DORMIR POCO… TAMBIÉN ENFERMA-DON CHIMINO

Por: J. David Flores Botello

DORMIR POCO… TAMBIÉN ENFERMA.- Vivimos en una época en la que muchas niñas, niños y adolescentes están durmiendo menos de lo que su cuerpo necesita. Algunos se duermen tarde viendo videos, jugando videojuegos o usando el celular; otros se levantan muy temprano para ir a la escuela y arrastran un cansancio que muchas veces pasa desapercibido. El problema es que dormir poco no solamente provoca sueño… también puede enfermar. Cuando un niño no duerme bien, se altera la concentración, baja el rendimiento escolar, aumenta la irritabilidad y aparecen problemas de conducta. Muchos pequeños que parecen “inquietos”, “traviesos” o incluso “hiperactivos”, en realidad están cansados. El cerebro infantil necesita dormir para organizar recuerdos, fijar el aprendizaje y recuperar energía. Mientras un niño duerme, su cerebro trabaja. Durante el sueño profundo también se libera gran parte de la hormona del crecimiento. Mientras los niños duermen, el cuerpo aprovecha para reparar tejidos, fortalecer defensas, ordenar conexiones cerebrales y recuperar fuerzas. Dormir bien no es tiempo perdido; es tiempo de construcción. Existe relación entre la falta de sueño y el aumento de obesidad, hipertensión, diabetes, ansiedad y problemas emocionales en etapas posteriores de la vida. Un niño que duerme poco también puede enfermarse más seguido porque el sueño participa activamente en el funcionamiento del sistema inmunológico. Pero aquí surge una pregunta que muchos padres hacen en el consultorio: ¿cuánto debe dormir un niño? La respuesta cambia según la edad. Un recién nacido puede dormir entre 14 y 17 horas al día. Y algunos hasta más. Pero no las duerme de corrido o seguidas; despierta varias veces porque necesita alimentarse. Su reloj biológico todavía no distingue el día de la noche. Un lactante de 4 a 12 meses suele dormir entre 12 y 16 horas, contando siestas. Entre 1 y 2 años generalmente duermen de 11 a 14 horas. Los preescolares de 3 a 5 años requieren entre 10 y 13 horas. Los escolares de 6 a 12 años necesitan alrededor de 9 a 12 horas. Y los adolescentes, aunque muchos no lo crean, todavía requieren entre 8 y 10 horas diarias. El problema es que muchos adolescentes apenas alcanzan seis o siete horas. El cuerpo termina cobrando esa factura tarde o temprano. Y algo importante: no todos los niños son iguales. Hay pequeños que desde bebés duermen más y otros menos. Algunos hacen siestas largas; otros parecen cargar batería solar y andan activos todo el día. Eso puede ser normal. Cada persona nace con diferencias individuales. Algunos tienen un reloj biológico naturalmente más “dormilón” y otros menos. La genética influye. El temperamento también. Incluso la actividad física, la alimentación y el ambiente modifican el sueño. Más importante que contar horas exactas es observar cómo está el niño durante el día. Si despierta contento, juega, aprende, crece adecuadamente, tiene energía y buen estado general, probablemente está descansando lo suficiente aunque duerma una hora menos que otro niño. Pero si está irritable, somnoliento, con dificultades escolares o parece agotado constantemente, algo puede no estar funcionando bien. También hay señales que deben llamar la atención: ronquidos fuertes, pausas para respirar dormido, sudoración excesiva nocturna, movimientos extraños, terrores nocturnos o mucho sueño durante el día. A veces no es flojera ni desinterés; puede existir un trastorno del sueño que requiere valoración médica. No importa la cantidad del sueño, importa la calidad del mismo. Y algo que está cambiando el descanso de muchos niños: las pantallas. La luz del celular, la tableta o los videojuegos antes de dormir engaña al cerebro y disminuye la producción de melatonina, la hormona natural que ayuda a iniciar el sueño. El cuerpo cree que todavía es de día. Dormir bien no es un lujo. Es una necesidad biológica tan importante como alimentarse, tomar agua o vacunarse. Quizá uno de los mejores regalos que podemos darles hoy a nuestros hijos sea enseñarles algo tan sencillo y tan valioso como descansar adecuadamente. Corolario: hay enfermedades que empiezan haciendo mucho ruido… y otras comienzan silenciosamente cuando dejamos de dormir.

