La enseñanza de la historia

Por: José Rodríguez Salgado

A la maestra Magdalena Vásquez Martínez, con admiración y afecto.

La doctora Josefina Zoraida Vázquez, trabó una gran amistad     en El Colegio de México con Eduardo Blanquel, que pertenecía a su propia generación, aunque él provenía de Historia de México y ella de Historia Universal. Finalmente se casó con un historiador que iba a hacer su doctorado en Harvard. En ese entonces Cosío Villegas buscaba candidatos para impartir clases de historia en Estados Unidos. Cuando regresó de su luna de miel, le ofreció una beca Rockefeller para estudiar la historia de aquel país en la misma universidad y esa fue otra maravillosa oportunidad que pudo aprovechar.

Su estancia en Harvard resultó una de las experiencias más ricas, una universidad modelo, con recursos y posibilidades casi ilimitados. En sus aulas se congregaban los mejores estudiantes y la competencia académica era obsesiva. Durante el primer semestre sufrió un poco, sobre todo por el idioma; después se volvió realmente agradable estar dedicada por completo al estudio. Aquella fue una etapa definitiva en su formación.

Desafortunadamente cuando regresó a México se encontró con que don Daniel ya no era presidente de El Colegio de México. Su lugar lo había tomado Silvio Zavala, otro historiador con un proyecto distinto. La situación difícil cambió cuando llegaron a la presidencia Víctor L. Urquidi y a la dirección de estudios históricos Luis González, profesionistas afines a Cosío Villegas. Esto definió su carrera y consideró que valía la pena quedarse en la institución.

  Desde su época de estudiante sintió una gran preocupación por la enseñanza de la historia. No deseaba impartir sus clases como lo habían hecho la mayoría de sus maestros, por eso viajó a Argentina. Enseñar y aprender historia depende mucho del nivel escolar. En la primaria no se puede ir muy lejos, lo que puede hacerse es esbozar una explicación de los hechos lo menos parcial posible.

A los niños pequeños no les interesa la historia analítica, pero aprecian un buen relato. Es difícil hacerles entender que existe más de una versión de la historia. Sólo en los niveles posteriores los alumnos tienen la capacidad de comprender el relativismo histórico. Para lograrlo se requieren maestros investigadores y la visita constante a los archivos y a las fuentes históricas.

Los maestros no deben limitarse solamente a transmitir síntesis y esquemas, sino que también deben cotejar los documentos y formular interpretaciones diversas. Las clases de historia ganan mucho en la discusión; la confrontación de las fuentes y la revisión de las investigaciones recientes. Además de un marco teórico hay que tener fuentes documentales.

La enseñanza de la historia se profesionalizó en El Colegio de México con la carrera de historiador, disciplina que en la UNAM sólo existe una como Maestría que formaba a los profesionistas. Antes de esa época los historiadores se instruían de manera autodidacta. Casi todos eran abogados o intelectuales, como don Lucas Alamán, el médico Lorenzo de Zavala y don Carlos María Bustamante.

Después llegaron a México algunos historiadores españoles: Iglesias, Miranda, Wenceslao Roces,  José Gaos, que pusieron las bases de la nueva profesión. Ellos tuvieron discípulos brillantes y continuadores como Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Moisés González Navarro, Andrés Lira, Bernardo García, Miguel León Portilla y Alfredo López Austin. Algunos iniciaron nuevas formas de acercamiento a la historia, entre ellos Enrique Florescano y Luis González. Éste se dedicó brillantemente en lo que se denominó microhistoria.

La doctora Josefina se interesó en la historia intelectual y la política, pero se adentró en la historia económica para entenderla. Cree que somos capaces de resolver nuestros propios problemas y no seguir adoptando modelos del exterior, como lo hemos hecho en el pasado: liberalismo, positivismo, socialismo o estatismo, que nos han empujado en diversas direcciones. Continuará

Marzo 19 de 2026.