MASCOTAS: MUCHO MÁS QUE COMPAÑEROS DE JUEGO-DON CHIMINO

Por: J. David Flores Botello

Hace algunos años, cuando una familia esperaba un bebé, era frecuente escuchar recomendaciones como: “Saquen al perro de la casa”, “No dejen que el gato se acerque al niño” o “Las mascotas transmiten enfermedades”. Muchos padres crecieron con esa idea. Sin embargo, la ciencia ha ido demostrando que la realidad es mucho más interesante. Hoy sabemos que los niños que crecen conviviendo con mascotas, especialmente perros y gatos bien cuidados, pueden obtener beneficios que van mucho más allá de la simple compañía. Diversos estudios realizados en Europa, Estados Unidos y otros países han encontrado que la convivencia temprana con mascotas se asocia con un menor riesgo de desarrollar ciertas alergias y algunos problemas respiratorios. La explicación parece estar en que el contacto con microorganismos presentes en el ambiente ayuda a “entrenar” al sistema inmunológico durante los primeros años de vida. En otras palabras, el organismo aprende mejor a distinguir entre lo que representa una amenaza y lo que no.


Además, los investigadores han observado que los niños que tienen mascotas suelen realizar más actividad física, pasan menos tiempo sedentarios y desarrollan con mayor facilidad valores como la responsabilidad, la empatía y el respeto hacia otros seres vivos. Pero quizá uno de los beneficios más interesantes ocurre en el terreno emocional. Para muchos niños, un perro o un gato es su primer amigo incondicional. No juzga, no critica, no se burla. Está ahí cuando el niño está alegre, triste o preocupado. Diversos estudios han mostrado que convivir con mascotas puede disminuir sentimientos de soledad, favorecer la autoestima y ayudar a los niños a manejar mejor situaciones de estrés. Sin embargo, tener una mascota también implica responsabilidades. Cada año miles de niños sufren mordeduras o arañazos que pudieron haberse evitado. En la mayoría de los casos el animal no actuó por agresividad, sino porque se sintió molestado, asustado o amenazado.

Un error frecuente es permitir que los pequeños jalen la cola del perro, tiren de sus orejas, intenten quitarle la comida, invadan su espacio cuando duerme o lo abracen con demasiada fuerza. Los niños deben aprender que los animales sienten miedo, dolor y molestias igual que nosotros. Por eso nunca se debe dejar sin supervisión a un niño pequeño con una mascota, por noble y cariñosa que parezca.


También es fundamental mantener a perros y gatos vacunados, especialmente contra la rabia, desparasitados y bajo vigilancia veterinaria periódica. La higiene de las manos después de jugar con ellos sigue siendo una medida sencilla pero muy importante. Y si ocurre una mordedura o un arañazo, la herida debe lavarse inmediatamente con abundante agua y jabón y el niño debe ser valorado por personal de salud. Las mascotas no sustituyen las vacunas, ni una buena alimentación, ni la atención médica. Pero cuando reciben cuidados adecuados y forman parte de una familia responsable, pueden convertirse en verdaderas aliadas del desarrollo infantil.
Un perro o un gato no solo acompaña la infancia. También enseña lealtad, paciencia, cariño, respeto y responsabilidad. Y esas son lecciones que, igual que las mejores vacunas, pueden proteger a un niño durante toda la vida.