DON CHIMINO.- Este mes de mayo se ha ido como l´agua entre los dedos, como aigre que llega de sospresa antes de la lluvia echando pa´bajo ramas, letreros y la ropa del tendedero si no nos ponemos buzos caperuzos. En un dos por tres ya tamos pasaditos del medio mes. Eso me pone ñervudo, inquieto y me hace cavilar y cavilar, en veces con preocupación, en veces con emoción pero más más, con ánimo y tratando de echar a volar mi imaginación. ¿Sabe por que? ¿No? Se lo voy a decir: Ya falta poco para su cumple de mi Puchunga, el día de San Fernando que, tambor es su santo. No me ha dicho nada. Otros años, empezando mayo ya me anda paticando: que va invitar a Fulanita, a Sutanita, a Merenganita. Que si su vestido será de tal color o de otro o si se va a poner pantalón; que qué les va a dar de pipirín a sus invitados, qué cuántos serían. Que qué les dará de chínguere. A estas alturas del mes ya ´bía decedido a ónde iba a ser su fiesta, si en la azotea de nuestro cantón o si renta un salón o hacerla en un restaurán. Lo más pior es que no sé si vaya a hacer su pachanga en Iguala o quiera que váyamos a la costa con su familia. Pero bueno, espero que esta semana que va a comenzar ya me diga qué decide y no me tenga con la congoja de que sea a la mera hora y no alcáncemos a organizar todo lo más mejor posible. Cambiando de tema, ójala y agún todavía tengan la primera parte de la receta de pozole estilo Don Chimino que les patiqué hace dos sábados. Cheque bien la lista de los menjurgues que le anoté pa’ que le quede sabroso, como a mí me gusta. Una de las claves más principales es que sea máiz cacagüazincle nuevo, tamaño diente de burro clampeto. Debe cocinar bien su nixtamal, láverlo y restriéguelo hasta que queden bien blanquitos los máices y l’agua con la que los enjagüe salga clarita. Por cierto se me pasó un detalle: cuando merque el máiz pídalo despicado, asina evita tarlo despicando, anque a algunas gentes les gusta completo, con todo y el piquito, quesque asina queda con más fibra y pueden hacer del guáter más mejor, si es que padece estreñimiento, le conviene sin despicar. La vez pasada que les empecé a dar la receta me quedé en que se deja cociendo a fuego bajo toda la noche y que el máiz debe reventar y quedar esponjado. La carne con el retazo de güeso de corva, las patas y las luengas se cocinan aparte. Cada una en una olla y cada una lleva su cebolla y sus ajos. L´agua pa cocinarlas debe ser suficiente y debe tener cuidado con l´agua de la pata porque se le puede secar y se le quema. La sal se les echa a cada olla cuando empiezan a soltar el hervor. Todo debe quedar bien cocido y mero entonces es cuando debe echar la pierna (el lomito no porque se deshace) y todo el retazo de güeso a la olla del máiz y dejarlos hervir por lo menos 2 horas. Échele más agua a su olla pa que no le quede más grano que caldo. Con dos o tres horas de hervor queda listo pa´comerse. Le recomiendo que saque la carne y todos los güesos de su pozole y hiérvalo pero bien hervido pa´que no se le vaya a echar a perder por la calor. Yo siempre en lo que se cocina el pozole hago tacos dorados de chorizo y de requesón. Este último lo preparo con epazote picado finamente y chile serrano picado tambor muy finamente. Lo revuelvo todo, lo salo y queda como una masa, lista pa irle poniendo a las tortillas, hacerlas taco y dorarlos hasta que garren ese color café medio escuro, que no queden tiesos ni trayudos, que queden tronadores, que se hagan pedazos al momento de darle la mordida. Yo no les pongo palillo a los tacos porque no se cocinan parejos y, además, a luego se queda un cacho de palillo y se les anda atorando en el gañote a las gentes. Siempre al servir su pozole debe tar bien caliente y además de los tacos, debe haber tostadas, aguacate, chicharrón, cebolla y chile serrano picado, orégano, chile piquín molido y si es posible, hasta chile de árbol bien tostadito y embarrado con un poco de sal. Pa preparar la luenga debe quitarle lo que se mira feíto y quedarse con la pura luenga que debe partirla en trozos, no muy chicos no muy grandes. Igual que la pata, se prepara con jitomate picado, cebolla filetiada, chile piquín molido, limón, unos chiles en vinagre trociados y rebanadas de aguacate. Como dicen, cada maistro tiene su librito, asina tambor es, cuánto le echa de chile, de limón, de sal y si el jitomate la trocea o lo filetea. Lo que sí nunca debe faltar es: un buen mezcal y cheve bien helada, y, como ya me volví a colgar, me paso a retirar, áhi nos pa´l´otra, graciotas.