—La sexualidad ¿tabú?
Por: Rafael Domínguez Rueda
Israel Salgado, el periodista, me dijo que yo tengo 7 seguidores. Uno de mis hijos también me comentó que mis contactos son contados. Eso, a mí no me preocupa, porque soy ajeno a las redes sociales. El celular lo uso para hacer y recibir llamadas telefónicas y atender mensajes de WhatsApp.
Lo anterior lo comento porque, por una palabra que empleé al final de mí artículo de la semana pasada, he recibido más de 50 comentarios, ya sea por teléfono, chat o de viva voz.
Consulté a un experto en Redes Sociales para que me explicara la diferencia entre mis seguidores y mis lectores. Él me manifestó: «Son cosas diferentes. Usted colabora en un periódico. Cada ocho días que aparece su texto, hay personas que bajan el contenido, de ellas, unas los envían a sus conocidos, mientras otras lo suben a sus plataformas. Así que los lectores de estos tres medios que leen su columna, son poco más de 500 personas. Me quedé asombrado. No podía dar crédito”.
Pero, vamos a la palabra que dio motivo a opiniones encontradas, pues, mientras para unos no tenía por qué usarla, para muchos qué bueno que la expresara y para otros tantos es urgente explicarla, pues últimamente la sexualidad se ha degenerado.
Las iglesias cristianas, entre ellas la católica, consideran que el propósito fundamental del sexo es la procreación. Desde el punto de vista meramente biológico esa afirmación es irrebatible. Sucede, sin embargo, que en la vida humana hay factores que van más allá de la biología. Me refiero a que el casarse es una decisión muy importante y el amor es lo básico. Pero no es el único motivo, también las ganas de pasar el resto de la vida al lado de esa persona especial en la búsqueda del placer; desde luego, crear una familia. El goce que deriva de la sexualidad ha sido visto siempre con escrúpulo y animadversión por ministros y sacerdotes. Según el catecismo católico los enemigos del alma son mundo, demonio y carne. Yo creo que el verdadero enemigo no es la carne ni el mundo, sino uno mismo al quebrantar las leyes de la naturaleza.
Según el Génesis, el Creador le dijo a la primera pareja humana: «Creced y multiplicaos…» Entonces, el primer mandato del Creador a la raza humana es unirse, casarse para crecer en unidad, igualdad, intimidad
En su realidad más profunda, el Creador les entrega el amor que es esencialmente don y el amor conyugal que permite a los esposos a su recíproca donación y que los hace «una sola carne». Es una entrega que no se agota. Es un acto en el que el tiempo parece desvanecerse y la entrega mutua se convierte en una explosión de emociones, de gozo y felicidad. Más que sólo placer, hacer el amor es transportarse a un espacio donde una pareja se desborda en sentimientos y entrega, compartiendo lo más sensible y sincero de cada uno.
La ciencia ha aportado elementos preventivos, de protección y para ayudar la función varonil; pero la Iglesia Católica los prohíbe, a pesar de que la realidad demuestra que los usan infinidad de creyentes. Pero, no nada más las religiones. También los Talibanes, en 2023, ratificaron la prohibición del uso de anticonceptivos, a las mujeres. No obstante que son elementos positivos que permiten a las parejas dar y recibir amor satisfactoriamente y disfrutar plenamente de su sexualidad, sin la preocupación de un embarazo no deseado o dejar a la pareja insatisfecha.
Y es que el sexo que naturalmente sirve para perpetuar la vida, culturalmente sirve, sobre todo, para enriquecerla, para consolidar la unión, ya sea mediante la manifestación del sentimiento amoroso en cuya fusión van juntos la carne y el espíritu, ya como mera hoguera que consume lo erótico, en lo cual no hay nada de maldad o de pecado, pues ese placer se obtiene sin daño para nadie y con el consentimiento libre y voluntario de los participantes.
La religión ha hecho que la relación sexual, el placer vaya unido a un sentido de culpa. Este artículo, en su modesta forma de orientar, pretende en esta ocasión ser libertadora.
Lo que sí es reprobable, no porque la religión lo diga, sino. simplemente, porque van «contra natura»: el adulterio, incesto, homosexualidad… Y aunque esta tenga su origen en la genética, la verdad es que se practican por el relativismo imperante.
Es verdad que a nadie se le puede prohibir cohabitar con quien quiera, del sexo que sea. A nadie se le puede impedir que conviva, incluso sexualmente, con quien sea de su misma orientación sexual. Dios nos hizo libres, incluso para pecar, para destruimos, para degradamos. Debemos por ello, respetar a todo mundo y a nadie discriminar, sea de la tendencia sexual que sea.
En nuestros días va creciendo la degeneración a causa del relativismo. El relativista, al ser superficial y mediocre, contagia a las personas que se encuentran en su entorno con una enfermedad que lleva a no asumir las responsabilidades personales y sociales.
Hay quienes dicen que el homosexualismo tiene su origen en la genética. Otros piensan que lo que en verdad es contra natura es el celibato religioso. No falta quienes creen que sí un hombre y una mujer atraen no importa que cometan adulterio.
A mi juicio lo que debe privar es la libertad. Si alguien quiere ser célibe por motivo de religión, que lo sea; es algo loable. Si alguien quiere ser homosexual, que goce también esa libertad, consciente de que es una desviación, pues, como dice Freud, son invertidos.
«El amor solo se da entre personas virtuosas», expresó Aristóteles.
