LA TOS EN LOS NIÑOS: ¿ENEMIGA O MECANISMO DE DEFENSA?-DON CHIMINO
Por: J. David Flores Botello
LA TOS EN LOS NIÑOS: ¿ENEMIGA O MECANISMO DE DEFENSA?.- Cuando un niño empieza con moquitos, congestión y tos, la pregunta de los padres casi siempre es: —“doctor, ¿qué le doy para que deje de toser? Es comprensible. Escuchar toser a un hijo, especialmente durante la noche, preocupa y hace que toda la familia pierda el sueño. Sin embargo, antes de intentar callarla, recordemos algo importante: la tos es una bendición de Dios y de la naturaleza. La tos es un mecanismo de defensa. Ayuda a movilizar las flemas, limpiar los bronquios y expulsar secreciones, microbios o cualquier sustancia que esté irritando la vía respiratoria. Es como la escoba que limpia nuestra casa. Por eso, no recomendamos antitusígenos como dextrometorfano, oxolamina, benzonatato, cloperastina, dropropizina o levodropropizina solamente para calmar la tos. Tampoco los llamados “antigripales”, que suelen mezclar antihistamínicos y descongestionantes como clorfenamina, fenilefrina o pseudoefedrina: pueden resecar las secreciones y dar una falsa sensación de mejoría, pero no curan la infección. La loratadina sirve cuando existe alergia; no es tratamiento para el resfriado ni para la tos viral. Tampoco recomendamos de rutina guaifenesina o ambroxol. En un resfriado común seguimos prefiriendo líquidos y solución salina nasal estéril en spray, incluida el agua de mar comercial, para fluidificar las secreciones y despejar la nariz. No eliminan los virus ni hacen que la infección desaparezca más rápido. Además, muchos de estos productos mezclan antitusivos, antihistamínicos, descongestionantes y medicamentos para la fiebre. Al combinarlos con otro jarabe podemos repetir, sin saberlo, la misma sustancia y provocar somnolencia excesiva, agitación, palpitaciones, convulsiones o dificultad para respirar. Pero tampoco se trata de decir: —“que tosa y ya”. Lo importante es saber de dónde viene esa tos. Puede ser parte de un resfriado común, pero también de una bronquiolitis, una crisis de asma, una neumonía, un crup o la aspiración de un objeto. Cada causa necesita un manejo diferente. Callar la tos sin conocer su origen sería como apagar una alarma sin buscar qué la activó. ¿Qué podemos hacer cuando parece un resfriado sin datos de alarma? Nuestra recomendación principal es la solución salina nasal estéril en spray, incluida el agua de mar comercial. Ayuda a fluidificar las secreciones y despejar la nariz. En los bebés debe utilizarse principalmente antes de comer y de dormir. También hay que ofrecer líquidos. Después del año, un poco de miel puede disminuir la tos nocturna, porque suaviza la garganta y reduce la irritación. Pero no cura el resfriado ni sustituye el tratamiento de la causa. Nunca debe darse miel a un menor de doce meses, porque puede producir botulismo infantil, una enfermedad grave que causa debilidad y dificultad para respirar. Se debe buscar valoración si el niño respira rápido, se le hunden las costillas, presenta silbidos, labios morados, fiebre persistente, mucho decaimiento o dificultad para comer o beber. También si la tos comenzó repentinamente mientras comía o jugaba con objetos pequeños.
Recuerde: no toda tos necesita un jarabe; toda tos necesita que observemos al niño y entendamos su causa. La tos no siempre es el problema: muchas veces es el cuerpo defendiéndose.
