IRZA
Chilpancingo, Gro., Encabezados por su director, el sacerdote José Filiberto Velázquez Florencio, integrantes del Centro de Derechos de las Víctimas de Violencia “Minerva Bello” recibieron en la embajada de Países bajos en México el premio anual “Tulipán” que entrega ese país por la defensa de derechos humanos.


El premio lo dedicaron a Yanqui Kotan Gómez Peralta, normalista de Ayotzinapa, y al sacerdote Marcelo Pérez, asesinados en marzo del 2024 al y en septiembre del 2024 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, respectivamente, así como a Jesús Alaín Vázquez Pérez, normalista de Mactumatzá, Chiapas, quien falleció en mayo de este año cuando cayó de una camioneta al ser perseguidos por policías estatales.


El sacerdote católico, José Filiberto Velázquez Florencio, dijo el premio “Tulipán” es un “reconocimiento institucional, un gesto político y profundamente humano, y significa que alguien ha decidido mirar, escuchar y acompañar realidades que muchas veces permanecen invisibles. Realidades marcadas por el dolor, por el miedo y por el abandono en territorios donde la violencia se vive todos los días y donde construir paz parece, a veces, un acto casi imposible”.


Señaló que “Guerrero es un estado atravesado por graves violaciones a los derechos humanos, desapariciones, desplazamientos forzados, violencia armada, pobreza estructural y una impunidad que duele, que se normaliza y que se hereda. En este contexto, hablar de paz no es un discurso abstracto ni una consigna vacía. Hablar de paz es hablar de una necesidad urgente, concreta y cotidiana”.


Sostuvo que “las víctimas no son cifras ni expedientes. Son personas con nombres, con historias, con sueños interrumpidos. Acompañarlas no es un favor; es una obligación ética y un deber de defender la dignidad humana”.


Y recordó a doña Minerva Bello, quien murió en 2017 “sin saber el paradero de su hijo Everardo Rodríguez Bello y sus 42 compañeros de Ayotzinapa. A ellos y a quienes siguen siendo buscados, a quienes esperan verdad, justicia y memoria”.


Resaltó que la defensa de los derechos humanos “no es un esfuerzo aislado. Que la solidaridad internacional importa. Que voltear a ver territorios como Guerrero también es una forma concreta de comprometerse con la justicia, con la paz y con la dignidad humana, más allá de las fronteras”.