La lucha magisterial
Por: José I. Delgado Bahena
Sí: fui maestro. Por eso, la lucha magisterial es, también, mi lucha. Pero no solo por eso, sino porque a lo largo del ejercicio de esta profesión a la que llegué (porque de las opciones que tuve para elegir fue la única viable por las condiciones económicas de mis padres), tuve conciencia de la situación social, tanto del país como de mi gremio.
Entonces, cuando, afortunadamente, llegué a laborar en un estado netamente combativo, como lo ha sido siempre: el Estado de México, me di cuenta de que el gobierno, de las siglas que sean, se manejaba con la prioridad de beneficiar a amigos, compadres e institucionales que respaldaban ciegamente las decisiones sin tomar en cuenta las necesidades de los trabajadores.
Efectivamente: la base era ignorada, menospreciada, si no estabas del lado del sindicato y apoyabas sus corruptelas. ¿Quién no recuerda las alianzas que Elba Esther Gordillo hacía con el gobierno para aceptar los salarios tan bajos que por muchos años tuvimos? Los líderes, pues, se beneficiaban de sus puestos para afianzarse en sus aspiraciones políticas, laborales y hasta económicas.
Sí: fui maestro disidente. A mucha honra. Fui maestro de base, de los que hacíamos plantones, marchas y huelgas con el riesgo de los descuentos y las actas de abandono de empleo. Fui un maestro que, además de trabajar en doble turno, tuve que buscar otro ingreso como fotógrafo de eventos sociales, porque no alcanzaba el dinero que ganaba, ya que mi familia estaba aquí, en Guerrero, y yo en el Estado de México y en el entonces Distrito Federal.
Ciertamente, tuve la oportunidad de jubilarme con la Ley del ISSSTE que teníamos en esa última etapa, creo que fue el Décimo Transitorio; y por eso, además de que me había promovido a la categoría E, de Carrera Magisterial, puedo decir que mi pensión es decorosa y puedo sobrellevar el ritmo de gastos que como pensionado tengo.
Pero, de acuerdo con la temporalidad del país, las condiciones económicas han cambiado y sé, porque tengo hermanos maestros en activo, que el sueldo es muy bajo para poder sostener una familia, además de que al pensar en la jubilación se percibe una situación deplorable para el trabajador.
“El maestro, luchando, también está enseñando”, era nuestra mejor consigna en los años ochentas y noventas, cuando me tocó participar en las luchas magisteriales y, efectivamente, tuvimos siempre el apoyo de los padres de familia quienes se organizaban para llevarnos, al menos, café y pan a los plantones.
La verdad, recuerdo con mucha emoción las imágenes de la participación de los compañeros en las huelgas nacionales, cuando se concentraban en la capital del país después de viajar muchas horas en autobuses rentados para marchar por Reforma e Insurgentes y llegar a los Pinos para exigir solución a nuestras demandas.
No hacíamos destrozos, como ahora y sí tuvimos algunos desalojos donde los granaderos nos hacían correr para protegernos de sus macanazos. Nos acompañaba el cantante José de Molina con sus temas de protesta y de lucha obrera y campesina. “Si hay pobres para tirar, y ellos son un puñadito, es como si frente al mar apareciera un charquito”, recuerdo algunos de sus versos que cantábamos con él. Creo que ya murió, si es así, en paz descanse, lo recuerdo arriba de un camión en la marcha; nos dio mucha fortaleza y con sus letras nos convencía de que debíamos seguir en la lucha.
Pero, bueno, ahora hay que reconocer que la lucha está más que justificada, sobre todo porque fue una promesa de campaña que hizo la presidenta. Seguramente se da cuenta de que no es tan fácil cumplirla, pero creo que debería implementar una estrategia para asegurar mejores condiciones salariales para el maestro, en activo y para su jubilación.
Por lo pronto, pues, a sufrir con los bloqueos y las demás acciones que los compañeros en lucha llevan a cabo para hacerse oír, necesariamente, porque sin duda que los trámites, los oficios, el papeleo, ya lo hicieron, y al no tener respuesta se tomas estas medidas.
