Por: Álvaro Venegas Sánchez
Con más de ocho décadas de vida, impresionante lucidez y aportación del maestro Juan Sánchez Andraca. Invitado por la secretaría de Cultura y la UAGro, el sábado 30 de mayo, estuvo en el Museo a la Bandera y Santuario de la Patria de esta ciudad para presentar su libro: Colegio del Estado Guerrero 1960 Universidad Autónoma de Guerrero. Dos personalidades hicieron los comentarios previos: el reconocido universitario doctor Florencio Benítez González y el historiador Guillermo de la Cruz Issa.
En las páginas están los antecedentes del Colegio del Estado hasta convertirse en una institución de prestigio. En 1960, recuerda, los alumnos del Colegio estaban organizados en una Federación de Estudiantes y en marzo de ese año realizaron elecciones resultando electo presidente el alumno Jesús Araujo Hernández. A su vez, los padres de familia integrados en Asociación de Padres de Familia del Colegio, tenían como presidente de la Asociación al Dr. Pablo Sandoval Cruz. Y, para informar de abusos y errores que se cometían al interior del Colegio, la Federación de Estudiantes hacía circular el periódico “Alma Estudiantil” cuyo director era el estudiante Juan Sánchez Andraca.
Datos relevantes del año 1960. Mediante el decreto número 2 promulgado el 30 de marzo nace la Universidad de Guerrero. Ese mismo año, fue aprobada por la XLIII Legislatura del Congreso del Estado la Ley orgánica de la Universidad de Guerrero sin considerar AUTONOMÓA, ni PATRIMONIO, ni PROGRAMAS DE ESTUDIO de la Universidad naciente. El gobernador era el General Raúl Caballero Aburto; Adolfo López Mateos, presidente de la República y Luis Echeverría Álvarez, Oficial Mayor de la SEP. Al día siguiente, primero de abril, al acto para el informe del gobernador, no extendieron invitación a la Federación Estudiantil ni a la Asociación de Padres de Familia, primeros interesados del cambio y la naciente institución de educación superior del estado de Guerrero.
La inconformidad escalaba. El 21 de octubre la Federación de Estudiantes envió al gobernador un oficio en el que hacía diez peticiones entre ellas: conferir los espacios adjuntos al edificio que era del Colegio (un parque infantil, las tribunas y el estadio, el casino, las canchas de basquetbol, los frontones, etc.), aumento del subsidio a un millón quinientos mil pesos, que rector y maestros tuvieran título universitario y OTORGAR AUTONOMÍA a la universidad.
En septiembre de 1963, la XLIV Legislatura expidió la Ley Orgánica número 24 de la Universidad Autónoma de Guerrero, siendo gobernador Raymundo Abarca Alarcón. Sin embargo, dedica ocho páginas, de la 79 a 86, destacando lo que vivió y presenció del 23 de noviembre hasta la masacre que cometió el ejército el 30 de diciembre de 1960, incluye la relación de los caídos; fue el enorme costo para lograr la AUTONOMÍA de la UAG. El comité de huelga lo integraron 12 miembros: José Guadalupe Solís Galeana, Eulalio Alfaro Castro, Arturo Robledo, Tito Díaz Nava, Constantino Salmerón Catalán, Baltazar Solís Galeana, José Naime Naime, Jorge Romero López, Bernardino Vielma Heras, Celso Valenzo Miranda, Juan Sánchez Andraca y encabezó dicho comité, Jesús Araujo Hernández.
Ante el público que escuchaba atento el autor dijo: “no se ama lo que no se conoce”. De ahí la importancia de conocer la historia de la Universidad de Guerrero cuya consolidación se ha logrado a través de una heroica lucha popular “que se empapó de sangre”. En ese orden, en la contraportada del libro externa un deseo: “que los que estudian en esta universidad conozcan esta historia para que con su conducta y profesionalismo prestigien la UAGro que con acierto han denominado Universidad Pueblo”
Un servidor agregaría al personal académico y los trabajadores en general. Muchos ingresaron en los últimos 25 años y no vivieron siquiera los conflictos de cuando el gobierno hablaba de aplicarle eutanasia vía el subsidio. Por tanto, aman el ingreso quincenal pero no tanto la institución en la que trabajan, justo porque ignoran su historia.
Al final, ameno el invitado, rememoró su infancia. Cuando la discriminación era cruda por la forma de hablar, vestir y hasta por el lugar donde se vivía. Las personas que tenían su domicilio en el centro, se creían diferentes a los orilleros; éstos eran los que vivían en las orillas, en las últimas casas de las poblaciones. También sorprendió al señalar el escaso número de librerías en Guerrero. En lugares como Ometepec, Zihuatanejo apenas hay una y ninguna en Tlapa. Consideró una pena, habiendo en nuestro estado gran cantidad de escritores.
El libro, más leído de Juan Sánchez Andraca, Un mexicano más, no pudo faltar en los comentarios. Será tema de otra colaboración.
Iguala, Gro., 1 de junio de 2026
