OBJETOS PEQUEÑOS, GRANDES PELIGROS–DON CHIMINO

Por: J. David Flores Botello

OBJETOS PEQUEÑOS, GRANDES PELIGROS.- En la casa ocurren muchos accidentes en cuestión de segundos. El lugar que creemos más seguro para los niños también puede esconder riesgos cuando hay objetos pequeños al alcance de sus manos. Los niños exploran el mundo tocando, oliendo y llevándose las cosas a la boca. Es una etapa natural del desarrollo. Pero esa misma curiosidad puede convertirse en peligro cuando encuentran algo que no deberían tragar. Hace algún tiempo llegó una mamá corriendo a nuestro consultorio con su niña de tres años. Venía muy espantada. La pequeña estaba tranquila en apariencia, pero aún asustada. La madre nos contó lo que había ocurrido. La niña estaba acostada boca arriba en la cama jugando con una moneda que tenía en la boca. En un movimiento involuntario la moneda se deslizó hacia atrás. De pronto sintió que se le atoraba en la garganta y por unos segundos tuvo la sensación de que se estaba ahogando. Asustada, salió corriendo a buscar a su mamá. Cuando la madre la vio angustiada pensó lo peor. Imaginó que su hija se estaba asfixiando. Pero después de unos momentos la niña empezó a respirar con normalidad. Aun así, seguía diciendo que la moneda “se le había pasado”. Decidieron llevarla inmediatamente al consultorio. Al revisarla observamos que respiraba bien, ventilaba adecuadamente y no presentaba signos de obstrucción de la vía aérea. Eso era una buena señal. Sin embargo, por la historia que relataban, era necesario saber dónde había quedado la moneda. Solicitamos una radiografía del cuello. En la imagen apareció claramente una sombra metálica redonda: la moneda estaba atorada en el esófago, a la altura del cartílago cricoides. Afortunadamente había tomado el camino del esófago y no el de las vías respiratorias. Se decidió trasladarla al quirófano. Bajo sedación y con el equipo adecuado realizamos la extracción de la moneda sin complicaciones. Cuando la vimos fuera no pudimos evitar sonreír un poco. Era una moneda de cinco pesos. Probablemente esa fue la moneda de cinco pesos más cara que haya tenido esa familia. El uso del quirófano, el equipo médico, la anestesia y la hospitalización superaron por mucho su valor. Pero lo verdaderamente importante fue que todo terminó bien. Si la moneda hubiera pasado a los bronquios, la situación habría sido mucho más grave y peligrosa. Este tipo de accidentes ocurre con más frecuencia de lo que imaginamos. Monedas, canicas, botones, semillas, tornillos, piezas de juguetes, pilas tipo botón o pequeños imanes pueden terminar en la boca de un niño en un instante. Las pilas tipo botón, por ejemplo, pueden producir quemaduras graves en el esófago en pocas horas. Los imanes pequeños, si se tragan varios, pueden atraerse dentro del intestino y provocar perforaciones. Por eso la prevención es fundamental. En casa conviene observar el entorno con ojos de niño. Muchas veces los objetos pequeños están en mesas, bolsas, cajones abiertos o incluso en el suelo. Los juguetes deben ser adecuados para la edad y no tener piezas desprendibles. Los niños exploran porque están aprendiendo. No buscan el peligro. Somos los adultos quienes debemos anticiparnos. Un minuto de descuido puede convertirse en una emergenci. Mantener fuera de su alcance los objetos pequeños es una medida sencilla que puede evitar accidentes graves. Porque para un niño una moneda puede parecer un simple juego. Pero en cuestión de segundos puede convertirse en un problema muy serio.

