-Guerrero, ¿será la tumba de Morena?
Por: Rafael Domínguez Rueda
Sorpresivamente la semana pasada recibí una llamada telefónica de Acapulco. Era un mesero del bar Las Gaviotas donde yo iba a comer langosta recién salida del mar. Me dijo: “Leímos con interés su columna de antier. Se olvidó de mencionarnos a nosotros, pero queremos pedirle que continúe haciendo ver la situación desastrosa que estamos viviendo. No podemos trabajar, porque, por un lado perdimos mucho de nuestro patrimonio familiar y, por otro lado no hay trabajo, pues las playas, los negocios, las calles y nuestras casas están llenas de escombros”.
Como no voy a recordar a los lancheros que diariamente rompiendo las olas del mar van aspirando la brisa en busca del sustento; buzos que desafiando la fuerza del mar lo penetran con tal de pinchar una rica langosta; meseros haciendo equilibrio con la charola del servicio; cocineros, como Gigio, cuyos platillos eran un verdadero manjar; en fin, vendedores, guías, taxistas…los tengo presentes y también me pregunto ¿Qué habrá sido de todos ellos?
¡Qué tristeza! ¡Qué situación tan lamentable! El huracán Otis no sólo destruyó a Acapulco que fue el lugar que recibió el mayor impacto, sino también 47 municipios del estado de Guerrero. Esto vino a cimbrar a México de una manera excepcional. Los mexicanos, tal parece que no aprendemos de los acontecimientos de la vida, que tropezamos siempre con la misma piedra. En los últimos 25 años, tres huracanes han azotado a Acapulco y todos los mexicanos estamos saliendo de una pandemia y no entendemos que debemos cambiar nuestros hábitos, porque el mundo y la realidad cambian completamente en un instante y alteran el curso de la historia.
El rosario de falsedades, mentiras, declaraciones desafortunadas, respuestas vagas y omisiones imperdonables, y ahora la insensibilidad ante el desastre de Acapulco han dejado al descubierto la verdadera personalidad del presidente, un hombre falso, soberbio, autoritario, inculto, negligente e impasible. Un personaje que vive pensando sólo en la sucesión presidencial, incapaz de escuchar y menos sensibilizarse ante la peor tragedia que ha vivido México en décadas. Antier, andaba en campaña en Sonora, como si Acapulco no importara. Tal parece que,
Primero, para el gobierno, Acapulco desapareció desde el 24 de octubre, pues el presidente unas horas antes decidió no informar a los acapulqueños el peligro que corrían. Un acto criminal. Y luego, diez días después, declaró oficialmente el “fin de la emergencia en Acapulco”, como si no hubiera ya escombros y pudiera uno caminar por la playa. Luego, ordenó que del presupuesto 2024 no se destinara un sólo peso para Acapulco, pues lo que le importa es comprar votos en las elecciones de 2024 y para eso no distraer ni un solo peso.
Segundo, el presidente fue a Acapulco al otro día de la tragedia, pero resultó damnificado. Lo peor hizo el ridículo, las imágenes de él en un vehículo atascado, riendo, se convirtieron en señal de su propio fracaso, de su incapacidad para avanzar, para gobernar y para enfrentar desafíos.
Tercero, la insensibilidad de AMLO al declarar: “tuvimos suerte”, pues según sus datos falsos, murieron pocas personas. ¿Por qué no dan a conocer la lista con los nombres de los fallecidos?
Cuarto, la ausencia general de los tres niveles de gobierno. La alcaldesa no tiene capacidad de explicar lo que pasó y mucho menos responder a esta crisis humanitaria. La gobernadora sólo se ha dedicado a elogiar al presidente, en vez de atender la destrucción. Y el presidente ha ido tres veces a Acapulco: cuando resultó damnificado; cuando sobrevoló el Puerto para ver los destrozos y a una reunión a la Base Naval. Así de indolentes son los mandos de Morena.
Acapulco –lo dije hace ocho días-, no necesita de una simple y apresurada reconstrucción a partir de paredes de tablaroca, techos de lámina y ventanas de cristal, sino de una reconstrucción integral, es decir, económica, medioambiental, urbanística, cultural y apegada a las leyes. Lo que no se ve en el horizonte, pues les urge que vaya el turismo, aunque las playas estén con basura
El gobierno más bien está presionando a los grandes desarrolladores para que reconstruyan rápido, a como dé lugar, para que Acapulco surja como el antro de playa de fin de semana de los chilangos y no como la Perla del Pacífico, al que concurrían grandes luminarias.
El rescate de Acapulco y de 47 municipios del Estado de Guerrero no se debe ver como un tema de economía, sino como un asunto de justicia social; el escatimar recursos para mejorar la situación tan desesperada de los acapulqueños es una cuestión moral; además muy necesaria porque la crispación social es muy alta y puede tener consecuencias inimaginables.
La recuperación del Puerto no se debe ver desde un ámbito puramente económico, se debe ver como un deber de solidaridad, de justicia que tenemos todos los mexicanos con los acapulqueños. Y por lo mismo hay que hacerles ver a los acapulqueños que esta tragedia es una oportunidad para realmente llevar a cabo un cambio verdadero. Acapulco ya iba a pique como consecuencia de los grupos de delincuencia organizada que controlaban el boom inmobiliario, así como los malos gobiernos que ha tenido el Puerto.
Se dice que Guerrero es un estado fallido ¿Será? Las autoridades deben demostrar lo contrario. Por lo pronto, Acapulco y Guerrero están de duelo. Juntémonos ciudadanos y sociedad civil para rescatar a nuestros paisanos, eliminemos todo aquello que nos divide y lo que no ha funcionado, con tal de ayudarlos en lo que más podamos, en lo que esté a nuestro alcance.
Guerrero, ¿Será la tumba de Morena? Porque, Monreal, Ebrard y nuestros diputados, ya perdieron la dignidad.
