«Cierre del ciclo escolar, aprendiendo de lo aprendido»
Por: Alejandra Salgado Romero
“»La escuela debe ser un lugar donde se aprenda a vivir”
María Montessori
Cada año, cuando se aproxima el cierre del ciclo escolar, miles de escuelas mexicanas comienzan a preparar ceremonias, actos cívicos, festivales y procesos administrativos que marcan la conclusión formal de una etapa educativa. Sin embargo, el verdadero significado de este momento trasciende ampliamente, la entrega de documentos, las fotografías del recuerdo o los eventos de clausura. El cierre del ciclo escolar constituye uno de los espacios pedagógicos más valiosos para reflexionar sobre los aprendizajes alcanzados, identificar áreas de oportunidad y fortalecer las condiciones que permitan ofrecer una educación cada vez más pertinente, inclusiva y humanista.
La dimensión de esta tarea puede apreciarse al observar la magnitud del sistema educativo nacional. Durante el Ciclo Escolar 2024-2025, México atendió aproximadamente a 34.4 millones de estudiantes en todos los niveles educativos, consolidándose como uno de los sistemas escolares más grandes de América Latina. La educación básica continúa siendo el principal componente del Sistema Educativo Nacional, concentrando cerca del 68% de la matrícula total, mientras que la educación media superior representa alrededor del 16% y la educación superior otro 16%. Estas cifras evidencian la enorme responsabilidad social que recae sobre las escuelas, las y los docentes, las familias y las autoridades educativas.
En el caso de Guerrero, la educación representa uno de los pilares fundamentales para el desarrollo social y la reducción de desigualdades. De acuerdo con datos oficiales del Sistema Educativo Estatal, durante el Ciclo Escolar 2024-2025 la entidad registró una matrícula superior a un millón 67 mil estudiantes, atendidos por más de 67 mil docentes en cerca de 14 mil escuelas distribuidas en las ocho regiones del estado. Particularmente destacan más de 4 mil escuelas de preescolar, alrededor de 4 mil 400 primarias, cerca de 2 mil secundarias y más de 800 planteles de educación media superior. Estas cifras muestran la enorme presencia territorial de la escuela como institución social en Guerrero.
Ante esta realidad, resulta pertinente recordar que la Nueva Escuela Mexicana concibe la educación como un proceso integral orientado a la formación de ciudadanos críticos, solidarios, responsables y comprometidos con la transformación de sus comunidades. El cierre del ciclo escolar no debe reducirse a una simple conclusión administrativa, sino convertirse en un auténtico ejercicio de reflexión colectiva.
La evaluación, entendida desde el enfoque formativo promovido por la Nueva Escuela Mexicana, constituye una herramienta para mejorar y no para sancionar. Por ello, las últimas semanas de actividades representan una oportunidad privilegiada para analizar qué aprendizajes lograron consolidarse, cuáles requieren fortalecimiento y qué estrategias pueden implementarse para atender las necesidades específicas del alumnado durante el siguiente ciclo escolar.
El reconocido pedagogo brasileño Paulo Freire sostenía que «enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su producción o construcción». Esta reflexión adquiere especial relevancia en el cierre de cursos, pues invita a reconocer que el éxito educativo no se mide únicamente por contenidos cubiertos o calificaciones obtenidas, sino por la capacidad de la escuela para generar experiencias significativas de aprendizaje y desarrollo humano. De igual manera, el filósofo y pedagogo estadounidense John Dewey afirmaba que «no aprendemos de la experiencia; aprendemos al reflexionar sobre la experiencia». Precisamente, el cierre del ciclo escolar ofrece ese espacio indispensable para reflexionar sobre lo vivido en las aulas, valorar los avances alcanzados y construir mejores rutas para el futuro.
La convivencia escolar, la inclusión, la cultura de paz, la participación comunitaria y la formación en valores constituyen dimensiones esenciales del proceso educativo. Durante el año escolar, niñas, niños y adolescentes no sólo aprenden matemáticas, ciencias o lenguaje; también desarrollan habilidades socioemocionales, fortalecen la empatía, aprenden a resolver conflictos y construyen su identidad como integrantes de una comunidad. Por ello, las escuelas pueden aprovechar este periodo para realizar ejercicios de autoevaluación institucional, consultas con estudiantes y familias, análisis colegiados entre docentes y revisiones de proyectos comunitarios.
Otro aspecto que merece atención especial es el relacionado con las ceremonias de clausura. Diversas autoridades educativas han reiterado la importancia de evitar gastos innecesarios, cooperaciones obligatorias o cuotas extraordinarias asociadas a graduaciones, entrega de certificados o eventos de fin de cursos, particularmente en educación básica y media superior. Este principio responde no solamente a una disposición administrativa, sino a un criterio de justicia social. En un país donde persisten importantes desigualdades económicas, la celebración de los logros escolares no debe convertirse en una carga financiera para las familias. El reconocimiento al esfuerzo de las y los estudiantes puede realizarse mediante actividades sencillas, dignas y significativas, privilegiando el sentido educativo por encima de cualquier expresión de ostentación. El éxito educativo no se mide únicamente por contenidos cubiertos o calificaciones obtenidas, sino por la capacidad de la escuela para generar experiencias significativas de aprendizaje y desarrollo humano.
El reconocimiento al esfuerzo de las y los estudiantes puede realizarse mediante actividades sencillas, dignas y significativas, privilegiando el sentido educativo por encima de cualquier expresión de ostentación a vocación demostrada y por la responsabilidad asumida en la formación de las nuevas generaciones. Los desafíos siguen siendo numerosos, pero también lo son las capacidades, experiencias y fortalezas acumuladas.
Que este cierre de ciclo escolar no sea únicamente el final de una etapa, sino el inicio de una reflexión profunda sobre cómo seguir construyendo una educación más humana, inclusiva, equitativa y transformadora. Que cada evaluación se convierta en una oportunidad de mejora, cada logro en una motivación para continuar avanzando y cada desafío en un compromiso renovado con el aprendizaje y la formación integral de nuestras niñas, niños y jóvenes. La mejor clausura no es la que termina con aplausos y ostentosas ceremonias, sino aquella que abre nuevas posibilidades para aprender mejor, convivir mejor y formar mejores ciudadanas y ciudadanos.
Les deseo una semana excelente y agradezco sus aportaciones y/u opiniones a través del correo alejandra.salgado.esdafzk@gmail.com.
