Felices Fiestas de Invierno

Por: Rafael Domínguez Rueda

El tiempo que en este mes de diciembre aviva recuerdos, enciende emociones y despierta sentimientos, es el combustible de la vida que resulta por nuestras culpas, perdido, por nuestros daños, lamentado, por nuestros días de dolor, llorados y por nuestras realizaciones, enaltecido, especialmente cuando lo hemos utilizado con espíritu de resignación ante la ley de la vida y con el deseo de que no se marchiten en el sentimiento las dos hojas que nos tocan en ese árbol de la ciencia del bien y de la comprensión que son la de la fe y la del amor.

Pero, también es momento de reflexionar y hacer un balance de lo que hemos realizado en nuestra vida cotidiana para tratar de superar nuestras limitaciones y hacemos la vida más placentera, siempre acatando las leyes físicas, morales y espirituales que nos han heredado nuestros padres para vivir en un mundo más confiable, seguro y de bonanza.


Estas celebraciones, únicas en el mundo, se inician el 12 de diciembre en que todo México le rinde pleitesía a la Morenita del Tepeyac; continúan, a partir del día 16 las populares Posadas, ocho días mágicos que conmemoran la peregrinación solitaria de José y María a la ciudad de Belén, donde no encuentran alojamiento y como nadie les quiere dar posada, se tienen que refugiar en un establo fuera de la población.


En estos días parientes, vecinos y amigos se reúnen en barrios y colonias cada noche para escenificar el viaje de los Santos Peregrinos.


La tradición es formar una comitiva de todas las edades, principalmente chiquillos que van por las casas con velas en las manos cantando la Letanía, portando las andas con las imágenes de María y José, y al llegar al domicilio de cada uno de los que ofrecen la posada (generalmente son 5: el de las velas y luces de bengala, aguinaldos de dulces, aguinaldos de fruta, ponche y piñatas) y al llegar al hogar se forman dos grupos, uno que queda fuera pidiendo posada y otro adentro que responde.

Al término del recorrido viene el festejo que se lleva a cabo en la calle, pues asisten poco más de un centenar de personas que se acomodan en sillas. Los niños y los jóvenes, vendados de los ojos, mientras les cantan, intentan con un palo en la mano, quebrar la piñata que cuelga de una cuerda.


El simbolismo de la ruptura de la piñata es: la olla, revestida vistosamente, representa a Satanás o al espíritu del mal que con su apariencia atrae a los hombres. La colación que encierra la olla de la piñata representa los placeres mundanos de la vida que ofrece a los humanos para atraerlos a su reino. La persona vendada, a la fe, que debe ser ciega y que se encarga de destruir al espíritu maligno. En conjunto: la lucha que debe sostener el hombre, valiéndose de la fe, para destruir las malas pasiones. Una vez rota, la gente se abalanza a recoger lo que cae: dulces, fruta…

Luego, los niños se forman para recibir aguinaldos y a continuación se reparten a los adultos, junto con el ponche.


La última noche, o sea, el día 23, de las llamadas Posadas, curiosa mezcla de devoción y esparcimiento, pero un cuadro muy tierno y ejemplo de unión familiar, después de repartirse los aguinaldos como cada noche, las familias participantes coloca una mesa y sobre de ella, ponen la cena que ofrece: tamales y atole, bocadillos, enchiladas, hot dog, chilaquiles, pizzas y otros muchos platillos, hasta decir «barriga llena, corazón contento”. Continúa el show de un payaso, prologándose la fiesta con un baile.


Sin duda, las Posadas son una fiesta comunitaria que se llena de colorido con el canto de la letanía, el rompimiento de la piñata y todo un variado y peculiar ágape de platillos, dulces y ponches que propician el acercamiento familiar y la convivencia vecinal, dos valores esenciales para fomentar el sentido de comunidad, mejorar la seguridad y elevar la calidad de vida.


La noche del 24 de diciembre ilumina profusamente el hogar, pues reúne a la familia para celebrar la Nochebuena con una cena muy especial.


Y, como cada diciembre, que es meta del calendario entre el recuerdo y la esperanza, entre el cempasúchil de los Fieles Difuntos y la nochebuena de la navidad, les deseo que, en los umbrales de 2026, el Tiempo solamente les brinde noches y días de contento, de entusiasmo y prosperidad.