Elevar el nivel educativo
Por: José I. Delgado Bahena
La semana pasada les comenté sobre la vocación que de pronto le había surgido a mi hija, la cual observo al desempeñarse en un curso que está dando en estos días de receso escolar. Al hablar del tema, supe que en diversas instituciones, centros de cultura y particulares, han estado ofreciendo estos cursos, como regularización, o como adaptación de los niños a sus tareas escolares.
Pero, bueno, antes de continuar, permítame informarle que fui maestro. Trabajé en el entonces Distrito Federal y en el Estado de México; en dos niveles de la educación básica: primaria y secundaria. Inicié en el Estado de México, en el municipio de Zumpango de Ocampo, luego me cambié a Ecatepec, y ahí me jubilé. Durante treinta y un años fui alternando mi labor en ambos niveles educativos y, la verdad, me retiré con una gran satisfacción porque siempre traté de dar mi máximo esfuerzo, independientemente del salario que teníamos.
¿Por qué le cuento esto? Ah, pues, porque al terminar el reciente curso escolar, hubo tal descoordinación del titular de la SEP que, por el mundial de futbol, querían terminar el ciclo escolar antes, y ya ve el relajo que se armó en las redes sociales. Tal vez por eso, muchos padres buscan el apoyo de estos cursos vacacionales para que sus hijos se nivelen un poco.
Fíjese que antes salíamos el 30 de junio y regresábamos el 2 de septiembre; de manera que teníamos dos meses de vacaciones (receso escolar) que usábamos para estudiar cursos de verano o trabajar en algo para llevar un poco de dinero extra a nuestras casas. Pero, sin lugar a dudas, es el trabajo en el que más se descansa durante el año (claro que sin mencionar el trabajo de los políticos).
Solo recordaremos que se tienen vacaciones en diciembre, Semana Santa y agosto; además de los “puentes”, por las fechas a conmemorar en México, así como los días “económicos” que se pueden disfrutar, si uno los necesita.
¿Que los maestros están mal pagados? Si no me equivoco, un maestro con una plaza gana como siete mil pesos quincenales; efectivamente: es poco, por las grandes necesidades que se tienen en un hogar, con hijos, y sin ellos. Pero si trabajas de ocho a doce y media de la tarde, te queda medio día para desarrollar otra actividad productiva para ganar algo más de dinero. Lo digo porque yo lo hice: trabajé tomando fotos en fiestas, caritas de niños chillones, hacía ampliaciones y retoques de fotos, etc.
Además, de los treinta y un años que trabajé, solo tres no ejercí en doble plaza. Laboré en una escuela particular y, como estudié cursos de verano en la Normal Superior de México, me dieron horas en secundaria. De manera que salía a las siete de la mañana del departamento que rentaba, en la capital del país, y regresaba a las siete de la noche. Es decir: doce horas me las pasaba afuera, trabajando en un lado y en otro, comiendo en la calle y transbordando el metro y en camiones. Todo para tener un poco más de ingresos y ser solvente en los gastos de mi familia. De esta manera sé que andan varios maestros. Ni modo, son las condiciones en las que nos tocó vivir y tenemos que enfrentarlas, no hay de otra.
¿Pero, qué pasa? Algunos compañeros creen que con decir: el gobierno hace como que me paga, yo hago como que trabajo, y le echan la culpa al gobierno, al cura y a la mala suerte, por sus situación, pero no hacen algo por resolverla.
Creo que no es justo que los profes se crucen de brazos y se desmoralicen ellos mismos antes de hacer lo que les toca para recuperar lo más que se pueda el nivel educativo en que se encuentra el país.
Es una responsabilidad que, cuando decidieron estudiar para maestro, aceptaron de antemano: la niñez y la juventud de México están en sus manos. Nada en la vida es fácil; pero si buscan las mejores herramientas, si tienen voluntad y amor al magisterio, los maestros siempre tendrán las posibilidades para entregar buenas cuentas.
