Flores nocturnas
Por: José I. Delgado Bahena
¿Cuál es el papel del poeta en la sociedad? ¿Es necesaria la poesía? ¿A quién debe ir dirigido, principalmente un texto poético? ¿El poeta nace o se hace? ¿Cuál debe ser la imagen que el poeta proyecte ante la sociedad?
En realidad, son muchas más las preguntas que con frecuencia nos hacemos quienes nos dedicamos a escribir versos, y los publicamos, creo, como una manera de hacer más ligera la carga de esas emociones que nos asfixian y nos recuerdan que somos seres humanos con la piel muy sensible y con el alma transparente.
Escribo esto a propósito de que hoy, sábado 17 de octubre, estaremos presentando el poemario: “Flores nocturnas”. de un amigo poeta de nuestra ciudad de Iguala: José Carlos Castañeda. En alguna otra entrega a esta columna hice ya alusión al trabajo poético del José Carlos; pero hoy me refiero a él, y a su poesía, visualizando el formato con el que haremos una análisis profundo sobre su propuesta, así como el espejo que encontramos en cada verso, en cada palabra de sus textos.
Digo que “haremos”, en plural, porque en esta ocasión, su servidor actuará como moderador para conducir el análisis que, ante el auditorio que nos acompañe, realizaremos tres grandes amigos del poeta Castañeda: Carlos Mata Bordaluz, Salvador Romero y quien esto escribe.
Por supuesto, nuestra participación estará orientada a ofrecer a quienes nos acompañen un panorama que, según nuestra interpretación, de lo que el poeta nos quiere decir, las emociones que le llevaron a escribir y, sobre todo, las fuentes de su inspiración.
Por eso, no debemos olvidar que “El poeta es un trabajador de la cultura, un hombre o una mujer que ha hecho del ejercicio de escribir poesía, su proyecto de vida, su pasión, su vocación, su enamoramiento, su vicio, su estigma o su arma de lucha y de comunicación.” José Carlos Castañeda lo hace así: con entrega, con pasión, con fidelidad a lo que piensa y a lo que siente. Desde el amor, el erotismo, las dolencias por las pérdidas y el ensimismamiento en el que su espíritu navega cuando, sin remedio, se adentra en las palabras para soltar las riendas y cabalgar libremente por el campo de la creatividad y de la inspiración.
Es que, el poeta es un ser inquieto que se prepara cada día para dar la batalla con las herramientas que la misma poesía le provee, porque la poesía es la continuación de la guerra por otros medios, y porque la poesía es también un arma por la liberación total del hombre y de los pueblos.
Entonces, creo, el poeta es un ser con sensibilidad social que hace de la poesía su instrumento de convocatoria, de canto y de exaltación de las cosas más puras y bellas del ser humano, comprometido con la palabra y con su visión poética de la vida, porque el poeta vive la vida poéticamente y es un enamorado del lenguaje y sus metáforas.
Sabemos que hay personas a quienes no les gusta la poesía, y consideran una pérdida de tiempo sentarse a escribir versos, a recrear metáforas, a imaginar mundos imposibles; entonces, piensan que el poeta es el loco de la sociedad, el bohemio, el truhán, el maldito, y en esa visión caduca del poeta, se olvidan que es el trabajador de la cultura, el intelectual que escribe y piensa y vive la poesía, y reflexiona sobre la sociedad de su tiempo, y que, aunque locos, suicidas y bohemios, se da el tiempo para la poesía.
El poeta no es un romántico sino un antirromántico, porque esa visión idílica del poeta no existe en estos tiempos de la modernidad, es un ser desarraigado que muchas veces ha hecho de la marginalidad su ética de vida, porque no es un bufón de la corte, ni un adicto del poder, a lo sumo el único poder que le interesa a los poetas, es el ejercicio del poder de la palabra.
Acompáñenos a dilucidar sobre este quehacer del poeta con base en el poemario “Flores nocturnas”, del poeta José Carlos Castañeda. Lo esperamos hoy, a las 6 de la tarde, en la “Casa de mis abuelos”, ubicada en la esquina de Vicente Guerrero con Nicolás Bravo, en el centro de la ciudad de Iguala.
