Por: Álvaro Venegas Sánchez

Los dirigentes de la oposición entienden pero no comprenden. Entender implica percibir por medio de la inteligencia el problema, un hecho, el por qué, el sentido de algo. Comprender lleva a justificar los actos, motivos o sentimientos de alguien. Son inteligentes sin duda y por tanto, saben, conocen el problema y el sentido que tenía la iniciativa de reforma de la Presidenta: reducir el gasto electoral y todos los legisladores sean electos, aun cuando representen proporcionalmente a su partido.

Precisamente es lo que no justifican. No comprenden los sentimientos y motivos de Sheinbaum. Ella escuchó una demanda ciudadana, se comprometió y trata de cumplir. Cuestión de valorar lo dicho por el panista Homero Niño: es un panfleto ideológico trasnochado que no podemos calificar como una iniciativa, nació muerta, no tuvo el consenso ni siquiera de sus aliados políticos. Por su parte Abigail Arredondo (PRI) manifestó: la confeccionaron en la clandestinidad y para César Alejandro Domínguez (también priista) “la propuesta apuntó a debilitar el pluralismo político”.

Tantos días de análisis y trabajo previo para a elaborar la propuesta presidencial para que en dos horas las fracciones parlamentarias del PRI, PAN, MC, PT y el PVEM la frenaran. Convergieron, cada quien con sus términos, defendiendo los intereses de las minorías del electorado y de sus partidos (en la última elección Morena tuvo más votos que la suma total de todos ellos juntos). Los tóxicos argumentos de otros de los tres primeros partidos no valen la pena recordarlos. Veamos que dijeron en esencia Carlos Puente Salas, PVEM, y Reginaldo Sandoval Flores del PT.

Puente Salas apeló a la alianza que tienen con Morena desde el 2018, pero defendió que las reglas del juego electoral deben aprobarse “por consenso”; como si las elecciones fueran cosa o tema de competencia exclusiva de los partidos; asimismo insistió en repartir el financiamiento de manera equitativa. Quedó claro así el interés: dinero y respeto a privilegios.


El petista Sandoval Flores aseguró: el PT está 100 por ciento con la Presidenta; sin embargo pidió, “entiendan nuestra postura” y fue enfático al puntualizar que la iniciativa, de aprobarse, “conduciría a un partido de Estado”. Para mayor sorpresa, revindicó la reforma electoral de 1977, de José López Portillo y la de 1996, de Ernesto Zedillo: “esas reformas permitieron que en julio del 2018 la minoría llegara a ser mayoría y tomara el poder con Andrés Manuel López Obrador”. Para él, nada que ver el hartazgo ni la movilización popular contra las políticas de los gobiernos del PRI y el PAN; todo fue, le parece, gracias a las virtuosas reformas de López Portillo y Zedillo.

Una acotación más al coordinador de la fracción del PT. Cierto, con la reforma electoral de 1977, llegaron vía plurinominal a la Legislatura LI (1979-82), los primeros legisladores de izquierda; entre ellos, expresos políticos como Valentín Campa y Othón Salazar Ramírez. Histórico líder ferrocarrilero el primero y dirigente del MRM el segundo; ambos del Partido Comunista Mexicano (PCM). Después, a las cámaras del Congreso llegaron también el ilustre luchador y prestigiado Ing. Heberto Castillo y la atrevida e incansable Rosario Ibarra de Piedra.


Y de esa estirpe, representando al Distrito 23 del entonces DF, ingreso a la LII Legislatura (1982-85) Pablo Gómez Álvarez; tribuno a quien el PRIAN odiándolo, léase bien, engrandece y honra en vida.


Pero atención: aquella oposición era un conjunto de personalidades nacionalistas, patrióticas, identificadas con las causas del México profundo, reconocidas y respetadas por el pueblo. ¿Cómo compararla con la oposición corrupta, politiquera, conservadora y vende patria de hoy? ¿Con quién de los mencionados podrían igualarse Alito, Marko Cortés, Ricardo Anaya, Jorge romero, Rubén Moreira, Xóchitl Gálvez, Lilly Téllez, Carolina Viggiano, Kenia López Rabadán?


La iniciativa de la Presidenta no pasó gracias a los aliados de Morena y hay que dar la vuelta a la página. Para el MOVIMIENTO, a propósito con mayúscula y ojalá se entienda por qué, los dirigentes de los partidos Verde y del Trabajo, parecen no querer seguir haciendo historia al lado de Morena en la construcción del segundo piso de la Cuarta Transformación. En adelante acompañarán, pero han dado la señal que sería según convenga a sus intereses de partido. Están en su derecho.


Ahora, la ciudadanía leal al Movimiento, ve a los dirigentes de estos partidos, igual que aquellos diputados morenistas que votaron en contra u optaron salirse para no comprometerse; ejemplo la tristemente célebre Olga Sánchez Cordero. Cual sea el futuro inmediato, el pueblo sabe que tendrá que seguir luchando.


Iguala, Gro., marzo 16 de 2026