-Ser cronista
Por: Rafael Domínguez Rueda
Ser cronista no es una función fácil de ejercer, más bien, un papel difícil de desempeñar, sobre todo, porque debe ser una de las personas que más saben de su comunidad. Pero, también resulta difícil, porque las autoridades desconocen la importancia de este título
Desde siempre, el cronista es un evangelista, un promotor cultural, un fedatario que además de que registra la historia, estimula, fomenta y facilita el acceso de la comunidad a la cultura y el arte. Actúa como un puente o mediador entre los artistas, las instituciones públicas o privadas y el público en general. Además, con su trabajo es defensor constante del patrimonio histórico, arquitectónico, arqueológico, artístico, natural y cultural.
Debería ser el custodio de los archivos. Así como crítico y copartícipe del desarrollo de su ciudad; disfruta de su trabajo y así lo trasmite cuando tiene la capacidad de narrar lo que no es común o distinto de lo aparente. Y como historiador cuando dice algo reciente de lo pasado, pero lo expresa perfectamente. Me decía Guillermo Tovar y de Teresa que «el cronista debe ser el que más sabe y el que mejor y más preciso lo escribe».
El cronista nace, porque desde que tiene uso de razón, va acumulando vivencias, sin mayor interés que por el placer de saber, hasta que el destino lo induce escribir para que los demás lo conozcan.
No han faltado quienes han tratado de desprestigiarme; pero, yo siempre he pensado que la grandeza de un hombre no puede ser oscurecida por las sombras del desprestigio.
No acostumbro exhibir a nadie; sin embargo, a veces es preciso aclarar que, algunos de mis textos han sido reproducidos sin el menor escrúpulo. Una revista cultura presentó un texto mío con el nombre de una prestigiada maestra. En Facebook, alguien leyó un artículo mío como si fuera suyo. Comento esto, porque quiero dejar en claro que mis trabajos, mis investigaciones, la mayoría son vivenciales; de mis crónicas he sido testigo y hasta actor, o de allegados que les consta.
Mis presentaciones de historia son originales, fundamentadas y debidamente sustentadas. Tan originales que, ningún historiador, ha demostrado el momento en que nace México como país; en que, el Plan de Iguala es la Ley fundamental de México; de que, José Magdaleno Ocampo confeccionó la Bandera Trigarante, así como el testimonio de quien le consta que, en la proclamación del Plan de Independencia en Iguala, si estuvo dicha Bandera.
Mis temas no son bajados del Internet (historiadores de probeta) tampoco fusilados de los libros (plagio), ni visionarios (que haya tenido que abandonar el estrado con la cola entre las piernas). Si bien, no soy un historiador académico, me enorgullece decir que fui alumno del maestro Luis González y González y egresado de la escuela de periodismo «Carlos Septién García”.
Me satisface decir que ya son más de cincuenta años que con o sin título oficial de cronista he entregado a mis lectores: artículos, crónicas, entrevistas e investigaciones de mi ciudad. Son vivencias, testimonios personales e inéditos, publicados de manera continua en periódicos, semanarios y revistas.
No de ahora, sino desde hace muchos años he tratado de rescatar y preservar el patrimonio histórico de los igualtecos. Uno de los elementos que aportan mayor identidad a lguala son sus históricos monumentos y edificios. El más representativo es el monumento a la Bandera, icono de la ciudad. Le sigue el templo de San Francisco de Asís, el más antiguo; el mausoleo-capilla de San Daniel Uribe, el más suntuoso, pues es de mármol de Carrara, rodeado de un artístico barandal de herrería europea; la que fue estación del ferrocarril, ahora museo del Ferrocarril y del Telégrafo, edificio de cantera rosa, al igual que la Bodega y la estación de El Naranjo; el monumental Puente de la «S»; los edificios de Banamex y escuela Herlinda García, el cañón de «La Mano” y, de entre los naturales, están los manantiales y vegetación que nos aporta Platanillo al noreste de la ciudad.
Es preocupante saber que gran parte de nuestro Patrimonio Histórico tangible está en abandono, y paralelamente se ha destruido nuestra identidad.
De la época prehispánica, solo nos queda una media pirámide. De la época colonial: quedan como 50 metros del corrector original, pero descuidado; una mojonera, medio abandonada; restos del acueducto construido en 1700, aún subsisten en el abandono dos, de las 4 hornacinas que delimitaban el centro de los barrios. Los coloniales Túneles que sirvieron no sólo de pasadizos subterráneos, sino también de fosas mortuorias que van del templo de San Francisco a la casa de la profesora Herlinda García, al primitivo curato y a la huerta de la familia Soto.
De la primera mitad del siglo pasado tenemos aún edificios que merecen ser tomados en cuenta para su conservación porque son parte de nuestro patrimonio histórico cultural, como son: el que fuera sede del Ayuntamiento municipal, ahora Museo de la Bandera. La fachada de la escuela primaria 20 de noviembre.
Tristemente tenemos un «Centro Histórico» de hecho, porque ahí sigue, pero no «de Derecho». Cinco administraciones municipales, en Cabildo, le han dado ese título. Tres de ellas, lo aprobaron en Cabildo, pero hasta ahí, porque desconocen que ese calificativo no es un título más, sino un nombramiento de mayor Trascendencia.
De los otros dos: en uno hubo un Comité encabezado por el Ing. Delabra y la respetable maestra Ninfa Mendoza de Albarrán que con el aval del presidente municipal, lograron gestionar que Turismo federal, el INAH, la Presidencia de la República, el Gobernador del Estado y el Congreso local aprobaran la propuesta. Sin embargo, el presidente municipal interino dijo: “no y no». Y no se llevó a cabo.
Con motivo del Bicentenario, el presidente municipal, el Ing. Zealtiel Benítez y Juan Carlos y un ex-Director del INAH, ya tenían copia del proyecto de Decreto, el que se vino abajo por un grupo de defensores del Centro Histórico.
Nuestro reconocimiento a los dos Comités que habían unido esfuerzos para que se otorgara el reconocimiento de «Centro Histórico» al primer cuadro de Iguala para que fuera reconocido como una «Zona Federal de Monumentos Históricos, Artísticos y Arqueológicos», con ese reconocimiento se iba a poder acceder a recursos federales para la conservación y mejoras de toda el área, así como de sus edificaciones, requisito para posteriormente tramitarlo como «Patrimonio de la Humanidad», con grandes beneficios internacionales.
Hay que disfrutar lo que se hace, pues, como dijo Seneca: «No es feliz quien tiene el saber, sino quien lo hace saber».
