Ser maestro/a

Por: Alejandra Salgado Romero

“No cabe duda que México fue transformado por la educación, pero México, también transformó a la educación… los maestros de México ya no son los misioneros de los años veinte, son los promotores del Siglo XXI”

Carlos Fuentes

El 15 de mayo está marcado como una fecha significativa en nuestro país, pues se celebra el “Día del maestro/a”. Se ha determinado que el ejercicio de cualquier profesión exige no sólo responsabilidad, sino un amplio sentido moral… esta condición se hace más evidente en la docencia, porque se nos está confiando una labor que tiene como finalidad la formación de seres humanos, así que se hace indispensable un dominio de contenidos, una formación pedagógica, una demostrada vocación, y una personalidad moral en la que se demuestre conocer, entender y saber aplicar en la práctica conceptos como equidad, justicia, solidaridad, empatía y compromiso social. La meta es integrar los conocimientos, habilidades y valores necesarios para que las y los estudiantes se formen como ciudadanos y ciudadanas valiosos y comprometidos con lograr forjar una sociedad progresista, lo que hace necesario contar con la participación y un gran esfuerzo de padres, madres, docentes, autoridades y de todos y todas en general, e implica reconocer, -con honestidad, pero también, asumiendo el compromiso que ello representa-, que ser docente de ningún modo se puede limitar a desempeñar algunas contadas actividades como pasar lista, exponer temas en clase y asignar una evaluación.

Hasta la primera mitad del Siglo XX, las y los docentes gozaban de un considerable status social como parte de la “clase pensante”, pues se aceptaba que aun cuando no eran sabios al estilo de un científico, la maestra y el maestro sabían ser reconocidos como la voz de la autoridad en cuestiones tan vitales como el desarrollo madurativo, mental y afectivo de niñas, niños y jóvenes, y su autoridad social en diversos asuntos se percibía como decisivo; en cambio hoy, a pesar de que la escuela se ha convertido en casi la única alternativa de formación racional, ordenada y moral, se insiste en considerar a los y las docentes, como educadores/as intelectuales de tercera clase, y hemos perdido mucha de esa autoridad moral debido a muy variados factores, de los que mucho se ha hablado y escrito. Debemos considerar, entonces, que las y los docentes en nuestro país ejercemos la labor teniendo como contexto el avance en las diversas áreas del conocimiento, la innovación en los modelos pedagógicos, la creciente problemática sociocultural y la cada vez más evidente diversidad en múltiples aspectos, lo que representan factores que están obligando a un ejercicio de la docencia a través de más de un papel o función, ya que dentro de la práctica docente podemos descubrirnos desde como facilitadores del aprendizaje, administradores/as estratégicos/as, tutores/as, orientadores/as educativos/as, diseñadores de materiales didácticos, elaboradores/as de instrumentos de evaluación, diseñadores/as, interpretadores/as y aplicadores/as de reglamentos, asesores/as de padres y/o madres, mentores/as o guías de nuevos/as colegas, entre muchos otros.

Todo lo anterior, sin duda, hace necesario también valorar la trascendencia de brindar al o la docente una formación inicial de calidad, y una posterior capacitación constante y que responda a demandas reales, para con ello generar una plataforma que le permita adquirir las competencias necesarias para lograr desempeñarse como un o una profesional de la educación. En este Día del Maestro/a, se hace imperativo que las y los docentes reflexionemos y aceptemos que debemos no sólo conocer la percepción de la sociedad en el pasado con referencia a nuestra labor, sino valorar lo que ahora se habla sobre ella, y dimensionar lo mucho que nuestra trayectoria impactará en el futuro… no se trata de lograr obtener beneficios momentáneos, sino escribir, mediante nuestra diaria actuación, la versión de lo que sobre nosotros y nosotras se tendrá como registro histórico en el futuro.

Deseo que este 15 de mayo, quienes tenemos la gran oportunidad de formar las nuevas generaciones logremos integrar como parte de nuestras características, entre otros muchas, las siguientes: a) Entusiasmo (creer en lo que hacemos, vivirlo, de manera que transmitamos el entusiasmo y la pasión de aprender a las y los estudiantes); b) Optimismo pedagógico (ante las posibilidades de mejora de las y los estudiantes); c) Liderazgo (que nazca de nuestra actuación, abriendo horizontes al estudiantado y representando la voluntad del grupo, con dedicación y trato, ejemplo y valores…); y, d) Demos afecto a nuestro alumnado (no por lo que hacen, sino por lo que son) lo que proporcionará la imprescindible seguridad, y también brindarles nuestra confianza (creyendo en las posibilidades de todos y todas nuestras alumnas), lo que reforzará el impulso de las y los estudiantes para demostrar su capacidad. Para ello, resulta determinante que, antes de llegar al aula, todo y toda docente recordemos que, según diversos estudios, después de los factores familiares, la capacidad del o la docente es el factor determinante más influyente en el éxito de los y las estudiantes, – aún más allá de su nivel socioeconómico-, y a partir de ello, nos inspiremos para buscar mejorar siempre nuestra labor, sintiéndonos parte medular en la vida de los y las integrantes de tantas y tantas generaciones.

Pero también, más allá del discurso de conmemoración, y por encima de cualquier tipo de ceremonia o festejo, existe la necesidad imperante de que los y las docentes defendamos, busquemos y hasta exijamos en la práctica la revaloración de nuestra labor, dignificando el papel que en nuestra sociedad desempeñamos, y ello requiere como punto de partida que comprendamos la función social de nuestra labor.

Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alexaig1701@live.com.mx.

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