DON CHIMINO.–– Agún todavía ni tan siquiera ´bíamos llegado al cantón de los compadres Eulalia y Eleuterio y ya pasaba del mediodía. La clausura de ballet de Elisamar era ese mero día a las cinco de la tarde y agún nos faltaba ir a la talachera, llegar a bañarnos, cambiarnos y atravesar el tráfico de Acapulco. Yo, entretenido oyendo la historia de la señora guía de turistas que me paticaba sobre la Diana Cazadora que ta frente a la gasolinera de la glorieta en Acapulquito de mis amores. Me paticó sobre el desafuero carrereado del Senador Díaz Serrano y le siguió:
—“La rapidez del procedimiento y aquella votación unánime hicieron pensar a mucha gente que el desenlace ya estaba decidido. Díaz Serrano no era cualquier funcionario del gobierno anterior: había sido rival de Miguel de la Madrid en la sucesión presidencial y representaba el poder alcanzado durante la bonanza petrolera. Su encarcelamiento permitía al nuevo presidente demostrar que la “renovación moral” iba en serio y, al mismo tiempo, marcar distancia con José López Portillo. Para algunos, Díaz Serrano fue el personaje perfecto para servir de ejemplo: poderoso, petrolero, rico y antiguo aspirante a la Presidencia”. La volví a interrumpir diciendo:
––Tonces sí jue una trampa. —“No podemos afirmarlo de manera tan sencilla, don Chimino. Existió una investigación, hubo documentos, se realizó un juicio y finalmente recibió una sentencia. Lo condenaron a diez años de prisión por fraude. Sin embargo, también hubo dudas sobre la solidez de las pruebas utilizadas para demostrar su responsabilidad personal. El proceso tardó casi cuatro años en llegar a una sentencia y él nunca dejó de decir que era inocente. Recuperó su libertad en julio de mil novecientos ochenta y ocho, cuando el gobierno de Miguel de la Madrid estaba a punto de terminar. Por eso algunas personas lo llamaron “el preso del sexenio”. Pensaban que el verdadero propósito no era únicamente juzgar la compra de dos barcos, sino mantenerlo encarcelado mientras gobernara el hombre con quien había competido por la candidatura presidencial”. —¿Y doña Helvia qué pensaba? ––Le pregunté–– La guía dejó de abanicarse. Volvió a mirar a la Diana y bajó un poco la voz.
—“Ella estaba convencida de que había sido una infamia y una venganza política. Decía que don Jorge jamás había robado y que nunca aceptó declararse culpable. Permaneció a su lado durante los años de prisión y se casaron por lo civil dentro del Reclusorio Sur” —¿Se casó en la cárcel? ––De nuez prehunté. —“Así fue. Mire las vueltas que puede dar la vida: la muchacha cuyo cuerpo se había convertido en símbolo de libertad, juventud y belleza terminó casándose dentro de una prisión con un hombre que había estado cerca de alcanzar la Presidencia de la República. Después de que él recuperó su libertad y las circunstancias personales se lo permitieron, pudieron casarse por la Iglesia. Más tarde viajaron a Acapulco. Fue durante una de aquellas visitas cuando tuve la oportunidad de tratarlos. Doña Helvia hablaba de su marido con mucho orgullo, pero también con una tristeza que se le notaba en los ojos. Decía que le habían quitado el poder, la libertad y su futuro político, pero no habían logrado que confesara un delito que aseguraba no haber cometido. También me contó que don Jorge procuraba no hablar mal de quienes consideraba responsables de su desgracia. Según ella, los había perdonado, pero jamás renunció a defender su inocencia”. La señora guía se quedó callada unos segundos. En medio del ruido de los clátsónes, los camiones y la música de la Costera, parecía que hasta la Diana se había quedado escuchándola y siguió: ––“Una tarde le pregunté a doña Helvia qué sentía al mirar una réplica de su propio cuerpo en Acapulco. Me respondió que la estatua había permanecido desnuda frente a millones de personas, mientras ella había tenido que vivir ocultando su nombre, su amor y buena parte de su historia. Todos conocían el cuerpo de la Diana, pero muy pocos conocían a la mujer” Arriendé a mirar pa’rriba. La Diana seguía con el arco levantado, la espalda derechita y la cabeza en alto, como si en vez de aventar una flecha se preparara pa’atravesar de un solo flechazo todos aquellos años de secretos. —Pos quién lo dijiera —le dije—. Yo creyendo que nomás taba áhi enseñando las nachas y resulta que sabe de petróleo, barcos, presidentes, cárceles, amores y traiciones. —“Las estatuas no hablan, Don Chimino —respondió la señora—, pero cuando uno conoce su historia, pueden contar más cosas que muchas personas. La señora guardó silencio unos segundos, volvió a mirar la estatua y dijo: —“Doña Helvia vivió cien años, Don Chimino. Falleció el 12 de febrero de 2022. Había logrado conservar su secreto durante medio siglo, pero también alcanzó a recibir en vida el reconocimiento que durante tantos años se le negó. Y todavía dejó una última petición: que, cuando muriera, llevaran sus cenizas a despedirse de la Diana Cazadora”. —¿Y sí se las llevaron?––pregunté. —“Sí. Días después, sus familiares y amigos dieron con la urna tres vueltas alrededor de la fuente. Fue como si la mujer regresara por última vez a encontrarse con aquella muchacha de diecinueve años que había quedado para siempre en el bronce”. ¡Híjoles! De lo que uno se entera pero, como ya me colgué de nuez, áhi pa l´otra les sigo paticando, ¡abur!
