Punctum temporis | Un punto en el tiempo
Por: Netza I. Albarrán Razo
El 5 de marzo de 1953 la prensa británica difundió uno de los avances científicos más trascendentales del siglo XX: la descripción de la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN).
El hallazgo fue atribuido a los investigadores James Watson y Francis Crick, quienes trabajaban en la Universidad de Cambridge. Semanas después, el 25 de abril, sus conclusiones serían publicadas formalmente en la revista Nature.
La clave del descubrimiento fue la identificación de la estructura en doble hélice, un modelo que explicaba cómo la molécula podía almacenar y transmitir información genética. Este planteamiento resolvía un problema central de la biología: comprender el mecanismo de la herencia. La disposición complementaria de las bases nitrogenadas —adenina con timina, y citosina con guanina— sugería un sistema de copia casi perfecto, fundamento de la replicación celular.
El avance no se produjo en aislamiento. Fue determinante el trabajo experimental previo realizado mediante difracción de rayos X por la científica Rosalind Franklin, cuyas imágenes, particularmente la conocida como “Fotografía 51”, aportaron evidencia crucial sobre la forma helicoidal del ADN.
También contribuyó el físico Maurice Wilkins, colaborador en el King’s College de Londres.
En 1962, Watson, Crick y Wilkins recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento. Franklin había fallecido en 1958 y el galardón no se otorga de manera póstuma, lo que abrió posteriormente un debate histórico sobre el reconocimiento de su aportación científica.
Las implicaciones del modelo de doble hélice transformaron la biología en una disciplina molecular. A partir de ese momento se desarrollaron áreas como la ingeniería genética, la biotecnología, la genómica y la medicina personalizada. El conocimiento de la estructura del ADN permitió comprender mutaciones, enfermedades hereditarias y procesos evolutivos con una precisión antes inimaginable.
Más de siete décadas después, aquel anuncio de marzo de 1953 sigue considerándose un punto de inflexión en la ciencia contemporánea. No solo explicó la base física de la herencia, sino que redefinió la manera en que la humanidad entiende la vida a nivel molecular.
