-¡Feliz Año Nuevo 2026!
Por: Rafael Domínguez Rueda
¡Oh, sí, Feliz Año Nuevo 2026 les deseo a mis familiares, amigos y lectores! Espero yo que este año el Creador me siga concediendo el don de vivir, ante todo, y con él la salud, otro regalo inapreciable, así como el de la fortaleza, esa fuerza y vigor que me permitan cumplir mi misión en este mundo, siendo empático, productivo, perseverante, tener propósitos y ser entusiasta.
Si el Dador de la vida me conserva y fortalece esos bienes procuraré vivir divinamente para merecerlos. También espero recibir el tesoro del amor, pero no el romántico que es posesivo, ni el platónico que no puede llegar a materializarse, sino el amor más puro que se entrega sin restricciones a los padres, a la pareja, a los hijos y a los amigos. Recibirlo y más importante aún saber dar mi amor a quien lo necesita.
Espero seguir sintiéndome feliz. Estoy convencido de que a esta vida venimos a ser felices. Nos decía Aristóteles: «La finalidad de tu vida, como la de todos los seres humanos, es la felicidad. Y la felicidad no consiste en la riqueza, ni en los honores, ni en la salud, esas cosas pueden ser deseables, pero no son el fin último de la vida”.
La felicidad que «se logra con la práctica de la virtud»,» según Aristóteles, es el cometido primordial en la vida de este inquieto andariego que camina en sintonía con el universo y a través de la magia de la crónica se conecta con su divinidad, haciendo que cada momento de su día sea desapercibidamente grandioso.
Momentos de dicha, como el goce de estar en casa; el diálogo cordial con uno mismo; la grata compañía de los amigos verdaderos; el café de la mañana que prepara con gusto la compañera; la sensación del trabajo bien cumplido, la reunión que en familia se disfruta; las reuniones con asociados para aportar algo en beneficio de Iguala que no sólo estrechan nuestras relaciones, sino aprende uno mucho de los demás; el anhelado viaje que nos ilustra; los momentos agradables que nos ofrece la lectura de un libro, la Tablet o el periódico; el descanso merecido después de la jornada; todas esas y mucho más maravillas inadvertidas que la rutina nos impide valorar.
Trataré de saber apreciar lo valioso que hay en la naturaleza, pues en ella el Creador de todas las cosas nos entrega su tarjeta de presentación.
Voy a procurar ser parte de la alegría de los demás y compartir sus tristezas. Procuraré ser causa de concordia, no motivo de divisiones; revestirme con el manto de la tolerancia ante los impertinentes, algo que no exige renunciar a lo que somos, sino aprender a convivir con lo que otros son; conservar la imagen de rectitud, pues el tiempo descubre todo: las mentiras más ocultas, las razones más ciertas y a las personas más mentirosas, corruptas y falsas.
La vida está hecha de momentos buenos y de malos ratos, de acciones corruptas y cómplices que se prostituyen; procuraré no dejarme llevar por la corriente
Y, finalmente, como columnista ya me hice mi propósito de Año Nuevo: no cejar en mi empeño de predicar en el desierto. La verdad sea dicha, a los escribidores de periódicos nos gusta predicar en el desierto.
Sabemos que no nos harán caso, entonces así podemos decir con acento melodramático y tono lamentoso: “Estoy predicando en el desierto”. Y en efecto, así es, nuestra voz, nuestras opiniones, nuestras iniciativas se pierden en el gris horizontes de la indiferencia.
Nunca me he equivocado en mis iniciativas, en las propuestas y no lo digo por jactancia.
Mi esposa me dice: «Tú y tus propuestas». Mis amigos me dicen «Como eres pendejo, a ningún Jefe le gusta que lo aconsejen”. (El calificativo es porque hay confianza entre nosotros y no me molesta que me digan la verdad).
Una cosa debo reiterar en favor de mis sugerencias, jamás han sido erradas. Siempre me ha asistido la razón, como cuando pronostiqué que «era un peligro para México” y en 7 años lo confirmó. O cuando advertí la reconstrucción del Centro Histórico, casi borraría nuestra historia; ahora ya no tenemos derecho a obtener recursos federales y menos internacionales. O cuando remodelaron el Museo de la Bandera y tapiaron todas las ventanas.
Nunca me he equivocado yo en mis iniciativas. Una que la autoridad vio con buenos. ojos y se comprometió a realizarla, tan pronto terminara la reconstrucción del Centro Histórico, sigue pendiente, como es: colocar en forma paralela otra asta bandera para que se izen al mismo tiempo la bandera de las Tres Garantías y la enseña actual.
¿Ingenua mi manera de proponer? Lo sé pero es algo positivo, algo que nos da identidad y nos llena de orgullo, pues esta ciudad de Iguala fue la primera en asistir al amanecer de nuestra Independencia.
