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Ciudad de México, Julio 2.- La tragedia que vive Venezuela tras los terremotos del pasado 24 de junio continúa dejando imágenes que han dado la vuelta al mundo. Además de la destrucción y las labores de rescate, un fenómeno llamó especialmente la atención de miles de personas y, es que el cielo adquirió un intenso tono rojizo durante el atardecer.
Las fotos y videos comenzaron a compartirse rápidamente en redes sociales. Para algunos usuarios, el color del cielo parecía estar relacionado con los fuertes movimientos telúricos, mientras que otros aseguraban que se trataba de un fenómeno poco común.
Sin embargo, los especialistas explican que no necesariamente existe una relación directa entre un terremoto y un cielo completamente rojo.
Después de que comenzaron a circular las imágenes del cielo rojo, surgieron diversas teorías en internet. Algunas personas incluso afirmaron que era una consecuencia directa de los terremotos.
No obstante, la explicación científica apunta a un fenómeno atmosférico conocido como arrebol o candilazo, resultado de un proceso llamado dispersión de Rayleigh.
Este fenómeno ocurre principalmente durante el amanecer o el atardecer, cuando la luz del Sol atraviesa una porción mucho más amplia de la atmósfera antes de llegar a la superficie terrestre.
En ese recorrido, los colores azules y verdes se dispersan con mayor facilidad, mientras que las tonalidades rojas, naranjas y amarillas logran llegar con mayor intensidad a nuestros ojos.
Cielo rojo en Venezuela
El resultado puede ser un cielo completamente teñido de rojo o naranja durante varios minutos.
¿Los terremotos pueden intensificar ese color?
Aunque el arrebol no es provocado por un terremoto, sí existe una posible relación indirecta.
Los movimientos sísmicos suelen generar derrumbes, deslizamientos de tierra y grandes cantidades de polvo suspendido en el aire. Esas partículas pueden modificar la forma en que la luz solar se dispersa en la atmósfera.
Si además hay humedad o presencia de nubes altas, el efecto visual puede ser todavía más llamativo.
Por ello, los especialistas señalan que un terremoto puede favorecer ciertas condiciones atmosféricas que intensifiquen el color del cielo, pero no significa que el fenómeno sea consecuencia directa del movimiento de la Tierra.
Existe otro fenómeno que con frecuencia se confunde con los atardeceres rojizos.
Se trata de las llamadas luces de terremoto o Earthquake Lights, un evento poco común que ha sido documentado en distintos países antes, durante o inmediatamente después de algunos sismos.
A diferencia del arrebol, estas luces aparecen como relámpagos de diferentes colores, incluyendo tonos azules, blancos, violetas e incluso rojizos.
Los científicos consideran que podrían originarse por la enorme presión que soportan ciertas rocas antes de fracturarse.
Cuando esto ocurre, algunos minerales liberan cargas eléctricas que ascienden hacia la superficie e ionizan el aire, produciendo breves destellos luminosos.
Aunque todavía se estudia este fenómeno, cada vez existen más registros que respaldan su existencia.
Uno de los mitos más extendidos es que un cielo rojo puede anunciar un terremoto o servir como señal de que ocurrirá un desastre natural.
Hasta ahora no existe evidencia científica que respalde esa idea.
Los expertos coinciden en que el color rojo del cielo suele estar relacionado con procesos normales de la atmósfera y con las condiciones de iluminación del Sol durante el amanecer o el atardecer.
En algunos casos, factores como el humo de incendios forestales, la contaminación, el polvo o las cenizas volcánicas también pueden intensificar esos colores.
