LLANTATÓN: CASI 400 TONELADAS MENOS-¡FELICIDADES DOBLES!–DON CHIMINO
Por: J. David Flores Botello
LLANTATÓN: CASI 400 TONELADAS MENOS.––Durante los tres Llantatones realizados en Iguala hemos recolectado 395.91 toneladas de llantas usadas. Es fácil leer esta cifra sin comprender su verdadera magnitud. Estamos hablando de 395 mil 910 kilogramos retirados de calles, talleres, patios, barrancas, terrenos baldíos y espacios públicos. Tomando como referencia una llanta de automóvil de aproximadamente nueve kilogramos, lo recolectado equivale a cerca de 44 mil llantas. Si pudiéramos colocarlas acostadas, una sobre otra, formarían una columna de aproximadamente 8 mil 800 metros: casi la altura del monte Everest, la montaña más alta del planeta. Si las acomodáramos una junto a otra, formarían una fila de alrededor de 28.6 kilómetros. Extendidas sobre el suelo ocuparían aproximadamente 18 mil 600 metros cuadrados: más de dos canchas y media de futbol profesional. Su peso sería comparable al de 66 elefantes africanos adultos. Pero una llanta abandonada no solamente afea nuestra ciudad. Su forma le permite acumular y conservar agua de lluvia, convirtiéndose en un criadero ideal para el mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, zika y chikungunya. Por eso, cada llanta retirada significa eliminar un posible criadero y proteger especialmente a nuestros niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas.
Las llantas acumuladas también representan un grave peligro de incendio. Cuando se queman producen humo negro, partículas y sustancias tóxicas que contaminan el aire, el suelo y el agua. Si las 395.91 toneladas recolectadas hubieran terminado quemándose, podrían haber liberado aproximadamente mil toneladas de dióxido de carbono. Es una estimación del riesgo potencial evitado, no una medición completa de la huella de carbono del programa. Este enorme trabajo ha sido posible gracias a la participación de las autoridades municipales; los programas de Vectores, Promoción de la Salud y Epidemiología de la Jurisdicción Sanitaria; el Servicio Nacional de Salud Pública; la Secretaría de la Defensa Nacional; la Asociación de Llanteros; la Embotelladora Biofiel de México; el Club Rotario Valle de Iguala; los usuarios de Vía Libre; la Canaco Servytur Iguala; los secretarios de Salud; las regidurías de Salud y Medio Ambiente; el delegado regional de gobierno de la Zona Norte; los grupos ecologistas y el público en general. Todos ellos han sido aliados solidarios y guardianes comunitarios de la salud y del medio ambiente. Cada persona aportó trabajo, transporte, difusión, recursos o la voluntad de entregar responsablemente sus llantas. Los Llantatones demuestran que la salud pública no se protege solamente dentro de hospitales y consultorios. También se defiende retirando una llanta, eliminando un criadero y evitando la enfermedad antes de que aparezca. Recolectar casi 400 toneladas no fue una jornada de limpieza cualquiera: fue una verdadera vacuna ambiental aplicada a nuestra comunidad. Una llanta abandonada puede convertirse en criadero, contaminación o fuego; una llanta entregada responsablemente se transforma en salud, seguridad y esperanza. El 4.º Llantatón se realizará del 21 al 25 de septiembre, en un horario de 9:00 a 18:00 horas. El centro de acopio estará ubicado en la zona ganadera de las instalaciones de la Feria a la Bandera. Nuestra meta es alcanzar las 500 toneladas de llantas recolectadas. ¡Con su participación y ayuda, juntos lo vamos a lograr!
FELICIDADES DOBLES.– Hoy, hace no muchos años, nacieron dos niñas adorables que llegaron para iluminar nuestra familia. En aquel tiempo, los equipos de ultrasonido no eran tan avanzados como los actuales, que nos permiten observar a los bebés casi de cuerpo entero. Nos habían dicho que esperábamos una niña y un niño, pero… ¡oh, sorpresa! Llegaron dos hermosas niñas: mis gemelas. Iguales, pero diferentes; muy inteligentes y amorosas como hijas, hermanas y, ahora, como mamás de mis tres hermosas nietas. Nacieron exactamente un año después del terremoto de 1985, convirtiendo esa fecha en un motivo doblemente especial para nuestra familia. Hoy quiero enviar una felicitación por partida doble a mis queridas hijas Melissa Lizeth y Mildred Ibeth. Mel y Mil; Mil y Mel: que Dios continúe bendiciéndolas con mucha salud, alegría, amor y éxitos. Me siento profundamente orgulloso de las maravillosas mujeres en las que se han convertido. Las amo con todo mi corazón, hijitas. ¡Disfruten mucho su día y tengan un cumpleaños muy feliz!
