De primera a tercera persona

Por: Rafael Domínguez Rueda

Con motivo de la Reforma Educativa llevada a cabo en el sexenio anterior, no dudé en señalar, a través de esta columna, las fallas que darían lugar a un retroceso educativo en nuestro país.

A raíz de mi postura, recibí críticas, en el sentido de que yo no era maestro y no tenía personalidad para intervenir. Sobre el particular, lo he dicho en otras ocasiones, durante cinco años ejercí el magisterio; por otra parte, el periodista —sobre todo cuando se ejerce como profesión y yo así la realizo, me da personalidad—, aún no proponiéndoselo, ejerce una labor pedagógica social, pues influye sobre las circunstancias, los hechos y las conductas políticas, sociales y económicas de un país.

Como ciudadano y como periodista lo he afirmado desde hace más de dos décadas, en México, ahora ya no se educa se medio enseña.


Muchos, principalmente profesores, minimizan mi percepción, Como maestro, como promotor cultural, reconozco que siempre habrá personas que destaquen en materia educativa y sobresalgan en cultura, pero no se trata de eso, sino debemos pugnar, porque la población, en su conjunto, logre una educación de calidad y un alto grado de cultura.

En abono a mi posicionamiento, el pasado lunes una encuestadora dio la razón a mi inquietud y preocupación. De acuerdo con la encuesta nacional de Quiddity, en 2025 la educación se ubicó en el cuarto lugar de los problemas nacionales, sólo por debajo de la inseguridad, el narcotráfico y la corrupción.


Entonces, ¿no debe ser motivo de preocupación? Si un ciudadano, no puede alzar la voz de alerta, ¿quién lo debe hacer? Es evidente que la educación pública debería ser una prioridad clara para el gobierno. Sin embargo, vemos claramente que al gobierno no le interesa este renglón, empezando porque colocan como titular a un «grillo», los planes y programas no son de avanzada; la capacitación docente es deficiente; la lista es larga. Los padres, ya no tienen tiempo, pues, por un lado, los dos trabajan y, por otro, el sistema educativo no garantiza la educación a la mayor parte de los mexicanos.

No hay calidad educativa por la falta de preparación de los maestros. La falta de compromiso con el sistema educativo por: disidencia sindical; mal manejo de capital humano y mala logística administrativa; empezando por que los directivos desconocen el historial.

Este año llevé a cabo un ensayo sobre una institución educativa; pero, en tres ocasiones que solicité audiencia con el personal directivo, no tuvo tiempo para atenderme. Por otra parte, para evaluar los logros, pedí que me dieran una lista de exalumnos ilustres (personajes que hayan sobresalido en la academia, el arte o el deporte); resulta que me dieron varias listas, pero de políticos. ¡Qué tristeza que se esté preparando a «grillos». Por eso estamos como estamos.


Abordamos este tema, porque la educación es el único camino para escapar de la ignorancia, de la esclavitud mental y de la tiranía. Ahora andamos extraviados. Y es que, antes el objetivo era no solo enseñar, sino también educar. Hoy, es cumplir con la jornada, con cero lesionados y sin demandas. Y, la educación no debe desinteresarse de la moral de las niñas y de los niños, sin ella no puede haber formación auténticamente humana. La ausencia de ésta ha provocado que ahora contemos con políticos ambiciosos y corruptos y mafiosos desalmados.

Escucho que muy orondos (llenos de presunción y contentos de sí mismo) me dicen, soy subsecretario, directora por concurso. O sea, que ahora ya no importa ser de carrera, ni tener experiencia ni idea de la responsabilidad.


Lo anterior nos da pié para hablar, no de la educación, un tema muy vasto, sino del éxito, un asunto que confunde a la mayoría.


¿Qué significa realmente tener éxito? Para los ambiciosos acumular riquezas; para los creídos lograr reconocimientos; para los serviles, obtener una colocación y para los anodinos, tener poder.

Sin embargo, consideramos que la mayor riqueza de una persona no puede medirse por lo que posee o el puesto que ostenta, sino por la forma agradable o virtuosa en que vive.


La virtud es el bien más valioso de una persona. Cada mañana deberíamos reflexionar sobre qué es lo que de verdad permanece cuando se acaba el dinero, la fama o el reconocimiento social.
La virtud tiene en sí todas las cosas; y todas le faltan a quien no la posee. O, lo que es lo mismo: podemos tener dinero, prestigio o poder, pero no tranquilidad, porque la verdadera riqueza reside en la integridad y el carácter.


Debemos tener muy claro que la virtud no sólo es la bondad o la moral religiosa, la virtud es la excelencia del carácter, la capacidad de actuar con honestidad, prudencia, justicia y templanza, incluso cuando nadie nos observa. Es, en pocas palabras, aquello que convierte a una persona en alguien digno de confianza y de respeto.


Quien posee virtud lo posee todo, mientras que quien carece de ella acaba perdiendo incluso aquello que el dinero o el poder no pueden comprar.


En la actualidad el éxito suele medirse mediante indicadores externos, como: el salario, cargo profesional, número de seguidores, La realidad nos muestra otra cara, pues de hecho aparecen con frecuencia personajes que alcanzan el poder, pero terminan destruidos por la ambición, la corrupción y el orgullo.


Por el contrario, mujeres y hombres humildes o formales son ejemplo de dignidad, precisamente porque conservan intactos sus principios, como, por ejemplo, José Rodríguez Salgado, Margarito López Ramírez, Juan Sánchez Andraca y todo su personal del Departamentos de Extensión Educativa, que modestamente realizan una labor sin precedente.


El prestigio puede desaparecer, la fortuna acabar y perder la belleza, pero el carácter permanece. La palabra virtud, suele considerarse como algo anticuado. No lo es. La filosofía contemporánea ha recuperado muchas de las ideas que defendían los filósofos clásicos. Los psicólogos Christopher Peterson y Martin Seligman, han identificado 24 fortalezas, agrupadas en 6 grandes virtudes universales… Ya será en otra ocasión en que continuaremos con este tema interesante.

En fin, en lugar de obsesionarnos por tener más, aspiremos a ser mejores. Porque el éxito puede desaparecer, la virtud, en cambio acompaña a quien la cultiva durante toda la vida. Y ahí reside la verdadera riqueza.