¿Y si sí?

Por: José I. Delgado Bahena

Decía el “Chicharito”, jugador del Guadalajara y uno de los ídolos del futbol mexicano: “Tenemos que soñar cosas chingonas”, entendiendo esto como el hecho de no limitar nuestros pensamientos y nuestras aspiraciones para creer que podemos lograr grandes cosas en todos los ámbitos de la vida.


Por eso, ahora que se juega el mundial de futbol y que nuestro país está teniendo una gran participación, llevando jugados cuatro partidos, ganando todos y no haber recibido ningún gol, nos hace ilusionarnos y decir: ¿por qué no?


Pero, claro, aunque mi columna no es de temas deportivos; reconozco que nadie ha podido desprenderse de la euforia que nos invade cada vez que nuestro equipo nacional obtiene un triunfo que representa avanzar en el torneo y, sobre todo, visualizar un mejor desempeño en el terreno de juego. Entonces, la algarabía, la emoción y los festejos están más que justificados para llevarnos a pensar en la posibilidad de “lograr cosas chingonas”.


Honestamente, reconozco la superioridad en la calidad del futbol que desarrollan equipos como Brasil, Argentina, Francia y España; pero creo que alguna vez estos equipos también estuvieron en el nivel en el que se encuentra México y fueron evolucionando, como, al parecer, está ocurriendo con los futbolistas mexicanos.


Sin embargo, con temor de que se me etiquete de timorato o pesimista, no creo que sea este mundial en el que México tenga el resultado que quisiéramos: ser campeón del mundo. Por supuesto que me gustaría, y lo deseo. Por eso, me permito soñar, con los pies sobre la tierra, e ilusionarme, pero estando listo a recibir la realidad (ojalá que me equivoque). Pienso que el campeonato quedará entre Francia y España, o Portugal, tal vez.


Bueno, por otra parte, en el ámbito de ese sueño, me imagino el impacto que un resultado de esa naturaleza tendría en muchos espacios del desarrollo de nuestro país, comenzando con la economía, siguiendo con el deportivo, el educativo, el familiar y la motivación que todos los mexicanos tendríamos para atrevernos a soñar esas cosas chingonas.


Yo sí creo, por lo que hemos visto a través de las redes sociales, que la gente adquiriría mayor confianza en sí mismos y se plantearían los más grandes proyectos de vida que los llevaría a progresar en lo individual y en el colectivo en el que se desenvuelva.


Seguramente, en la cuestión deportiva, los dueños del balón también desarrollarían otros programas en los clubes, en las colonias, o en la ciudades, para la formación de los deportistas, no solo de los futbolistas; el gobierno invertiría mayores recursos para apoyar a nadadores, clavadistas, corredores, y demás deportistas, y no andarían pidiendo “limosnas” a los funcionarios para que los apoyen en su preparación y en sus participaciones.


Ojalá. Yo pienso que no; pero, ¿y si sí?


Es que mire: en la sociedad nos hemos atenido a lo que dice la gente, las críticas, los puntos de vista negativos y pesimistas nos han afectado en la toma de decisiones y en mostrarnos decididos ante los retos de la vida.


“Quisiera hacer el examen en la UNAM, pero, ¿y si no lo paso?”


“Esa chica me gusta, pero, ¿si me dice que no quiere ser mi novia?”


“Tengo ganas de aprender a nadar, pero, ¿si no aprendo?”


Muchos cuestionamientos como los anteriores nos hemos hecho en la vida que nos han limitado en nuestras aspiraciones y no nos han dejado arriesgarnos a probar, o al menos intentarlo.


Dicen que esta frase la creó un chavo discapacitado a quien le dijeron: “A ti te gustan los hombres”, y él respondió: “No me gustan, pero ¿y si sí?”


Con esa reflexión los dejo esperando que mañana domingo tengamos otra alegría por parte de la selección mexicana al haberle ganado a Inglaterra y tengamos un festejo ordenado y sin perjudicar a otros compatriotas, como ocurrió en el Ángel de la Independencia.