—Homenaje post mortem
Por: Rafael Domínguez Rueda
En la calle, lado sur del Zócalo, durante la develación de una placa con el que el Gobierno y el pueblo de Iguala honraron la memoria de Guillermo Soberón Acevedo, en el año del Centenario de su natalicio, el 22 de febrero de 2025.
Cuando se recuerda la vida de un patriota como el que hoy homenajeamos, no se hace únicamente para dar datos o para que su obra sea admirada como una estampa del pasado, sino con el propósito de que sirva de ejemplo clarísimo, sobre todo para la juventud, pero también para que sirva de inspiración en el presente y para que se sopese su obra y se proyecte como una lección en el porvenir.
Este acto no es una simple develación de una placa, sino el homenaje más sentido post mortem que el gobierno y el pueblo de Iguala rinden al Dr. Guillermo Soberón Acevedo, a quien en vida, el Cabildo de Iguala, en 2013, reconoció como HIJO PREDILECTO.
La grandeza de los pueblos no se mide solamente por las obras materiales, ni por la riqueza de sus ciudadanos, ni por el poderío militar. Nos hemos dado cuenta que, a través de la historia, la grandeza de los pueblos se mide por el culto a los héroes, a los sabios, a los filósofos, a los pensadores, a los estadistas, simbolizado por los bustos, las estatuas o las placas que perpetúan su memoria.
El tiempo se detiene en una placa, el espacio se hace pequeño, con el golpe constante a la atención que tiene el bloque de mármol. La placa significa un libro abierto, una cátedra llena de luz, en donde cada pueblo puede mirarse el alma y tomar el pulso de su conciencia. La placa es un aviso a la humanidad, un alerta a los jóvenes, un consejo y consuelo a los adultos mayores, porque la placa está perpetuando el minuto que huye. Ya no tendremos, como Josué que pedirle a Yahvé: «Sol, detente en Gabaón», porque esta placa está deteniendo el minuto fugaz y transitorio y perpetuando el nombre del igualteco más notable de todos los tiempos.
Hacer una presentación del DR. GUILLERMO SOBERÓN ACEVEDO no es una tarea fácil de desarrollar, porque el galeno sobresalió de manera excepcional en todos los ámbitos de sus actividades: como hombre tenaz y recto, investigador, científico, maestro emérito, servidor público valiente y eficiente, Rector transformador, Secretario de Salud reformador, académico, innovador de la Constitución, autor de más de 200 trabajos y un ser humano extraordinario.
Protagonista de más de 60 años de historia de la educación, la salud y la cultura en México y más allá de sus fronteras, así como de la creación y el desarrollo de un centenar de instituciones, el doctor Soberón es artífice de dos grandes iniciativas relevantes, como lograr se reformaran los artículos tercero y cuarto de la Constitución, así como modificaciones a la ley general de Salud y un persistente impulsor de políticas públicas a favor del bienestar de los mexicanos.
La vida de tan ameritado suriano fue, por larga y caudalosa, parecida al río de Las Balsas.
El Dr. Guillermo Soberón Acevedo prestigió la vida académica, científica y cultural del país, pues perteneció a seis Sociedades científicas nacionales y siete del extranjero. Además, fue recipiendario de once doctorados Honoris Causa, siete del país y cuatro del extranjero.
Como Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, en pocas palabras no ha habido otro Rector que lo supere en mejoramiento de la infraestructura en general, la capacitación profesional y la superación académica.
Durante su rectorado participó en el fortalecimiento del futbol, el mejoramiento de los Servicios Sociales y como Presidente de la Asociación Internacional de Universidades proyectó decididamente a la Enseñanza Superior de México.
Los logros de Guillermo Soberón, en síntesis, lo señalan como la figura más relevante en el campo de la salud del siglo XX en México.
Por lo anteriormente motivado y para que este acto no resulte intrascendente, me permito sugerir a esta muy representativa Asamblea se proponga impulsar una iniciativa para que el nombre de Guillermo Soberón Acevedo se inscriba con LETRAS DORADAS en el muro de Honor del Congreso, ya que es el igualteco más ilustre de todos los tiempos, el guerrerense más relevante después de don Vicente Guerrero, el mexicano más notable del Siglo XX y un ciudadano universal.