Orgullosamente su nieto
Por: José Rodríguez Salgado
En este mes de abril cumplen años los maestros Margarito López Ramírez y Lamberto Sánchez Bahena. Felicidades
El ingeniero Héctor Salgado Luviano, nieto de don Florencio M. Salgado, escribió una crónica y entre otras cosas dijo: mi abuelo nació el 23 de febrero de 1867. Fue un individuo muy dinámico, de una gran visión y elocuencia. Siempre tenía la plática amena, agradable e interesante, como la anécdota de su vida. Para la mujer guapa obsequiaba el piropo oportuno y decente. Poseía un admirable don de gentes y actuaba siempre con gran sentido humano.
Era un ser querido y respetado. Antes de la Revolución y a principio del Siglo XX tuvo en Teloloapan el cargo de Prefecto Político. Contaba con varias fuentes de trabajo: fábrica de pastas para sopas; fábrica de hilados y tejidos, fábrica de gaseosas, fábrica de jabón, así como el ingenio de Tlajocotla. Obligado por las circunstancias de la Revolución tuvo que emigrar con toda su familia perdiéndose todas esas fuentes de trabajo. Primero viajó a Iguala y posteriormente se instaló en Puebla.
El ingeniero Salgado Luviano relata que empezó de nuevo a trabajar con los escasos medios económicos instalando una pequeña fábrica de jabón que fue creciendo rápidamente. Por un breve período vivió en la Ciudad de México en tanto se regularizaba la situación política en Teloloapan para reiniciar sus negocios. Trabajó intensamente hasta la fecha de su deceso el 15 de agosto de 1953, dejando una enorme huella calificada por sus amigos y paisanos de insuperable.
Don Florencio era dueño de terrenos colindantes con el Resumidero. Descubrió un conducto subterráneo y las aguas del arroyo de Teloloapan que pasan por esos terrenos. Contrató a dos mineros de Taxco expertos en tiro de minas y con el equipo adecuado entraron y exploraron dicha caverna, llegando al fondo y sacando de ese lugar una muestra de agua, que quién lo dijera vendría a satisfacer la gran necesidad del preciado líquido del que carecía la población.
Posteriormente, siendo presidente municipal el señor León Salgado Segura, se hicieron los trabajos de perforación y extracción que el caso requería. Una noche soñó, al día siguiente diseñó y los siguientes construyó un edificio de tres niveles llamado “El Castillo”. El 6 de mayo de 1896 se inició la construcción (calle Vicente Guerrero esquina callejón Galeana). Una obra de ladrillo y piedra (mampostería). La primera planta se utilizaba como bodega de ajonjolí. La segunda, ocupaba la fábrica de aceites y la tercera las fábricas para sopas y la de hilados.
Estas fueron importantes fuentes de trabajo para gran cantidad de personas que laboraban en ellas. Debido al gran movimiento comercial en Teloloapan antes de 1910, don Florencio organizó las sucursales del Banco Nacional de México y del Banco de Guerrero. Tenía sus oficinas en su casa frente a la Plaza Eutimio Pinzón #3.
Fue invitado por el entonces presidente municipal para colocar la primera piedra del actual Palacio Municipal. Acudió con un mandil que usaba en su tienda con una gran cantidad de dinero que entregó como contribución para el inicio de los trabajos. Ese mismo dinero fue depositado en una bolsa y enterrada junto a la primera piedra. Un gran gesto del señor Salgado.
Cuando fue prefecto político realizó algunas obras para el beneficio del pueblo: a) Presa de Xaxalpan. En la colonia Juárez construyó una pequeña presa de almacenamiento conocida como la presa grande, durante muchos años los jóvenes acostumbrábamos bañarnos ahí. b) En la nota anterior me referí a la dotación de terrenos en beneficio de campesinos mediante la cooperación de solamente 50 centavos para gastos de escrituración. c) Inauguró la primera Biblioteca Pública que hubo en Teloloapan y que llevó el nombre de Benito Juárez. d) Construcción del edificio de lo que hoy es la escuela primaria Lázaro Cárdenas antes ESIMA. e) Construcción del tramo carretero Teloloapan-Meacatzingo.
Curiosamente ninguna calle del pueblo lleva su nombre.
Antes del punto final deseo compartir el comentario que mi madre doña Consuelo Salgado nos recomendaba siempre llamar a nuestro abuelo como “papacito”. Cuando falleció, el que esto escribe contaba con 14 años. Siempre me sentí orgullosamente su nieto.
Abril 16 de 2026
