El calor que no se ve…pero se siente – Don Chimino

Por: J. David Flores Botello

EL CALOR QUE NO SE VE… PERO SE SIENTE.- En estos días en que el calor aprieta desde temprano y parece no dar tregua, es importante entender algo que muchas veces pasamos por alto: el cuerpo humano no solo recibe el calor del ambiente, también lo produce y lo intercambia constantemente. El calor se mueve de varias maneras. Se transmite por contacto directo —cuando tocamos algo caliente—, por el aire que nos rodea, y también se pierde a través de la piel principalmente por la sudoración. El sudor no es solo agua: es el mecanismo más importante que tiene el cuerpo para enfriarse. Al evaporarse, se lleva el calor consigo. Pero en los niños, especialmente en los bebés, este sistema aún no está completamente maduro. Un bebé pequeño no transpira como un adulto. Su capacidad para sudar es limitada, su piel es más delgada y su regulación de la temperatura es inestable. Por eso, así como se enfría rápidamente cuando hace frío, también se sobrecalienta con facilidad cuando hace calor. El intercambio de temperatura en ellos es muy directo. Si el ambiente está caliente, el niño absorbe ese calor. Si está frío, lo pierde. Por eso el contacto cuerpo con cuerpo también transmite calor: una madre regula la temperatura de su bebé al cargarlo, pero ese mismo mecanismo, en un ambiente caliente, puede favorecer que el niño se sobrecaliente si no se toman precauciones. Cuando el calor supera la capacidad del cuerpo para disiparlo, aparece el golpe de calor. Y ahí es donde el problema deja de ser leve. Un niño con golpe de calor puede tener la piel muy caliente, enrojecida, a veces seca porque ya dejó de sudar, dolor de cabeza, mareo, vómito, irritabilidad o somnolencia. Puede incluso perder el conocimiento. En ese momento estamos ante una urgencia médica. Hay que actuar de inmediato: llevarlo a la sombra, aflojar su ropa, enfriarlo con paños húmedos, ofrecer líquidos si está consciente y buscar atención médica urgente. Pero el verdadero cuidado está en prevenir. No se trata solo de reaccionar, sino de anticiparse. Evitar la exposición al sol entre las 11 de la mañana y las 4 de la tarde, mantener a los niños en lugares frescos y ventilados, y ofrecer líquidos de manera constante, aunque no los pidan. El niño no siempre reconoce la sed a tiempo. La hidratación es clave. El agua simple sigue siendo la mejor opción. No refrescos, no bebidas azucaradas. Agua. Y hay algo que muchas veces se olvida: la piel también sufre. El sol no solo calienta, también quema. Las quemaduras solares en la infancia son acumulativas y pueden tener consecuencias a largo plazo. Por eso, el uso de bloqueador solar no es un lujo, es una necesidad. Se recomienda un factor de protección solar de 50 o más. Aplicarlo 20 a 30 minutos antes de la exposición, reaplicarlo cada dos horas y siempre después de nadar o sudar. No olvidar orejas, cuello, nariz, hombros y empeines. En los menores de seis meses, lo más seguro es evitar la exposición directa al sol y protegerlos con sombra, ropa ligera y sombrero. El calor no avisa. No da segundas oportunidades. Pero sí se puede prevenir. Y en este tema, como en muchos otros, no se necesita tecnología avanzada: se necesita conocimiento, atención y sentido común. Un niño no sabe cuándo está en riesgo.