DON CHIMINO.- Apenas no tarda dijieron que iba a entrar a Acapulco la tormenta Tropical Boris, de tanta lluvia, otra vez habría desastres. La corriente de agua bajaría de los cerros llevándose todo a su paso, decían que caería tanta agua en un día como toda la que caye en 1 mes en tiempo de lluvias normales. Mi Puchunga se miraba muy nerviosa, rezaba y rezaba dende la mañana hasta en la noche. En nuestro cuarto, colgado de la pader del lado de donde duerme ella, en un cuadro de madera, a la altura de su frente, hay una imagen de San Judas Tadeo. El ocho de junio pasado llegué sin que me oyera, la encontré hincada de dorrillas debajo de la imagen. Taba tan concentrada que no la interrumpí. Me quedé callado viendo a San Judas: parado derechito, firme, mirando de frente, como si´stuviera atento a lo que le taba pidiendo ella. Tantos años lleva áhi esa imagen que no me ´bía dado cuenta que al mirarlo parece que tambor él lo tá mirando a uno. Tiene en su mano derecha un palo largo de madera que se mira maciza. Traye puesta una especie de sotana blanca, larga hasta los tobillos, sin bordados, y muy limpia, tan limpia que parecía como si la ´biera lavado con clarasol. Encima lleva puesto algo parecido a un sarape de lana largo, más largo que ancho, color verde y de borde dorado. Le cuelga terciado dende el hombro izquierdo, cruza por sus espaldas hasta la cintura, vuelve a subir por todo el pecho hasta enruedárselo en el brazo. Se mira que las dos puntas las traye garradas del mismo lado. Tiene los pieses a ráiz, no lleva puestos ni tan siquiera unos guaraches, pisa direpto la tierra, como sin miedo a las piegras o espinas que pudiera encontrar en su camino. En el pecho, un gran corazón brilloso, como si juera una lumbre atizada y, detrás de su cabeza, una aureola grande, derronda, muy brillante, con rayos que se estpanden pa onde quiera, como cuando sale el sol detrás de los cerros en esta mi tierra. Me quedé como hicnotizado almirando su brillantez. ¡Híjoles! Lo que es nomás mirar sin otservar. Ni cuenta me ´bía dado que brillara tanto. No sé que me pasó en ese momento pero, sentí como que se iluminó más el cuarto. Mi Púchun, se paró de pie, como pa hablarle más de cercas. Con sus manos juntas y los ojos medio cerrados, hablaba despacio, como si deveras San Judas la ´stuviera oyendo. Acercándome, me uní a sus rezos, más quedo que los de ella, mirando que él nos miraba, con calma, atento a cada palabra, muy sereno, como diciéndonos: –“Tengan Fe, cuenten conmigo”. No me lo van a cre´r, pero, les juro por la Virgencita que, por un momento, sentí que aquella imagen no taba pintada: ¡taba viva!. Tomé su mano de mi Puchunga, me la apretó y, con voz temblorosa dijo : –“Te rogamos Señor que ampares a mi prima Eulalia, al compadre Eleuterio y a Elisamar, mi niña adorada. ¡Líbralos Padre de todo mal! … Te lo pedimos Señor en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. –“¡Amén!” Dijimos juntos. No sé por qué pero, a pesar de que decían las noticias que la tal Boris entraría a Acapulco esa tarde del lunes o al otro día por la madrugada y que haría desmadre y medio. La paz que sentí ese momento con San Judas, me dio tranquilidá y harta fé. Abracé a mi Púchun, le dije que ella tambor tuviera fe, que seguramente San Juditas iba a conceder el milagro de que no pasaría nada, que, lo más que pasaría era que llovería un poco más de lo que siempre llueve pero, que nada de inundaciones ni desastres habría. Que nuestros compadres ´tarían bien y que Elisamarcita dormiría muy tranquila y que podría alevantarse tarde porque ´bían anunciado que se suspendían clases en Acapulco, en Costa Chica y Costa Grande. Al final, la mentada Boris tocó tierra el martes 9 a eso de las 3 de la madrugada, entre Punta Maldonado y Cuajinicuilapa. A Acapulco solo un poco más de lluvias normales, pero no pasó a mayores, ¡gracias a Dios! ¡Se hizo el milagro!. Ni siquiera tuvieron croblemas con el Interneí porque, a eso del mediodía mi Púchun y su prima Eleuteria hicieron una video llamada a través del Whaschat. Taban felices, risa y risa, dando gracias a Dios. En eso, que escucho su vocesita de Elisamar: –“Tía Fer, ¿Y mi padrino Chimi? ¿Van a venir a mi clausura? ¡Vengan! ¡Por favor tía! ¡¡Dile a mi padrino que lo quiero veeer!!”. Tonces, me asomé a la cámara y con una sonrisa de oreja a oreja le dije con voz chiquiona: “¡Hoolaaa! ¿Cómo estás hijitaaa? Y… Ándales, ya me colgué, no tanto como otras veces pero, no me vaya a picar paticándoles y los deje en suspenso, mejor áhi pa l´otra les sigo, por lo mientras: graciotas.