Campañas de miel, gobiernos de hiel
Por: Jesús Lépez Ochoa
Decía Marco Aurelio que lo que no conviene a la colmena tampoco conviene a la abeja. Habría que preguntarnos si a México, y a los mexicanos, nos conviene este proceso interno de Morena, en el que nadie fiscaliza el gasto de sus aspirantes a coordinar, dicen, «la transformación y la soberanía» en diecisiete estados de la república.
Y es que Morena ha prometido poner especial cuidado en la selección de quienes representarán a su movimiento en los estados que tendrán elecciones en 2027. Pero de nada sirve si nadie fiscaliza el gasto que los aspirantes están haciendo.
Pintas de bardas, impresiones de lonas, de trípticos y demás parafernalia con la imagen de los aspirantes se ven por todos lados.
Esto ha sido público y ha generado incluso denuncias ante la autoridad electoral por parte de ciudadanos y partidos de la oposición. Pero no pasa nada.
Basta negar que su proceso interno sea para elegir candidatos, sostener que sus precandidatos no son precandidatos, que sus precampañas no son precampañas, para que sus gastos tampoco sean gastos de campaña electoral y ninguna autoridad los vigile y sancione.
Ante tal evidente y constante negación de una realidad que estamos viendo todos con nuestros propios ojos día a día —cuando recorremos las ciudades y comunidades de nuestro estado, cuando vemos las redes sociales y los medios de comunicación—, en lo personal no puedo creerles eso de que son aportaciones de sus seguidores las que financian esa propaganda.
Y es que, en el contexto de un país que enfrenta serios señalamientos de injerencia del crimen organizado en los procesos electorales, esto representa un serio riesgo: lejos de blindar el sistema de partidos y el sistema electoral en el país, se sigue permitiendo, ante los ojos de todos, la posibilidad de que el dinero sucio pueda fluir en las campañas políticas.
Un par de ejemplos: en Sinaloa se habla de que «Los Chapitos» financiaron la campaña del gobernador Rubén Rocha Moya. En Guerrero se habla del exalcalde de Iguala, José Luis Abarca, actualmente preso por la desaparición de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa y el asesinato del líder social Arturo Hernández Cardona.
La Operación Enjambre que realizan las autoridades, encabezadas por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha evidenciado, una y otra vez, a alcaldes y funcionarios que son parte del crimen organizado.
Pero nosotros tenemos que creerles a los precandidatos de Morena que el dinero que están gastando viene de sus seguidores, que los quieren mucho, y no de actores que, desde la legalidad o la ilegalidad, buscan obtener beneficios —ya sean contractuales o de otra índole— si alguno de ellos llegara a gobernar Guerrero o cualquier otra de las entidades federativas donde se lleva a cabo este proceso.
No es que seamos mal pensados, pero es un hecho que a la colmena no le conviene que el dinero sucio siga fluyendo a través de los procesos políticos —sea México, Guerrero o cualquier municipio de nuestro país—, generando compromisos que pueden terminar en controles territoriales arrebatados al estado a través de la negociación con futuras autoridades.
Mucho menos conviene a las abejas —los ciudadanos— porque son las más afectadas cuando se pudre el panal, y la dulce miel de las campañas políticas se amarga con su sangre.
