—El Mundial 2026

Por: Rafael Domínguez Rueda

A mis años, eso no es poco decir, ya que me encuentro casi pisando los 86. Ciertamente mi salud es precaria, pues como los carros viejos, me paso más tiempo en el taller. Apenas salgo del Gastro y ya estoy entrando con el Cardiólogo. Luego de visitar al Nefrólogo, éste me canaliza con el Urólogo. Muchos conocidos y otros desconocidos, me dicen que es la edad. Yo les digo que es el abuso de la buena vida.

Creo que Dios me sigue permitiendo disfrutar de las maravillas de este mundo. Mientras el Creador no ordene otra cosa seguiré mi vida de bohemio.


Sí, estoy convencido de que he sabido vivir y, sobre todo, he disfrutado de la vida. Como andariego, he viajado, me he divertido e ilustrado; como ser humano, en mi hogar y en el trabajo, he hecho de mi existencia una aventura fantástica; y como aficionado —no fanático—he presenciado con emoción los grandes espectáculos.


Esto viene a colación por la Copa del mundo 2026, del que voy a hablar en dos tiempos. En el primero me referiré al de 2026 y en el segundo, de mi experiencia en los anteriores.

El mundial 2026 en México tiene poco o nada que ver como lo que pasó en 1986 y en 1970, así como con la Olimpiada de 1968. Las condiciones del país son distintas y el entorno no tiene mucho que ver con aquellos años.


No me da por la nostalgia, porque hoy las cosas son muy diferentes. México es sede de un número limitado de partidos, a lo que se suma que con la gran cantidad de juegos, con 48 selecciones participantes muchas cosas se van a perder del radar futbolero y el costo de los boletos convierte a la fiesta en elitista.


De los 16 equipos que participaron en el 70, pasaron a 24 en el 86 y ahora a 48, porque la FIFA se volvió mercantilista, acaparando entradas, señal, transmisiones, pasando por encima de las leyes mexicanas.


Lo importante en aquellos años era que había un sólo país sede, lo que provocaba que muchas ciudades estuvieran involucradas. El futbol era el centro, lo que permitía que los aficionados sintieran el mundial en su día a día. Quedó de manifiesto la hipocresía de la presidenta que vendió el cuento del boleto regalado, pero en cambio acudió a la gala millonaria de Chapultepec. Ahí no entró el pueblo bueno y sabio. Ahí estaban los poderosos, los millonarios, los de la FIFA. La austeridad murió entre el show artístico, candelabros y banquete


En cuanto a la inauguración, no veo tan fácil elegir la imagen del 11 de junio pasado. Podría ser la de las fiestas y alegría colectiva que destacó El Universal en su portada o la del Estadio Azteca que remodelado, sigue siendo viejo por dentro, como lo mostró Excélsior. O la celebración del gol de México que presentó La Razón.

Pero, tristemente me quedo con la silla vacía destinada para la presidenta que, sin querer queriendo, mostró al mundo el vacío de poder que hay en México… Y la de las madres buscadoras hincadas frente a un gobierno sordo, insensible e inhumano… y la del impresionante despliegue policiaco, demostrando que tenemos un gobierno poderoso y represor.


Las presentaciones artísticas nada que representaran nuestra mexicanidad. El sonido muy pésimo.

Durante las últimas semanas se ha escuchado desde Palacio nacional la misma cantaleta: «Nosotros no somos represores, no somos Díaz, Ordaz… y por lo que vemos, resultaron peores”.

Las madres buscadoras lograron llegar al Azteca para mostrar al mundo que la tragedia persiste en el país, sin que ninguna autoridad las apoye. Y resulta que ahora la presidenta dice que las van a investigar. No investigan ni a los impunes ni a los narcos; pero a ellas, sí. Díganme si no son peores.


La presidenta no asistió a la inauguración para no sufrir la rechifla, pues ya se dió cuenta que el pueblo no la acepta.


Pero también, presuntamente porque no le dieron permiso, porque todos sabemos que ostenta el título no por su capacidad, sus conocimientos o su liderazgo, sino porque la impusieron, o que me desmientan Monreal y Ebrard. Yo pregunto a las mujeres, por esa liberación luchan, ese es el empoderamiento que exigen: llegar, aunque las manipulen

Cada día demuestra falta de carácter, de convicciones, de conocimientos y de concertación. Y está rodeada de gente que le impusieron y en nada le ayudan a resolver los problemas que van en aumento.


Pero, quizá valga la pena olvidar tanta amargura y disfrutar de la alegría futbolera, el jueves pasado lo vivimos, al hacerlo recordemos algo que ningún discurso oficial puede decretar: ser mexicano.


Ser mexicano no es una postura, es vivir esta alegría escandalosa y contagiosa, capaz de convertir un gol en fiesta nacional; es la capacidad de trabajo de millones de mexicanos que sostenemos al país, a pesar de sus malos gobiernos. Estos son los signos de identidad que ningún político nos logrará dividir, ni podrá quitarnos. Todas y todos somos eso, antes que cualquier etiqueta. El balón nos lo recordó el pasado jueves y a mí me lo hizo sentir Paulo Zambrano, cuando al encontramos, al verme, dijo:» Eso es fervor patrio”.