Por: Álvaro Venegas Sánchez

Mañana, 20 de enero, Donald Trump cumple un año de haber asumido la presidencia de Estados Unidos por segunda ocasión. Al convertirse en férreo crítico de las políticas y el desempeño de la administración del Partido Demócrata recuperó notoriedad, simpatía en sectores conservadores y confianza en empresarios multimillonarios; estos no dudaron de invertir recursos para fortalecerlo en su pretensión de regresar a la Casa Blanca viendo la posibilidad, obviamente, de incrementar sus riquezas. La indecisión de Joe Biden para retirarse a tiempo limitó a Kamala Harris y favoreció el triunfo del republicano.

Los 365 días parecen haber transcurrido con la prisa que traía Trump “para devolver la grandeza de América” como un designio de Dios. Dijo eso luego de protestar con la mano izquierda sobre la biblia y, sin perder tiempo, comenzó a procesar sus ofertas de campaña firmando y publicitando acuerdos de aplicación inmediata.


Algo está pasando en estos tiempos. Políticos de la ultraderecha, ganan elecciones sin mentir a los electores. Trump todo anticipó de varias maneras y no es el único. Javier Milei, presidente de Argentina, hace exactamente lo que prometió, despidió trabajadores y aplica recortes al presupuesto en gastos indebidos según él; en campaña, incluso exhibió la motosierra que usaría y está cumpliendo. En Chile, a punto está de ocurrir algo similar con el derechista que ganó la elección presidencial; son ejemplos.


Ninguno de los tres ofreció luchar por bienestar para la mayoría. En Estados Unidos da igual que gobiernen demócratas o republicanos, pero ¿acaso las fuerzas políticas que gobernaban y fueron desplazadas en Argentina y Chile fallaron, resultaron peor y por eso los electores optaron por el retorno de la derecha? La interrogante requiere un verdadero análisis y no una respuesta simplista. Queda ahí para otra reflexión. Mientras centremos la atención en lo hecho en un año y qué podemos esperar en tres que le quedan a Donal trump.

Lo primero fue amnistiar a los que asaltaron el Capitolio para descarrilar el triunfo de Biden; aseguró terminar con la guerra en Ucrania y solo regañó a Zelenski, pero el conflicto sigue. Con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha tenido un magnífico entendimiento. El alto al fuego fue pura simulación, en la franja de Gaza el exterminio sigue; la certeza de las niñas y niños gazatíes es que morirán en cualquier momento. Netanyahu con respaldo de Trump determina qué hacer y sólo ellos decidirán cuando empiezan a remover escombros para construir el resort turístico.


Viendo al Norte pensó convertir Canadá en un estado más de la Unión Americana y hacerse de Groenlandia; mirando al Sur del continente la primera ocurrencia fue cambiar el nombre del Golfo de México y para fortalecer la economía la solución la encontró aumentando aranceles a todos los productos de importación sin fijarse procedan de países amigos, socios o aliados, “porque todos se han aprovechado de Estados Unidos”.


En paralelo Trump abandonó los acuerdos de Paris porque según su opinión “el cambio climático es puro cuento”; retiró a su país de la Organización Mundial de la Salud y para la ONU no guarda respeto. A la Asamblea que asistió la utilizó para hablar con prepotencia y advertir a las naciones “o están con Estados Unidos o su destino será el infierno”. La acción bélica la madrugada del 3 de enero contra Venezuela, fue un mensaje muy claro para todos los pueblos latinoamericanos de hasta dónde está dispuesto a llegar para robarse los recursos naturales que necesita su imperio.


Al interior de Estados Unidos los estragos del autoritarismo y las políticas trumpianas las resienten parejo inmigrantes y ciudadanos estadounidenses no millonarios. La retención de los recursos para funcionamiento del gobierno no perjudicó a las élites, lo mismo pasa con las redadas. A Trump nada detiene, excepto, dijo, su propia moralidad. El derecho internacional para él no es obstáculo. Y el colmo, Stephen Miller, subjefe de gabinete, considerado el más poderoso consejero del presidente y arquitecto de la brutal política antimigrante, es partidario de atacar a México.


A la luz de estos acontecimientos, si en un año Donal Trump tiene en tensión al pueblo de Estados Unidos y de otros países del mundo ¿qué podemos esperar los mexicanos de los tres que le quedan?


Iguala, Gro.,enero 19 de 2026