DON CHIMINO.- Entre los chiles toriados, la salsa de la suegra (que no sé quién la hizo enojar pero se desquitó conmigo con la enchilada que me di) y los otros chiles, más aparte la grasa de los tacos, se me armó una revolución en mis tripas. Como mi Puchunga ya sabe, llegando a su cantón de los compadres, ella pasó primero al baño. Sabe que yo me tardo más.Yo ya sé muy bien que, cuando me empiezan esos retortijones con aigre que corre por dentro, me comienzan a salir gases. Primero no güelen tanto, pero, poco a poco, no más de 15 minutos, les cambia el olor, ya güelen feíto y siempre me alejo un poco de las gentes pa no incomodarlas. Me jui a la terraza a ver el mar a lo lejos y a que la brisa se llevara los olores. Cuando salió del baño mi Púchun los gases ya nomás los taba conteniendo. Llega un momento que los gases solos ya terminaron de salir y los que siguen, llevan premio. Ya no podía dejar salir uno solo. Apretando duro el cicirisco, a paso quedo pero aprisa, me metí pá dentro del baño sosteniendo el pantalón con ambas dos manos, ya me ´bía desabrochado el cinturón, el botón del pantalón, bajado el cierre para facilitar la bajada al mismo tiempo el pantalón y el chonino. Me los bajé hasta los tobillos pa´poder separar mis dorrillas y facilitar la etspulsión. Y sí, jue una etsplosión, todo junto: gases y todo lo demás. Como ya me conozco, siempre que eso me pasa me tengo que quedar sentado, me doy masajes en mi barriga en el sentido de las manecillas del reloj. Cinco o diez minutos después viene otra etsplosión, ya no tan intensa pero sí necesaria. En eso taba cuando tocó la puerta mi Púchun, me dijo que no me tardara, que si no me apuraba no llegaríamos a tiempo. Tonces, me encueré, me bañé bien bañadito porque aparte mi colita debía quedar muy limpia, me tuve que enjabonar muy bien todo el cuerpo porque traiba hartos aguates que se me pegaron cuando anduve entre el bosque al treparme al monte pa´garrar señal de internei y pedir apoyo pa´ cambiar la llanta ponchada de mi Forcito. Otro toquido de puerta, que me apurara dijo mi Puchunga cada vez más desesperada, que Elisamar no tenía por qué andar buscando pa´dónde se habían metido sus padrinos justo el día de su clausura. Me puse la guayabera blanca, la que tiene su franjonota de un lado, y unos pantalones color caqui. Cuando ya tábamos a punto de salir del cantón de los compadres, Eleuterio ya iba con el ojo puesto en el reloj y mi Puchunga en el asiento de atrás bien desesperada. ––“¡Ándale, Chimino, que ya va a empezar!” Estaba a punto de jalar la puerta del cantón pa cerrarla cuando me dio otro retortijón, pensé que era un gas, lo empecé a dejar salir poco a poco pero, tuve que apretarle de nuevo porque se me iba a chispotiar. “¡Pérenmen tantito por favor!” Les grité casi implorando. Me metí pa´dentro y aprisita llegué al baño de nuez. El cinturón me lo desabroché fácil pero el pantalón, era de botones, jue difícil la desabotonada y casi casi se me chispa el asunto. Me senté en la taza al mismo tiempo que me alevantaba la guayabera pa no ensuciarla. La etsplosión jue juerte, el aroma mucho más jediondo que la anterior… y muy chiloso. Por más que me limpiaba y me limpiaba me seguía lo chiloso en la coliflor y, pos no iba a andar asina. Me chispé los zapatos, los calcetines, me quité el pantalón al revés, primero lo de arriba y al último lo de abajo. Me paré, me quité la guayabera y me metí a la regadera a lavarme la colita. Se me hacía un hoyo en la panza de que por mi culpa llegáramos tarde. Me apuré lo más que pude. Jue una bronca sacar el chonino entremetido en los pantalones que se voltiaron al quitármelos. No tuve tiempo de secarme los pieses, asina húmedos me puse los calcetines y salí casi corriendo rumbo a mi Forcito donde los ojos de pistola de mi Púchun y la desesperación del compadre me hicieron agachar la cabeza como perrito regañado. Llegamos al salón cuando apenas taban dando las últimas indicaciones. Yo bajé del Forcito con las piernas medio temblorosas, no sé si por la corredera, por la salsa de la suegra o porque todavía sentía que las tripas me taban revolotiando por dentro. Y, me van a dispensar pero, ya se acabó el espacio. La prótsima les sigo paticando. Áhi nos, graciotas.
