Después del futbol
Por: José I. Delgado Bahena
Ahora que ha concluido la participación de la selección mexicana en el mundial de futbol, tenemos que regresar con esa efervescencia a nuestra cotidianidad. Por eso debemos reconocer que el arte y la cultura, además del deporte, claro, deben formar parte de nuestra vida rutinaria para orientar la construcción del ser humano, desde su infancia, orientada en un desarrollo armónico con la sociedad y con él mismo.
Entonces, tenemos que reflexionar sobre la necesidad de que el gusto por el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, se inculque desde el hogar, así como se despertó la afición por el futbol. Por eso, tendríamos que preguntarnos: ¿los padres estarán interesados en alguna de las bellas artes, como para contagiar a sus hijos de ese interés? La pregunta queda en el aire y que cada quien responda de acuerdo con sus expectativas.
Sin embargo, aprovechando el viaje, tenemos que hacer algunas consideraciones.
¿Por qué tendría que ser necesario que las familias se involucraran, no solo en el hecho educativo de sus hijos, sino también en despertarles el gusto por la cultura y el arte? La respuesta no es tan simple; pero, si me permite le compartiré algunas expresiones que manifiesten la justificación a solventar tal necesidad.
El arte y la cultura forman parte de nuestras vidas en cualquiera de sus expresiones. Su sola presencia nos invita a recorrer otros mundos, leer otras mentes, ponernos en situaciones determinadas y muchas otras cosas más, indescriptibles a veces. En este camino encontraremos siempre la oportunidad de sentir, de vivir, de disfrutar la vida y su entorno; por lo tanto, el arte y la cultura nos vuelven seres más sensibles y más “pensantes”.
Mientras estemos en contacto con el arte, habremos de sentir que nuestra existencia es alegre, o triste, porque impacta directamente en nuestras emociones y nos interioriza, para encontrarnos desde nuestra esencia más importante: la humana.
Entonces, pensar en que los padres, al mismo tiempo en que influyen en sus hijos para que estos se acerquen a las actividades artísticas y se involucren en la trascendencia cultural de su comunidad, nos lleva a esperar que el núcleo de toda sociedad esté vivo y muestre pelea ante el atosigamiento de la tecnología que poco a poco nos hunde en el pantano de la insensibilidad y el egoísmo.
Conozco muchos casos de familias de artistas en Iguala: pintores, músicos, escritores, cantantes, danzantes… que conservan el gusto por el arte gracias a la influencia que ejercieron sus antecesores.
Algunas de esas familias que puedo mencionar: del maestro Óscar Viveros, de Gonzalo Barrios, de Lupita Ayala, Daniel Miranda, de Catalina Pastrana, Mayra Millán, Juan Salomé Rosendo, Orquídea Figueroa, Reyes Baltazar, entre muchos otros que han permitido que la semilla del arte germine en sus corazones, desde sus raíces familiares, y la cultivan con responsabilidad y respeto.
¿Se oye bonito para ser cierto? ¿Cree que sería muy difícil lograrlo? Yo creo que no. Es verdad que hay muchos hogares con condiciones económicas muy precarias; pero, precisamente pensando en ellos, se podrían hacer visitas por parte de trabajadores sociales para constatarlo y asegurarles, por parte de los gobiernos (municipales, estatales o federales) el acceso a estas oportunidades del desarrollo humano.
Claro que no faltarán quienes piensen, tal vez de manera acertada, en que mejor les ayuden con un empleo bien pagado, que bajen los costos del agua, de la luz y el gas, etc. Pero, pues, esos son temas que deberán registrarse en otros renglones. Aquí solo intento dejar este comentario pensando en los beneficios que el arte y la cultura aportan a la sociedad para tratar de tener una convivencia más armónica y con mejores expectativas hacia un futuro deseable, como nos ha dejado el futbol con la emoción de los resultados que se obtuvieron en estos días.
