Por: Ernesto Cordero

Mañana 2 de julio se cumplen 20 años de que Felipe Calderón le ganó la presidencia a López Obrador. Fue un triunfo limpio y democrático, aunque apretado. Calderón le ganó a López Obrador por apenas 0.58% de los votos emitidos. Como es la costumbre de los autócratas, López Obrador se dijo robado. A la fecha, López Obrador y sus secuaces siguen mintiendo sin pudor ni decoro.


La elección de 2006 fue quizá una de las más observadas en la historia del país. El IFE ciudadano de aquella época organizo la elección y contó los votos. No hay duda del triunfo de Calderón. El PAN de aquella época fue capaz de cuidar casi la totalidad de las casillas y de obtener las actas de todas las casillas del país. Cuando Calderón apareció la mañana del lunes 3 de julio en los noticieros, su equipo ya había contado todas las actas del país y estaba seguro de su triunfo. En cambio, López Obrador actuó como un vulgar mentiroso: aun cuando su equipo de campaña le había informado que sus propios números favorecían a Calderón decidió inventar un fraude electoral. Lo apretado del resultado obligó a que el miércoles 5 de julio siguiente, en el conteo distrital, se tuvieran que volver a contar casi la totalidad de los votos confirmándose la victoria de Calderón.

López Obrador inventó todo tipo de patrañas para arropar su mentira: desde sofisticados algoritmos, hasta tradicionales “carruseles”. La única ilegalidad que ocurrió en esa elección, la cometió López Obrador al recibir dinero de la delincuencia organizada como ha estado saliendo a la luz.


La presidencia de Felipe Calderón fue un gobierno democrático y republicano. Se promovió la libertad, se avanzó en la transparencia y la rendición de cuentas y, muy importante, se defendió al Estado de derecho y se respetaron los contrapesos constitucionales: El Congreso y el Poder Judicial.


Fue un gobierno que a pesar de enfrentar la pandemia del AH1N1 y la crisis financiera global de 2008-2009, entregó buenas cuentas. Calderón le entrega a Peña un país creciendo más de un punto porcentual por encima de Estados Unidos, con la mayor inversión en infraestructura en la historia del país, con los indicadores en salud, educación, y dotación de servicios públicos mejorando.

En el mandato de Calderón, México se consolidó como un líder global. Se nos respetaba y escuchaba. Fuimos artífices del exitoso Fondo Verde de Naciones Unidas contra el Cambio Climático y albergamos a la reunión global más relevante que considera a las 20 economías más grandes del mundo: el G20.


En el tema de seguridad, se enfrentó como nunca a la delincuencia organizada. Tema controversial, pero si se analizan sin apasionamientos los datos, se verá que la estrategia funcionó. Los últimos 18 meses del gobierno de Calderón muestran (según datos del INEGI) una contundente disminución en homicidios, tendencia que continúa hasta muy entrada la administración de Peña Nieto.


Al final de su administración, Calderón confirmó lo que ha sido toda su vida: un demócrata. Respetó una elección democrática aun cuando el resultado no favoreció a su partido.
En aquel ya lejano 2006 se decía que López Obrador era un peligro para México…el tiempo lo confirmó.