MI HIJO SE MUEVE MUCHO MIENTRAS DUERME-DON CHIMINO
Por: J. David Flores Botello
MI HIJO SE MUEVE MUCHO MIENTRAS DUERME. – Hay niños que se acuestan correctamente, con la cabeza sobre la almohada y bien arropados, y al amanecer parecen haber librado una batalla durante la noche: están atravesados en la cama, destapados, con los pies donde debería estar la cabeza y las sábanas hechas bola. Otros dan patadas, mueven los brazos, hablan, se sientan por momentos o cambian de posición una y otra vez. Los padres los observan y se preguntan preocupados: ¿por qué mi hijo se mueve tanto mientras duerme? ¿Estará descansando realmente? ¿Tendrá pesadillas?. Lo primero que debemos entender es que dormir no significa apagar el cerebro. El sueño es un proceso activo y extraordinariamente complejo. Durante la noche pasamos repetidamente por distintas etapas de sueño y, al cambiar de una a otra, podemos movernos, girar, acomodarnos e incluso tener pequeños despertares de apenas unos segundos que al día siguiente no recordamos. En los niños esto puede ser todavía más evidente. Los pequeños suelen tener un sueño más inquieto que los adultos y los movimientos pueden ser particularmente llamativos durante la edad preescolar y escolar, más o menos entre los dos y los ocho años. Conforme crecen, generalmente disminuyen, aunque no existe una edad determinada en la que un niño tenga que comenzar a dormir completamente quieto. Por eso, más que contar cuántas vueltas dio durante la noche o preocuparnos por cómo amanecieron las cobijas, o cuidarnos de las patadas, debemos observar al niño. Si duerme suficientes horas, despierta descansado, está activo durante el día, juega, aprende, come y crece adecuadamente, probablemente esos movimientos forman parte de su manera normal de dormir. Pero no siempre debemos quedarnos tranquilos solamente porque “así ha dormido desde chiquito”. Hay que mirar y, de vez en cuando, escuchar cómo duerme. Un niño que ronca frecuentemente, duerme con la boca abierta, parece esforzarse para respirar, hace pausas respiratorias, suda excesivamente o se despierta muchas veces durante la noche merece ser valorado. También debemos poner atención si durante el día está excesivamente somnoliento, irritable, tiene dificultades para concentrarse o parece no haber descansado a pesar de haber permanecido suficientes horas en la cama. Hay otra situación, no frecuente, que los padres pueden confundir con un niño simplemente inquieto. Algunos pequeños, cuando se acuestan y todavía están despiertos, sienten algo difícil de explicar en las piernas. Los más grandecitos pueden describirlo como “hormiguitas”, cosquilleo, desesperación o una sensación desagradable que los obliga a moverlas, estirarlas o incluso levantarse a caminar. Al hacerlo sienten alivio, pero al quedarse nuevamente quietos la molestia puede regresar. Esto puede corresponder al llamado síndrome de piernas inquietas y es diferente a dar vueltas normalmente mientras se duerme. Cuando ocurre repetidamente y dificulta conciliar o mantener el sueño, conviene comentarlo con el pediatra, pudiera ser deficiencia de hierro y hay que demostrarlo. Antes de pensar en enfermedades, también vale la pena revisar algo mucho más sencillo: ¿a qué hora se está durmiendo el niño?, ¿se acuesta todos los días aproximadamente a la misma hora?, ¿estuvo viendo el celular, la tableta o la televisión hasta minutos antes de acostarse?, ¿tomó refresco, té, café, chocolate u otra bebida con cafeína por la tarde o noche? Una habitación demasiado caliente, iluminada o ruidosa también puede fragmentar el sueño. El sueño infantil no debe juzgarse solamente por una cama perfectamente tendida al amanecer. Un niño puede recorrer media cama durante la noche y haber dormido estupendamente; otro puede permanecer casi inmóvil y, sin embargo, tener un sueño de mala calidad debido, por ejemplo, a problemas respiratorios como obstrucción nasal. Así que la próxima vez que encuentre a su hijo atravesado en la cama, con una pierna fuera de las cobijas y la almohada quién sabe dónde, antes de preocuparse pregúntese algo mucho más importante: ¿cómo durmió y cómo amaneció? Porque dormir bien no significa necesariamente dormir sin moverse. Lo verdaderamente importante es que el sueño sea suficiente, tranquilo y reparador. Durante esas horas el organismo infantil no está perdiendo el tiempo: el cerebro organiza lo aprendido, el cuerpo crece y recupera energía para comenzar un nuevo día. Y para un niño que está creciendo, dormir bien también es parte de crecer bien.
