Dejar huella

Por: José I. Delgado Bahena

Este jueves, 7 de julio, se cumplió el primer aniversario luctuoso de la maestra Constantina Parra Rogel, quien, durante toda su vida, tanto profesional como luchadora social, caminó extendiendo la mano y abriendo su corazón ante quien lo necesitara. Por eso, con todo respeto, emoción y orgullo, he decidido compartir en esta columna mi reconocimiento hacia la persona que fue una gran amiga y compañera de proyectos sociales que se orientaron, siempre, en la búsqueda de la paz, la justicia y la armonía.

Originaria de la comunidad de Ixcateopan de Cuauhtémoc, Guerrero; maestra de profesión y escritora por vocación, echó raíces en la ciudad de Iguala, donde radicó junto a su esposo, el maestro Jorge Mazón Rebolledo con quien formó una hermosa familia fincada en los valores humanos y la superación profesional; la generosidad y la solidaridad son etiquetas que distinguen a la familia Mazón Parra, lo que les ha permitido ganarse el afecto y el respeto de quienes les conocemos y tenemos la fortuna de tener su amistad.

A la maestra Consta, como afectivamente le decíamos, la conocí al conformarse el Comité Ciudadano para la Cultura y las Artes, para el que también fui invitado a formar parte. Desde entonces me di cuenta de que la maestra poseía un gran corazón que entregó por completo en la defensa del edificio de la escuela primaria “Estado de Guerrero”, que en muchas ocasiones ha estado en riesgo de ser demolido, en vez de ser reconstruido, por las autoridades que no han reconocido el valor histórico que representa esta construcción.

Pero, además, gracias a los conocimientos que adquirió al cursar la especialidad de Lengua y Literatura Españolas, en la UAGro., escribió y publicó varios libros, entre los que más recuerdo: “Con olor a pan de muerto”, experiencias en lo increíble pero cierto; historias de aparecidos, muertos y fantasmas que fueron recopiladas de la tradición oral por la escritora, y la “Iconografía de la escuela Estado de Guerrero”, donde narra los 100 años que tenía ya de historia esa institución educativa.

Como dije: compartíamos proyectos, metas y sueños; fue así como integramos, junto con su hija, la doctora Martha Mazón Parra y otros amigos, el grupo cultural perteneciente a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, correspondiente en Iguala, que busca la recuperación y difusión de hechos relevantes de la cultura igualteca.
La verdad, muchas cuartillas se podrían escribir sobre esta gran mujer que inspiró, y lo sigue haciendo gracias a las huellas imborrables de sus pasos por la vida, para seguir luchando, con brazo fuerte y el puño cerrado, en contra de la injusticia y de la ignorancia.

Por último, permítame compartirles unos versos de la autoría del Dr. Abisaid Jonathan Salinas Memije, quien, con mucho cariño los compartió durante la levantada de cruz del novenario de rezos de la maestra Consta:

“Tina, de corazón Tina. Embajadora de la imaginación, forjadora de ilusiones, amante de las letras, tejedora de un nido./

Tu esencia inunda la casa, tu recuerdo inflama nuestra vida de gratitud, tu partida duele en el alma, pero nos consuela que acudes en paz al llamado de la Eternidad./

Gracias, porque a tu lado recorrimos este camino, porque enseñaste a dar pasos firmes y a disfrutar del paisaje, porque tu hábito fue trascender; donarte en todo momento a quien acudía confiado a ti./

Tu voz resonará en cada palabra que nos dejas en tus escritos, tu calor seguirá dándonos seguridad cuando acudamos a tu hogar, tu mirada será consuelo cuando la tribulación nos alcance./

En tus labios nuestros nombres sonaban mejor; en tus manos el alivio era inmediato, en tu fe gozamos de protección sin igual./

Gracias por tanto, Tina, porque aunque hoy nuestros ojos cristalinos hablan de tu ausencia, tú nunca supiste lo que es ser efímera: tu legado nos acompañará todos los días de nuestra vida./

Que el Señor te reciba como a los justos, a los que están a su derecha, a los que dieron en vida frutos abundantes y duraderos.

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