Pero sus padres sí pueden saberlo. Y actuar a tiempo… puede salvarle la vida.
DON CHIMINO.- La Trevi no deja de ser ella, locochona pa´ vestir, bailadora, desmadrosa, muy crofesional y coneptada con las gentes que no dejaban de tomar videos pa llevarse un cacho de ella. Cuando salió al escenario llevaba una chamarra de mezclilla de mangas largas, con una faldita corta, tabliada, dejando ver la parte de arriba de su torniado muslo. Sus botas grises escuras de tacones anchos y altos se crolongaban hasta el muslo, se miraba que eran de piel, solo que taban abujeriadas dende media pierna hasta la mitán del muslo, el joyo más grande y circular taba mero en su muslo. Su cabello esponjado color canela güera le llegaba cercas de la cintura. No sé cuantas veces se descambió, en veces se miraba más rockera y en otras más arregladita, más elegante, más formal, se miraba como una señorona: con un vestido color entre gris, rosita y violeta, brillante, pegadito a su bien torniado cuerpo que agún todavía conserva. Sus botas le llegaban tambor hasta el muslo, de color gris claro y sin abujeros. Con esa ropa cantó esa que dice: “… Y me soltéé el cabelloo, me vestí de reina, me puse tacoones, me pinté y era beeella. Y caminé hacia la puerta y te escuché gritarme. Pero tus cadeenas no pueden paraarme. Y miré la noche, ya no era escura, era dee leentejas. En lo que cantaba, atrás de ella, taban dos filas de bailarines, primero tres chamaconas super guapetonas con vestidos cortitos, entallados, por debajo de la pompa y sin mangas, a un lado de ellas, con un vestido igual, un güey o güeya pelón, alto, con barba de candado cortita, mamado él. La otra fila, un poco atrás de la primera, otros cuatro bailarines, esos sí, vestidos como hombres, con pantalón, camisa de manga larga y todos los ocho del mismo color, de un negro con lentejuelas que con las luces del escenario en veces se miraba azul eléptrico y en veces violeta metálico. Cuando llegaron a la parte de la canción que dice: “Y todos me miiiran, me miiiran, me miiiran. Porque soy linda, porque todos me almiiran. Y todos me miiiran, me miiiran, me miiiran. Porque hago lo que pocos se atreverán. Y todos me miiiran, me miiiran, me miiiran. Algunos con envidia pero al final, pero al final. Pero al final, todos me amaráán” Y, ¡n´hombre! Cuando llegaron a esta parte, todas las gentes taban cantando a grito pelado y, si las chamacas movían muy bien el bote, el pelón mamado se desacía como loca, cortoníandose mas coqueta que ellas, los bailarines de atrás tambor se la gastaban bailando, con harto ritmo pero nada que ver con las mariconadas del cabeza de dorrilla. Ah, pero el julano que taba frente a mi y que se la pasó parado casi todo el tiempo, ese sí que etsageró porque, cuando cantaban la parte de “ y me soltéé el cabeello, me vestí de reina, me puse tacoones…” ¡N´hombre! ¡Se trasformó”, haga de cuenta que dende áhi onde taba, se coneptó con el cabeza de foco, hacía sus mismos movimientos y hasta le aventaba besos gritándole –“¡Papuuuchooo!”. Otra ropa que se puso la Trevi jue un top amarillo muy encendido, con flequitos, como si jueran plumas, una faldita corta, en forma de globo, con muchos colores: azul, rosa, naranja, se miraba muy juvenil. En sus brazos, guantes largos negros como de cuero, con otro par de botas negras, bien brillosas, diferentes de las anteriores, tambor le llegaban arriba de la dorrilla y con tacones anchos y altos. Y, anque su cara ya no es de muchachita y se le nota el paso de los años, siempre mostró seguridá, sintiéndose dueña del escenario, y sí. Al final, dijo que cantaría la última canción y cuando la terminó, todos parados de pie le aplaudimos y le gritamos, ¡ootraaa! ¡Ootraaa! Y se aventó la de despedida: “Soooleedáá, sé quee poor un tieeempoo, me alejéé de ti. Y rompí la promesa para no seer infeliz. Y ora estoy aquí llorando, por habeerloo amadoo tantoo. Veee y búscalo oonde lo encuentres, y arrebátalo de entre las gentes. Llévatelo de la mano y enciérreense en su cuarto. Yy súbelo. Bájalo, ámalo y si él quiere, despedázalo . Y hazlo él sienta esto que me tiene a mi sin aliento. Sóóóleedaa, sóóóleedaa, sóóóledaa, hazme un favor, yoo te lo ruegooooo, haz que él sienta lo que sientoo…” ¡No ma me mi mo mu! Los músicos, las bailarinas, los bailarinos, el sonido, el escenario y Gloria, la Gloria sazona que sigue siendo tan chingona, un expeptáculo del cual todos salimos sastisfechos y felices. Enclusive, ora que les toy paticando me vuelvo a emocionar y mientras les escribo, canto sus canciones. Cuando salimos del palenque, pasamos por pan de Tlaxcala con nuestros amigos Pedro y Irene que tenían filas de gentes comprándoles pan, doraditas, gorditas, corbatas, pitzas y vasos y vasos de agua de sabores. Les mercamos pan de nuez, de cajeta, de queso y dos corbatas con sus bolsitas de salsa roja, muy picosa, y verde. Los pasillos taban saturados, un chinguísimo de gentes caminando paso a paso de tantas que ´bía, y eso que jue el primer día de feria. Nos regresamos en mi Forcito a nuestro cantón saboriando, a pellizcos, un calientito pan de nuez. Por cierto, nos dijieron que regresarían y estarían en la feria de Tepecoa, seguramente allá los iremos a ver… y a traer más pan, por lo mientras me paso a retirar, áhi nos pa l´otra, graciotas.