Vocación educativa

Por: José I. Delgado Bahena

A ver, le voy a compartir un tema que, sin duda, debería ser discrecional, por ser de índole familiar, y más tan cercano, al tratarse de mi hija: Nancy Yanet Delgado Contreras; pero lo hago con la mejor intención de reflexionar, y hacer reflexionar, sobre las decisiones que con frecuencia tomamos y no es lo mejor para nuestras vidas.


Mire: por circunstancias de mi trabajo, en el entonces Distrito Federal, mi mujer y yo tomamos la decisión de que ella y mi hija se quedaran en nuestra casa, en El Tomatal, y yo venía cada fin de semana y, por supuesto, a pasar los periodos vacacionales que nos daban en diciembre y en Semana Santa; además del receso del fin de curso, que antes teníamos de dos meses.

Esto propició que, como pasa en muchos hogares, la conducción y orientación de mi hija quedara, sobre todo, en manos de mi mujer, aunque, desde luego yo estaba al pendiente de todo por teléfono.


Entonces, las escuelas en las que estudió mi hija fueron elegidas por mi mujer; teniendo buenas elecciones, lo reconozco.


El asunto es que, al llegar al momento de decidir sobre qué profesión estudiar, tal vez por inercia, o por sugerencia de mi mujer, hizo el intento de ingresar al CREN; pero, como no pasó el examen, se inscribió en una escuela particular para educadoras y educadores. Yo lo aprobé, por supuesto, inclusive me dio gusto que pudiéramos compartir temas educativos entre mi hija y yo.


El problema fue que, cuando estaba por concluir el primer año de estudio, aproximadamente por el mes de mayo, mi hija me llamó por teléfono para decirme que se había dado cuenta de que no le convencía esa profesión, y que, durante las prácticas, advirtió que no aguantaba a los niños y que prefería dejar esa carrera. La verdad, de corazón lo digo: la apoyé, y lo hice porque reconocí en ella el valor de tomar esa decisión antes de, por compromiso u obligación, continuar estudiando y terminara siendo una maestra frustrada que maltratara a los pequeños que estuvieran en sus manos. De manera que le pedí que le dijera a su mamá que la fuera a dar de baja en la escuela, para no seguir pagando la colegiatura sin necesidad, y que en vacaciones veríamos qué iba a estudiar.

Entonces, cuando estábamos en el receso escolar, que antes también le llamábamos vacaciones, platiqué con ella y le pregunté qué quería estudiar, y le recordé que, en la actualidad, la mujer tiene todas las oportunidades, igual que el hombre, de decidir sobre su destino; que ya no se debía esperar que solo fuera ama de casa y que el marido la mantuviera, etc, etc. Entonces me preguntó qué le recomendaba estudiar. Sinceramente, yo la habría apoyado en lo que quisiera, porque es mi única hija y, gracias a Dios, con algo de sacrificio, podría haberle pagado la escuela que eligiera; pero como me pidió recomendación, y viendo que, desde que era una adolescente le gustaba peinar con buen gusto y talento a sus primas y tías, cuando teníamos alguna fiesta, supuse que por ahí iba su vocación y le recomendé que estudiara estilismo, con la promesa de mi parte de que le pondría un salón de belleza.

Aceptó mi sugerencia y juntos buscamos una escuela en la que pudiera prepararse y después sacarle provecho, como ocurre con los salones de belleza y estilistas que hay en Iguala, que cobran muy bien sus trabajos. Total, que entró a estudiar; pero, cuando llevaba apenas un semestre en la carrera, decidió que haría su vida al lado de un muchacho que eligió como marido, con el cual vivió por el tiempo de dieciocho años (pero esa es otra historia).


Bueno, para no hacerla más larga, les comento que, ya en pareja, tomó la decisión de estudiar en la UPN los cursos a distancia y asistiendo los sábados. La verdad, me enteré, con sorpresa, cuando ya estaba avanzado su estudio. Además, una amiga suya la invitó a colaborar como asistente de una educadora en una institución particular, donde tiene que batallar con niños muy pequeños.

Conclusión: Terminó ejerciendo el oficio que rechazó y, afortunadamente, superó su aversión a los niños, tal vez por tener una hermosa hija que también estudia para educadora. Ahora hasta da cursos vacacionales y la escucho que conduce las actividades con los niños con emoción. La respeto, la admiro y la amo, por supuesto.