Vicky Barrios


Iguala, Guerrero, Julio 2.- El partido de la Selección Mexicana disputado la tarde-noche de este martes reunió, como hacía mucho no ocurría, a familias igualtecas y, sobre todo, a cientos de jóvenes de entre 15 y 20 años, quienes decidieron salir a las calles para celebrar, en lugar de seguir el encuentro desde los bares o centros nocturnos, como suele suceder.


Uno de los principales puntos de reunión fue el conocido «Oxxo Fresa», ubicado en la esquina de la calle Aldama con la carretera Iguala-Taxco, sitio que se ha convertido en un lugar habitual de convivencia para adolescentes y jóvenes.


En ese punto se instaló una pantalla gigante y un DJ —sin que se tenga conocimiento de si contaban con los permisos correspondientes—. Ahí se dieron cita más de 500 jóvenes, quienes durante y después del encuentro deportivo consumieron bebidas alcohólicas en exceso.

Celebrar el triunfo de México no es malo; es un sentimiento que pocas veces logra unir a todo un país. Sin embargo, cuando el festejo se convierte en exceso, es ahí donde comienza el problema, comentó una mujer que acudió por su hija tras observar las transmisiones en vivo del lugar.

La combinación de euforia, adrenalina y alcohol derivó en diversos actos de desorden. Durante la celebración, hombres y mujeres arrojaron bebidas a los vehículos que transitaban por la zona, mientras que motociclistas realizaron piruetas y «caballitos», poniendo en riesgo tanto su integridad como la de los asistentes, quienes corrían de un lado a otro sin control.

También quebraron envases de vidrio, lanzaron latas de cerveza por todo el lugar, mojando a otros asistentes y transeúntes; además, retiraron los conos colocados para delimitar el área y formaron vallas humanas para detener momentáneamente el paso de los vehículos y moverlos de un lado a otro.

Los automovilistas que circulaban por la zona, sin formar parte del festejo, tocaban el claxon y pedían a los jóvenes que les permitieran el paso. En muchos de ellos era evidente el temor, primero porque desconocían las intenciones del grupo y, segundo, por el riesgo de atropellar a alguno de los presentes.

Incluso, cuando el ambiente se impregnó del olor característico de la marihuana, parte de los asistentes comenzó a corear la frase «¡Pasen el churro!». Mientras tanto, desde el equipo de sonido una persona intentaba controlar a los presentes, sin conseguirlo. «Muchachos, contrólense, no hagan desmanes, recojan su basura y no molesten a los vehículos, porque el domingo ya no nos van a dar permiso», se escuchaba a través del micrófono.

Aunque el equipo de sonido se retiró, los jóvenes continuaron consumiendo bebidas alcohólicas y la celebración se prolongó hasta la madrugada, al igual que los arrancones y otras conductas de riesgo.


Las corporaciones de seguridad no se hicieron presentes, posiblemente para permitir que los asistentes celebraran. No obstante, debido al evidente estado de ebriedad y exaltación de muchos de los participantes, resulta necesario que en futuros eventos se implementen medidas preventivas y de seguridad para evitar tragedias como las registradas recientemente en la Ciudad de México y otros puntos del país, donde se reportaron personas fallecidas durante festejos similares.