Por el Día del Maestro
Por: José I. Delgado Bahena
Ayer, 15 de mayo, que celebramos el Día del Maestro, he sentido la necesidad de reflexionar acerca de la importancia tan grande que se tiene al ser maestro en las circunstancias que estamos pasando.
La incertidumbre que han provocado las declaraciones oficiales sobre la terminación del ciclo escolar, mucho me temo que se debe más a la fatiga, el desaliento y, desafortunadamente, a la desidia, que se deja ver en el ánimo de los responsables de que el proceso educativo se cumpla como se estableció al inicio del ciclo escolar.
Hace trece años que decidí jubilarme para dedicarme solamente a escribir y difundir mi obra, por lo que, confieso, poco sé de los planes y programas que actualmente se desarrollan en las escuelas. Pero, mi trabajo, tanto en el nivel de primaria, como el de secundaria, me permiten, con base en mi experiencia, saber que el maestro es, ante todo: inventivo, imaginativo, creativo y responsablemente activo para implementar estrategias que permitan a sus alumnos adquirir los conocimientos, desarrollar sus habilidades y crecer en su formación como ser humano, adaptado a su entorno para interactuar de manera armónica con quienes convive, inclusive en los últimos días del ciclo, cuando se meten en otra dinámica, por las cuestiones administrativas.
Por eso, sabiendo que la comunicación entre maestros y alumnos se establece, también, utilizando las aplicaciones que la modernidad tecnológica permite, como herramientas disponibles para superar la acción del maestro frente al grupo, me hace suponer que el rezago educativo que pudiera manifestarse por esta situación, no es tan grande, y los niños y jóvenes están en posibilidades de acreditar el curso escolar con eficacia y eficiencia para acceder al siguiente grado del nivel en que se encuentren.
Pero, seguramente, el esfuerzo de los maestros, quienes están permanentemente en contacto con sus estudiantes; llevan un seguimiento puntual de sus logros y retrocesos, para reafirmar, o retroalimentar, los contenidos con base en la revisión (evaluación) exhaustiva de lo que los alumnos podrán captar de la planeación de los trabajos que tendrán que realizar durante el periodo que se avecina; sin duda, también la participación responsable de los padres de familia, convertidos, ahora, en asistentes de los profesores, conducirán directamente los ejercicios de aprendizaje, coadyuvando con los maestros de sus hijos para hacer que los niños y jóvenes mantengan el interés por aprender, por seguirse formando ordenadamente; es decir: con el tiempo organizado, indicándoles momentos de estudio, de recreación, de alimentación y descanso, hasta para ver los partidos del mundial de futbol; entonces, definitivamente, el apoyo de los padres de familia es, y seguirá siendo, el soporte más firme sobre el que se sostiene la educación en estos días.
Aunque, para ser sinceros, es lamentable aludir a la falta de interés de algunos padres, y de maestros, para atender las necesidades de la niñez y de la juventud, que, de por sí, están siempre atenidos a la guía directa de quienes debieran ser proveedores del alimento de la sabiduría. Pero, me atrevo a afirmar que son los menos, porque, en serio, nunca faltan quienes evaden una responsabilidad que debieran cumplir por su trabajo, por su compromiso y por ética; entonces, cierran los ojos y sueñan con que sus alumnos aprenderán solo resolviendo un paquete de ejercicios sin verificar si realmente están accediendo al conocimiento. Repito: son los menos, lo aseguro.
Así es que, en esta celebración del Día del Maestro, hago un reconocimiento a quienes, directa o indirectamente, están haciendo un gran esfuerzo para sacar adelante los contenidos programáticos con sus alumnos y los contagian para que sientan el interés por aprender y seguirse superando.
Por favor, permítame felicitar a los maestros de mi familia: Enriqueta, Gregorio, Antonio y Pablo (mis hermanos), así como a Patricia Díaz, Ismael Frías y Alejandro García; porque advierto que se condujeron con responsabilidad en el cumplimiento de su labor, quienes ya se jubilaron, así como los que siguen activos.
