Israel Salgado Uriostegui
Iguala, Gro., Para los productores del campo ya es incosteable sembrar las tierras, pues cada hectárea representa una inversión de por lo menos 40 mil pesos; por ello, si el Gobierno del Estado y el Gobierno Federal no garantizan un precio justo, se dejará de sembrar.
Basta con imaginar que a una hectárea se le extraigan seis toneladas y que estas se paguen a cinco mil pesos cada una: es evidente que no se recupera ni la inversión y se generan puras pérdidas. Por lo tanto, muchos campesinos están optando por vender sus parcelas.
Lo anterior bajo el supuesto de que el temporal sea favorable, ya que, por si fuera poco, los agricultores arriesgan su capital sin saber si las lluvias serán buenas o malas; aun así, le apuestan al campo. Sin embargo, así como la falta de agua afecta a la milpa, el exceso de lluvia también resulta perjudicial. Para lograr una buena cosecha, el temporal debe ser equilibrado: que no falte agua, pero que tampoco sobre.
Para los productores, los apoyos gubernamentales actuales son insuficientes. Recuerdan con nostalgia los tiempos de bonanza en los que recibían toneladas de fertilizante, mientras que hoy apenas reciben unos cuantos bultos.
Como consecuencia, las tierras de cultivo se están extinguiendo. Basta con dar una vuelta por la huerta de San Andrés para notar cómo esos terrenos de siembra ya se están lotificando.
Los agricultores ya no quieren trabajar la tierra. Es por eso que, en esta ocasión, reclaman al Gobierno del Estado el apoyo con la semilla, pues los ejidatarios confían en que habrá un buen temporal. Al respecto, Joel Román Millán, presidente del comisariado ejidal, busca que se aminore, en la medida de lo posible, el costo de inversión para la siembra.
Es una realidad conocida que el campo está abandonado y que requiere del auxilio de las autoridades estatales y federales para seguir siendo productivo. La situación se agrava cada vez más, pues los ejidatarios actuales son adultos mayores de 50 años y sus hijos ya no desean trabajar las tierras al ver que el campo no es rentable. Hoy en día, se siembra solamente para subsistir.
