El papel de la mujer
Por: José I. Delgado Bahena
Hace unos días, el domingo pasado, se conmemoró el Día de la Mujer, y esta es la oportunidad que se tiene para recordar que, la mujer, durante mucho tiempo fue denigrada, maltratada, usada, y no se le otorgaron derechos que, al menos, como ser humano debió haber tenido siempre (lamentablemente, hay países donde persiste este trato).
También es el día en que las mujeres se manifiestan en muchos foros, y en las calles, en busca de mejores condiciones laborales y sociales. Piden, exigen, que haya un trato igualitario al de los hombres. También se llevan a cabo conferencias, conversatorios, programas y festejo; intencionalmente, se busca recordar a quienes iniciaron con la lucha por la justicia de género.
Por eso, ahora recuerdo… Mi madre inclinada hacia la tierra con el azadón en la mano, limpiando las matas de maíz que mi padre cultivaba en un terreno cercano a nuestro hogar. Lo hacía con alegría, por apoyarlo a él, pero también porque sabía que, con la cosecha, tendríamos asegurado el alimento, al menos. Mis hermanas: Odila, la mayor, y Queta, quien me seguía, solo veían y jugaban en el patio de la casa. A mis escasos seis años, intentaba ayudar a mi madre, mientras mi padre cruzaba los surcos con el arado para aflojar la tierra y las hierbas.
Esta imagen de mi madre, quien, después de realizar las labores del hogar, se dirigía a trabajar en la tierra, me hace reconocer, y valorar, el papel que juega la mujer en la constitución de la familia. En México, al menos, las mujeres han sido el símbolo de la abnegación y el sacrificio. Muchas de ellas, además de desarrollarse como profesionistas, siguen siendo las mantenedoras de la fortaleza en el núcleo familiar; son las que se levantan más temprano y se duermen más tarde; las que todos los días están preocupadas sobre lo que harán de comer, y se preguntan si les gustará a los hijos y al esposo. Ellas, como madres, son las primeras que piensan en la salud y en los estudios de los hijos, en sus relaciones afectivas, en su economía, en su vestuario, en su estabilidad emocional; antes que ella están los hijos y el esposo.
Es cierto que actualmente la mujer se ha “empoderado”; es decir: ha escalado posiciones tanto en la familia como en la sociedad; trata de organizar a los hijos para que tengan responsabilidades y se da su tiempo para cuidar su aspecto personal; prefiere, además, trabajar fuera de casa y contratar a quien le ayude en las labores del hogar; sin embargo, sigue estado consciente de esas “obligaciones” que como mujer y madre “le corresponden”.
Así ha sido. Tradicionalmente, al hombre solo se le considera como el principal proveedor de los recursos económicos y rara vez participa de la organización y administración de esos recursos. La mujer es la que debe calcular que todo se aproveche y alcance.
Claro que hay muchas que se rebelan ante esta visión tradicionalista (qué bueno), y buscan su realización personal dejando a un lado la frustración de ser solo mujer de hogar dependiente del marido; pero, hay que reconocerlo, la naturaleza misma de ser mujer les sigue mandando en su interior y las lleva a ser, al menos, vigilantes de las situaciones familiares.
Sé que hay muchas mujeres que prefieren ser madres solteras, antes que depender de un hombre para su supervivencia; desde luego, es doble el mérito, ya que tienen que trabajar y atender la formación de sus hijos con la misma responsabilidad que si fueran solo amas de casa.
Vaya pues mi reconocimiento para todas las mujeres que han sabido desempeñar muy bien su papel de madres y esposas sin perder su esencia femenina en la que predomina su libertad en la toma de decisiones para su desarrollo personal, y que no dependen de imposiciones ni de actitudes machistas de quienes, en ocasiones, encuentran como parejas de vida.
Permítame saludar y felicitar a mi hija: Nancy Yanet Delgado Contreras, porque este lunes, 9 de marzo, cumplió un año más de vida. La verdad, es una gran mujer, excelente hija y mejor ser humano. ¡Felicidades!
