2026, Cien Años de Normalismo Mexicano

Por: José Rodríguez Salgado

Felicito al Profr. José Neófito Valladares Peralta, por su reciente cumpleaños. Adelante amigo.

El nombre del maestro Rafael Ramírez Castañeda, está ligado íntimamente a la creación y auge de las Escuelas Normales Rurales en el país. Nació el 31 de diciembre de 1885, en Las Vigas, estado de Veracruz. Por lo trascendente de su vida y obra es considerado el más grande maestro normalista mexicano. Fue de origen campesino, conoció la tienda de ralla de las viejas haciendas y sufrió al observar la miseria, la ignorancia y la injusticia que padeció el peón acasillado. Estudió para profesor de educación primaria y obtuvo el correspondiente título en la Escuela Normal Veracruzana.


Prestó numerosos y significativos servicios a la educación pública nacional. Murió en la capital del país el 29 de mayo de 1959. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres desde el 23 de marzo de 1976. Hace precisamente cien años por estos días la emblemática Escuela Rural Mexicana se constituía gracias a él, en una trascendente aportación de la política educativa nacional y paralelamente se inicia la vida del normalismo rural como institución formadora de maestros que el campo demandaba en su cometido de propiciar el desarrollo rural.


Don Rafael Ramírez, concibió al maestro como el profesionista de la docencia además de líder social que realiza tareas escolares y se vincula a la comunidad para ayudarla a resolver sus problemas. El profesor rural, es un profesionista al servicio del pueblo. Aprovecha toda su formación y cultura para transmitir a los alumnos los datos fundamentales del saber humano, para enseñarles las virtudes ciudadanas y fomentar el gusto artístico. El perfil del maestro rural diseñado por don Rafael, señala en los individuos y en la comunidad, el espíritu de superación y progreso.


Pero para que realice eficientemente las tareas de educar y guiar a la población, necesita estar rodeado de respeto, confianza y cariño de todos. Debe en primer término tener muy claro su sentido de compromiso social. Esta y un sinnúmero de reflexiones germinaron en muchas generaciones de profesores rurales en el siglo pasado, en donde su figura sobresalía por la ejemplaridad de su conducta. En pleno siglo XXI surge la motivación sobre la necesidad de rescatar la esencia y presencia del perfil exigido para el ejercicio del magisterio rural. Naturalmente México es otro, mejores comunicaciones, mayores presupuestos, precisión de líneas de acción en los programas educativos, la globalización de un mundo en mutación perpetua y la digitalización rampante que todo lo domina.

El 29 de octubre de 1960, se inauguró la estatua y el auditorio Maestro Rafael Ramírez, dentro de las instalaciones de la Escuela Normal Superior de México localizada entonces en las calles de Fresno #15, colonia Santa María La Rivera, Ciudad de México. Ahí el profesor Humberto Ramos Lozano, pronunció un célebre discurso a título de semblanza del maestro. Transcribo enseguida algunos fragmentos (quien se interese por la versión completa puede solicitarla al suscrito para que se le envíe) Desde niño su modo de ser siempre fue parco, reflexivo y profundo. Heredó de sus progenitores la reciedumbre de carácter y los perfiles de una personalidad distinguida. Con la hondura de quien se reconcentra en sí mismo para esculpir en el silencio de la conciencia las estatuas morales de una estética de la conducta.

Entre la escuela de su pueblo y la anexa normal de Jalapa, hizo los estudios primarios, habiendo ingresado a la normal de la capital veracruzana en donde obtuvo su formación normalista en 1905. Su primera actuación profesional fue en Tuxpan, Ver., pasando posteriormente a Orizaba y en 1908 se trasladó a Durango. En el Distrito Federal, trabajó como inspector escolar. A raíz del Centenario de la Independencia de México, fue profesor de la Escuela Industrial de Huérfanos “José María Chávez”. Por esos años fundó con otros maestros un plantel que denominarían “Escuela Nueva” para significar los anhelos de los profesores de modificar el régimen escolar de aquellos días.


Con el tiempo llegó a ser jefe del departamento de las Escuelas Rurales del país. Desde ese puesto solía expresar: “La escuela rudimental ideada para los campesinos en los primeros días de la Revolución se concretaba a enseñar a leer, escribir, hablar la lengua castellana y contar. La Escuela Rural de hoy considera ese programa insuficiente. La meta fundamental es enseñar todas aquellas cosas mediante las cuales la vida rural puede transformarse en sentido progresivo, esto es, enseñar a mejorar las condiciones de los hogares y la vida de la familia, mejorar su alimentación, el vestido, los métodos de trabajo, entretener y recrear a la gente y crear la vida social, en suma, capacitar a los campesinos para una vida menos pobre y atrasada”.


El maestro Ramírez hizo un evangelio de su amor por la Escuela Rural, porque pensaba como José Enrique Rodó “El maestro de América”, que la más preciosa y fundamental de las adquisiciones del espíritu es el alfabeto que da alas de inmortalidad a la palabra. Maestro por vocación, hombre con una extraordinaria sensibilidad profesional, su vida fue un ejemplo de consagración a la enseñanza. Incorruptible en sus convicciones y sujeto de valores.


La Escuela Rural, la Primaria, la Enseñanza Media y esta propia Escuela Normal Superior deben al gran educador mexicano respeto y admiración.
Enero 22 de 2026