre y empieza con tos. Sin embargo, dos o tres días después algo cambia: la tos aumenta, respira más rápido y comienzan a escucharse esos ruiditos que muchas mamás describen muy bien: “Doctor, le suenan gatitos en el pecho”. La bronquiolitis es una infección de los bronquiolos, las ramificaciones más pequeñas de los bronquios. Se presenta principalmente en menores de dos años, especialmente durante el primer año de vida. Estas pequeñas vías respiratorias se inflaman y producen abundantes secreciones. Imagine un tubito diminuto que, además de inflamarse, se llena de moco: queda muy poco espacio para que pase el aire. Por eso el bebé puede respirar rápido, presentar silbidos, toser y tener dificultad para alimentarse. La mayoría evoluciona favorablemente, pero debemos reconocer las señales de alarma: si al respirar se le hunden las costillitas, mueve demasiado el abdomen, abre las alas de la nariz, deja de comer, está muy decaído, presenta pausas respiratorias o sus labios se ponen morados, necesita valoración médica inmediata. Durante muchos años de ejercicio de la pediatría hemos formado también nuestra propia experiencia clínica. En la gran mayoría de nuestros pacientes no utilizo nebulizaciones y muy pocos requieren hospitalización. Hemos observado buena respuesta utilizando broncodilatadores como salbutamol y cursos cortos de esteroide de tres a cuatro días. En casos seleccionados utilizamos antibiótico cuando sospechamos una infección bacteriana agregada. Esta es nuestra experiencia clínica personal ya que las guías actuales no recomiendan broncodilatadores ni esteroides rutinariamente para todos los casos de bronquiolitis. Tampoco recomendamos jarabes para quitar la tos ni antihistamínicos para “secar” las secreciones. La tos es un mecanismo de defensa y mantener despejada la nariz ayuda mucho. Hoy, además, podemos proteger al bebé desde antes de nacer mediante la vacunación materna contra el VSR durante las semanas 32 a 36 del embarazo, transfiriéndole anticuerpos que lo protegerán durante sus primeros meses.

No todo catarro debe alarmarnos, pero tampoco debemos confiarnos. Cuando un bebé cambia su manera de respirar, deja de comer o su pechito comienza a trabajar demasiado, hay que revisarlo. Observar a tiempo cómo respira un niño puede hacer toda la diferencia.
IN MEMORIAM.- Mañana 4 de octubre se cumplen 14 años de la partida de nuestra hija Dulce Violeta. Catorce años parecen muchos, pero hay ausencias para las que el tiempo se mide de otra manera. Vio, Vivi, Violetiti, Vivita, Chocolita, como cariñosamente le decíamos, sigue presente en nuestra familia, en nuestros recuerdos y en tantas pequeñas cosas que inevitablemente nos llevan a ella. Tenía apenas 27 años y le faltaban alrededor de cinco meses para terminar su especialidad en Cirugía General. Era inteligente, entusiasta, hábil con sus manos y con la tecnología, pero sobre todo tenía una cualidad que para un médico vale más que el propio conocimiento: trataba a sus pacientes como seres humanos. Fue ella quien creó nuestro grupo familiar “CHO TOTÉ”, nombre nacido de aquella manera infantil de pronunciar Flores Cortés de uno de sus hermanos menores. Y ahí sigue su ocurrencia, como siguen tantas cosas de ella entre nosotros. Claro que la extrañamos. ¿Cómo no extrañar a una hija? Pero hoy prefiero recordar el privilegio de haberla tenido durante 27 años, haber conocido su risa, su carácter, sus ocurrencias, verla crecer y convertirse en médica. A veces me pregunto dónde estará ahora. Nuestra condición humana no alcanza a comprender qué hay después de esta vida, ¿otro plano? ¿Otra dimención? No lo sé, pero mi fe me hace pensar que la existencia no termina aquí; que ViO está en la Gloria de Dios, que está bien, que está en paz y que algún día volveremos a encontrarnos. Han pasado catorce años, hija, pero sigues aquí: en tu mamá, en mí, en tus hermanos, en tu familia y en todos los que te quisimos. Hasta que volvamos a encontrarnos, amada Violetiti de mi corazón.
DON CHIMINO.- Les voy a seguir paticando de cuando juimos a Acapulquito de mis recuerdos a su clausura de ballet de nuestra ahijada Elisamar, que, dende que nos miró entre las gentes, se puso contentísima y de cuando en cuando, mientras seguía bailando, arriendaba a vernos a onde tábamos nosotros y nos aventaba una sonrisita. Mi Púchun le hacía señitas discretamente con la mano y yo tambor quería saludarla pero me dijo que no la distrajiera, como si por mi culpa juera a perder el paso. Cuando terminó la música quedaron todas quietecitas en una posición que quién sabe cómo se llame, luego hicieron una como reverencia y se vino una aplaudidera tremenda. Áhi sí ya no me aguanté y le grité ¡Braaaavo Elisamaaar!, tan juerte que mi Púchun me dio un codazo y me dijo que no tábamos en un estadio. Elisamar alcanzó a oyirme porque arriendó hacia nosotros y se rio. Salieron ellas y entraron otras niñas más grandecitas y áhi jue onde comencé a darme cuenta de que eso del ballet no era nomás ponerse una ropita ajustada y caminar de puntitas. Las nuevas bailarinas ya daban unas vueltas que nomás de verlas me mariaba yo, alevantaban una pata pa´trás, se quedaban sostenidas con la otra y luego se paraban sobre las puntas de los pies como si los dedos los tuvieran de palo. Después salieron otras muchachas todavía más grandes y ésas ya brincaban, daban vueltas, alevantaban las piernas y cayían tan quedamente que parecía que no pesaban. Y mire usté qué curioso, yo que ´bía entrado áhi nomás porque íbamos a ver bailar a la ahijada, poco a poco me jui entreteniendo con el mentado ballet. Ya hasta me fijaba si todas daban la vuelta al mesmo tiempo, si alevantaban igual los brazos y si caiban juntas después de brincar. Hasta le dije a mi Púchun que una de las muchachas se miraba muy buena bailarina y me preguntó que cómo chingaos sabía yo eso si acababa de decirle que de ballet no sabía ni máiz. Pos no supe qué contestarle, pero una cosa es no saber y otra no darse cuenta de cuando algo se mira bonito es que es bonito. Al rato comenzaron a salir de nuez todas las alugnas, primero las más grandes, luego las medianas y al final las chiquitas, hasta que el escenario se llenó de niñas y muchachas con sus trajes de diferentes colores. Áhi apareció otra vez Elisamar con sus compañeritas, ya sin aquella carita tan seria que puso mientras bailaba, ora sí sonriente y buscando entre las gentes hasta que volvió a mirarnos. La maestra comenzó a decir unas palabras tocante a todo lo que ´bían trabajado durante el curso, de los ensayos, la disciplina, la constancia y el esjuerzo de las niñas y, mientras la oyía, arriendé a ver a Eulalia y tenía los ojos aguados. Eleuterio, que normalmente no deja de paticar y decir chingadera y media, taba muy serio mirando a su hija. Y no sé si jue por verlos a ellos o por mirar otra vez a Elisamar allá enfrente, pero sentí una cosa rara en el pecho y un ñudo en mi gañote… y ¡ándenles! Ya me volví a colgar, áhi nos pa l´otra, graciotas.