Sesenta años de «Un mexicano más»
Por: José I. Delgado Bahena
A Juan Sánchez Andraka, autor del libro “Un mexicano más”, que está cumpliendo seis décadas de haber sido publicado por primera vez, lo conocí, precisamente, a través de la lectura de este, su primer título. Fue una edición sencilla que encontré en un puesto de libros de las aceras del metro Revolución, en la capital del país.
Luego, motivado por su contenido, que aborda la problemática de la educación en México, de aquella época, lo recomendé a mis alumnos de secundaria, en una escuela del Estado de México, y ellos me pidieron que les consiguiera más libros del mismo autor. Así, entre otros, leyeron “Los domados”.
Luego, cuando conocí a Juan, hace aproximadamente nueve años, en una presentación que hizo de uno de sus libros en el Museo de la Bandera, en Iguala, jamás me imaginé que llegaríamos a ser amigos.
Su libro: “Un mexicano más”, que ha sido editado en casi cien ocasiones, sin tomar en cuenta la piratería, y ha sido llevado a la pantalla grande, está siendo homenajeado y recordado por diferentes instancias, tanto educativas como gubernamentales. Una de ellas es el grupo de maestros jubilados de Apaxtla de Castrejón, porque fue ahí, precisamente, donde Juan se inspiró para escribir su obra, y hoy, sábado 24 de octubre, en el marco de estos festejos, se estará presentando en la casa de jubilado donde, para honor mío, estaré acompañándolo, gracias a la invitación de él mismo.
Él es originario de Chilapa, Gro., pero podríamos ubicarlo como vecino de cualquier lugar del estado de Guerrero, donde ha vivido y ha aprendido lo que le ha nutrido para sus libros.
En las páginas de “Un mexicano más” encontramos la rebeldía de un joven adolescente que muestra su postura hacia los vicios de la sociedad en la que se desenvuelve; la religión, la educación, la convivencia familiar, los valores, son temas que le importan a Juan, y los muestra desnudos para que los lectores normen sus criterios y hagan sus juicios sobre lo que está bien, y lo que está mal.
Pero dije que jamás imaginé que nos haríamos amigos. Sí, porque un autor se hace tu amigo cuando sientes empatía por lo que dice y por cómo lo dice; así, he sentido afecto por grandes autores, por alguna o varias de sus obras. Sentí amistad por José Saramago cuando leí “Ensayo sobre la ceguera”; de igual manera, por García Márquez al leer “Cien años de soledad” y “El amor en los tiempos del cólera”; me hice amigo de Neruda, de Benedetti, de Alfonsina Storni, de Bécquer y de muchos otros poetas que sentí que me entendían, porque hablaban de lo que quería oír o decir. Entonces, cómo no sentir afecto por Juan Sánchez Andraka, quien protestaba por lo que yo quería protestar; pero, además, porque, a través de sus letras, reconocí al ser humano preocupado por tener una mejor sociedad.
Por eso, cuando conocí a Juan y vi a un hombre bajo de estatura, físicamente un tanto disminuido, pero con una gran sonrisa que le da fortaleza para todo, acepté que la grandeza del hombre está en sus hechos, en su talento, en sus acciones en beneficio de los demás. Definitivamente, Juan, tiene todo esto. Desde que me presenté con él me tendió la mano, me dio consejos y me ofreció su apoyo para promover mi obra a nivel nacional. Luego, cuando leyó “Cuacuana” y “La noche de las cabras”, me regaló unas palabras que tienen que ver con el reconocimiento, la admiración y respeto por mis obras y por el oficio al que ambos nos dedicamos.
De sus libros he leído la mayor parte. Ha publicado, entre otros: Un mexicano más, Los domados, Debe amanecer, A pesar de todo, Allá en el río, Ahora que me acuerdo, A la sombra del mezcal, y el que le da título a este texto: “En mi propio surco”. De todos los que he leído, recuerdo con cariño “Un mexicano más”.
Vaya pues, mi felicitación para mi amigo Juan Sánchez Andraka quien, a sus ochenta y tantos años, sigue escribiendo con la agilidad mental que tuvo al escribir el libro que está siendo recordado por estos días: Un mexicano más.
