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Ciudad de México, Abril 15.- La conexión con los hijos no solo es importante, también es limitada en el tiempo. De acuerdo con especialistas en crianza, hasta el 75% del tiempo de calidad que madres y padres comparten con sus hijos ocurre en las primeras etapas de vida, lo que vuelve fundamental aprovechar esos años.

Pero lejos de generar presión, este dato abre una oportunidad: entender que la conexión no depende de grandes planes, sino de pequeños momentos cotidianos que se construyen todos los días, así lo plantea Olivia Rodríguez, coaching familiar y especialista en neurociencia infantil y adolescente, quien en entrevista con Excélsior, nos da una serie de consejos prácticos y reflexiones para mamás, papás y personas que estén en contacto con niños y niñas o adolescentes.


Conexión con los hijos: no se trata de cantidad, sino de micro momentos
Uno de los principales aprendizajes sobre la conexión con los hijos es que no se construye solo con tiempo libre o actividades especiales, sino con lo que sucede en lo cotidiano.


“¿Cómo logramos conexión? eligiendo microintercambios diarios”, explica la especialista. Es decir, pequeños momentos en los que los padres deciden estar presentes de forma consciente, aunque sean solo unos minutos.


El error más común: esperar el “momento perfecto”


En muchas familias, la conexión con los hijos se asocia con planes grandes o especiales, como salidas o actividades organizadas. Sin embargo, esto puede hacer que se descuiden los momentos más importantes.


“Muchas veces creemos que tenemos que tener como un plan perfecto… pero pasamos por alto esos momentos cotidianos que al final son los que más nos suman”, señala.


La especialista explica que hasta el 80% del vínculo afectivo se construye en el día a día, en situaciones tan simples como el trayecto a la escuela o la hora de la cena.


Estar presentes no es lo mismo que conectar


Otro punto clave en la conexión con los hijos es entender que estar físicamente no siempre significa estar emocionalmente disponibles.


“De pronto estamos físicamente, pero mi mente está en no acabé el correo… incluso contestando ahí mismo en la mesa”, advierte.


Por eso, recomienda elegir momentos específicos para desconectarse de pendientes y conectar realmente, aunque sean 15 o 20 minutos al día.

Cuando crecen, la conexión cambia (pero no desaparece)


A medida que los hijos crecen, muchos padres sienten que la conexión se debilita. Sin embargo, la realidad es distinta: solo se transforma.