“Vivir a veces resulta duro y complicado por culpa del miedo”
Mateo Torrez

Por: José Eduardo Cruz Carbajal


Ciudad de México, Julio 2.- El amor…el amor, la aventura más bella que alguien puede vivir, el más noble de los sentimientos, el cual perdura siempre y cuando se trabaje, ya que el amor es como un jardín, permanece de color verde y brillante siempre y cuando se riegue y se le dé mantenimiento. El amor es para siempre, ya que una vez que ha llegado al corazón, llega para quedarse, sin embargo, la tarea de amar en ocasiones se vuelve algo difícil o compleja, ¿por qué algo tan bello pareciera volverse algo que puede ser vivido como un sufrimiento?
La respuesta es sencilla, pero no todos están dispuestos a escucharla. El amor es lo que yo siento por el otro. Se torna complicado debido a que implica renunciar a mi ego, es decir, a lo que yo creo que es el amor, ya que, si comparto mi vida con alguien más, llámese pareja, amigos y aun familia, debo hacer a un lado lo que yo creo que es amor y estar dispuesto a demostrar mi amor por el otro de tal manera que éste lo comprenda y en consecuencia, lo reciba, puedo amar con locura, sin embargo mi amor puede ser lastimoso, debido a que no respeto la individualidad de quien comparte la vida conmigo.
También el amor se vuelve complicado cuando olvido que a quien yo amo no es exclusivo para mí, es una persona independiente, él y yo no somos uno mismo, él tiene una vida propia con amigos, con un empleo, con cosas que le hacen feliz, yo, solo soy su compañero de vida, mi compañía debería animarle a alcanzar todas sus metas, debería abrirle más puertas y no cerrárselas.
Otra cosa que hace que el amor se vuelva tormentoso es no establecer acuerdos con quien amo, ya que lo que sirvió cuando recién nos conocimos, ya no funciona con el pasar de los años. ¿Por qué? Por qué ni él ni yo, somos los mismos, seguramente hemos cambiado, yo no me puedo poner la misma ropa que usaba cuando tenía cinco años, ya no me queda. El amor debe ir actualizándose, con acuerdos flexibles, los cuales hagan de la mutua compañía algo ameno.
Solo cuando acepto a mi compañero de vida, con todo lo que es y con todo lo que nunca va a llegar a ser puedo amarlo en libertad, cuando renuncio a querer cambiarlo, cuando dejo de pelear con aquellas cosas que quizá no me agradan del todo, pero que son parte de cómo es él, cuando paso tiempo a su lado, cuando le pregunto, ¿cómo puedo amarte? Escuchando su respuesta con toda mi atención, es cuando puedo descubrir su secreto, el secreto que me convertirá en su gran amor.


Referencias:
Silvera, A. (2017). Al final mueren los dos. México: Ediciones Urano.


*José Eduardo Cruz Carbajal (Iguala, Guerrero) es psicólogo con estudios en tanatología. Contacto: psiceduardo15@gmail.com

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