DON CHIMINO.- Les taba paticando que llegamos al salón onde sería la clausura de su escuela de ballet de nuestra ahijada Isamar. Les dije a mi Púchun y al compadre Eulalio que se bajaran, se metieran pa´ dentro y que yo iría a estacionar mi Forcito. ¡Uuuuh tamales! Tába llenísimo de coches, camionetas, motos y ni máiz palomas de lugar para estacionarlo. Quedó como a cinco cuadras de áhi. Ya se imaginará cómo me jue en la regresada p´al salón. Onde que como yo tambor quería ver a la ahijada, me requete apuré y me jui a paso veloz. Taba haciendo hartísima calor, tanta que llegué como perro asoliado. Asina mero. Con la luenga de juera, colorado y sudando de a madres. Yo no sé por qué en mi tierra puedo andar en la calor a pleno sol y sí, puedo andar con la luenga de juera, colorado de mi cara pero, nanayas dijo Popochas que sudo igual. En Acapulquito de mis amores, suda uno como taco de canasta, además, da harta set y me he fijado que, echando cheve bien helodia se refresca y se siente uno a todas márgaras. Pero bueno, llegando, me metí pa´dentro del salón de eventos. Era una especie de tiatro, como para poco más de cien gentes. Lo primero que vi y oyí jue que taban dando a las alugnas las últimas instrutciones en la parte alta del escenario. Arriendé a ver entre el público y, a lo lejos, en la fila dos, mi Puchunga parada de pie me hacía señas pa´ que me juera p´allá. La mera verdá, yo nunca ´bía ido a ver ballet en vivo. Solo en el cine y en la tele. Sabía que eran chamaconas muy elegantes, con trajecitos blancos, bien ajustados, que alevantan sus brazos como alas y caminan de puntitas, como si trataran de flotar o de volar. Solo que esa vez, jueron puras niñas chiquitas, de diferentes edades, todas con sus vestiditos especiales, peinaditas, algunas con el pelo recogido y con una especie de molotito, unas llevaban una como diadema y otras unos moñotes de colores. Las más grandecitas, como de 10 años, taban serias, como cabilando, haga de cuenta como si juera a ser la presentación tiatral más importante del mundo. Otras, las más chiquitas, como de 4 y 5 años, voltiaban de reojo a ver a su maestra pa saber qué seguía. Saludé a mi comadre de puñito pos llevaba mi mano sudada, me dio pena mojársela. Mi guayabera taba empapada de sudor, tanto que la llevaba pegada a mi cuerpo, enclusive, se me transparentaba la chichi izquierda. La del otro lado no porque la tapaba la franja vertical. Tan siquiera que, con el aigre acondicionado, en l´horita me refresqué. Cuando comenzó la música, todas alevantaron los brazos, muy elegantes, como cisnitas. Bueno… unas sí. Una alevantó los brazos hasta arriba, otra a la mitán nomás, una tenía uno arriba y el otro se le quedó a la altura de su hombro. Unas ya iban pa´la derecha mientras otras agún pensaban si primero era p´al otro lado. Y eso de caminar de puntitas… vieran visto, las más grandecitas lo hacían muy bien, con sus taloncitos alevantados. Algunas, las más chiquitas, caminaban normal, con la garganta del pie bien puesta en el piso. Unas combinaban: unos pasos de puntitas y otros normal. De pronto se juntaban, parecía que or sí ya se ´bían puesto de acuerdo. Daban una vuelta, estiraban los brazos, inclinaban la cabeza. Con los bracitos entrecruzados hicieron dos filas, garrando cada una con su mano izquierda la derecha de la compañerita que taba dos lugares más allá, brincándose a la que tenía pegadita a su lado. Asina quedaron todas enlazadas, como una cadenita de niñas. Se miraban tan bonitas, tan graciosas que me rete emocioné. Y más cuando miré a Elisamar: bien derechita, muy seria, con sus ojitos claros muy atentos a lo que tenía qué hacer. Se miraba muy propia, muy elegante como si llevara años bailando ballet y… ¡sacarrácate las babucas! Ya me rete colgué, áhi nos pa´l´otra, graciotas.
