Punctum temporis | Un punto en el tiempo

Por: Netza I. Albarrán Razo

El 2 de marzo de 1829 falleció en la Ciudad de México María Josefa Crescencia Ortiz Téllez Girón, conocida en la historia nacional como Josefa Ortiz de Domínguez o La Corregidora. Su intervención decisiva en 1810 permitió que el movimiento insurgente se adelantara y evitara la captura de sus principales dirigentes, convirtiéndola en una figura central en el inicio de la Guerra de Independencia.

Nacida el 8 de septiembre de 1768, quedó huérfana a temprana edad y fue educada en el Colegio de San Ignacio de Loyola, conocido como Las Vizcaínas. Contrajo matrimonio con Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro, cargo que dio origen al apelativo con el que pasaría a la posteridad.


En 1810, la casa del corregidor en Querétaro fue punto de reunión de criollos ilustrados que buscaban organizar un levantamiento contra el dominio virreinal. Aunque formalmente eran tertulias literarias, en ellas se discutían ideas autonomistas y planes insurreccionales.


Cuando la conspiración fue descubierta por las autoridades españolas, Josefa Ortiz logró enviar un aviso a los líderes insurgentes, entre ellos Miguel Hidalgo y Costilla y Ignacio Allende. De acuerdo con registros históricos y documentación oficial, este aviso permitió adelantar el levantamiento armado, que finalmente estalló la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en Dolores.

Sin esa advertencia, es probable que los principales conjurados hubieran sido detenidos antes de iniciar el movimiento.


Tras el descubrimiento de su participación, fue detenida y recluida en distintos conventos, primero en Querétaro y posteriormente en la capital del virreinato. Permaneció bajo custodia varios años, hasta obtener su libertad en 1817.

Su postura política no cambió con la consumación de la Independencia. Rechazó reconocimientos y cargos honoríficos ofrecidos durante el Imperio, incluido el nombramiento como dama de honor en la corte de Agustín de Iturbide, al considerar que tales distinciones contradecían los ideales republicanos y de justicia social por los que había luchado.

Josefa Ortiz de Domínguez representa la participación activa de las mujeres en la construcción del México independiente. Su intervención no fue simbólica: tuvo consecuencias políticas inmediatas y modificó el curso de los acontecimientos en 1810.


A casi dos siglos de su muerte, su figura permanece como referente de valentía cívica y compromiso con la libertad. Su nombre está inscrito en el Muro de Honor del Congreso de la Unión y su memoria forma parte del relato fundacional del país.