DON CHIMINO.- Alfonso, que asina se llamaba el chafirete del Uber le imploró al de la Guardia Nacional, que lo perdonara, que tenía a su hijo enfermo y que necesitaba trabajar. Que le ´bían abierto su coche y le dieron baje con su aparato de sonido, las bocinas y se llevaron una carpeta con sus papeles que traiba en la guantera. Yo y mi Púchun tábamos enlelados por lo que taba pasando, calladitos, de vez en vez nos arriendábamos a ver a los ojos tratando de adivinar qué pensaba cada uno porque no podíamos hablar hasta ver cómo se resolvía el asunto. El guardia se asomó por la ventanilla del chofer, nos preguntó si él era nuestro familiar. El chofer atrás de él nos decía con la vista y con movimientos de su cabeza, que le dijiéramos que sí. Pero le dijimos la verdá, a onde ´bíamos ido, dende cuándo nos juimos y los pases de abordar que acabábamos de usar p´al regreso. ¡Imagínese si le decimos mentiras! Nos agarraba en la maroma y quedría revisarnos las maletas. ¡Seguro me quitaría las pencas de nopal y chance hasta me acusa de tráfico de flora! Pasaron como 10 minutos y nosotros nomás mirábamos que seguían, el guardia oyendo y Alfonso rogando y hasta llorando, pidiéndole que le diera chance. Cinco minutos más y ya no pudimos seguir igual. Un cruce de miradas con mi Púchun y casi al mismo tiempo abrimos las puertas pa salirnos, ella por un lado y yo del otro. Ella iba del lado izquierdo y le quedó mero del lado onde taban los dos julanos y se dirigió al guardia: –“Oficial, nosotros tenemos la culpa de que este señor haya venido por nosotros porque lo contactamos a través de Uber. ¿No habría alguna forma de ayudarlo? La verdad, estamos muy apenados con él y, según oímos, le abrieron el carro y se llevaron su sonido y sus papeles. ¿Qué opciones le daría para que pueda irse con su familia y no tenga que verse metido en problemas o incluso pagar multas con dinero que no tiene? El Presidente AMLO dijo que ustedes son pueblo uniformado. ¿Por qué no le da alguna opción a este joven que anda trabajando honradamente?. –“Mire señora, los estuvimos vigilando por casi 30 minutos a ustedes. Llegaron, estuvieron en una puerta, se fueron a otra, regresaron y se nos hicieron sospechosos. Cuando llegó este señor en su unidad, pensamos que podría haber sido su familiar que venía por ustedes, pero, desde que se vieron se notó que no se conocían, pensamos que sería un vehículo de alguna plataforma y, está prohibido que entren al aeropuerto por pasaje, es zona federal y el señor debe saberlo. Además no trae sus papeles”. –“Ay oficial, no sea malito, dele chance, que sea su obra de caridád” Dijo mi Púchun que, dirigiéndose al chofer le dijo: –“A ver Poncho, ¿de verdad te abrieron el coche y robaron los documentos? ¿Eran originales o los tienes en tu casa?. ¿De verdad tienes a tu hijo enfermo? Si tienes tus documentos que te pide el oficial, ¿por qué no pides que te los traigan? Por lo mientras te pueden mandar una foto de ellos para que se los nuestres al oficial. ¿Cómo ve señor oficial? ¿Podría ayudarlo?”. No contestó nada. Se fue a revisar el parabrisas y luego un lado de la puerta; le tomó una foto con su celular y, cuando en eso ´taba, llegó su compañero, su pareja. Le dio los números, los anotó en una computadorita que llevaba en las manos y dijo el recién llegado: —“Es correcto”. Se alejaron un poco, paticaron algunas palabras y, al rato, el oficial que taba primero regresó y le dijo —“Pida que le manden fotografías de sus documentos y que los traigan; deben ser los originales”. Al oyir eso que le digo: “oiga señor guardia, si no podemos pedir un Uber, tónces, ¿cómo nos trasladamos a la terminal de Tatsqueña? El tatsi de aquí sale carísimo, casi mil pesos la llevada y asegún, el uber nos iba a cobrar siete cientos y, anque caro, taba más barato que los de aquí. Y contestó: “–Hay una terminal de autobuses que los pueden llevar hasta allá, es un poco más tardado pero más barato”. En lo que hablábamos con él, el Alfonso se comunicó con su familia, le mandaron las fotos de los documentos que pidió el oficial, le dijo que en 15 minutos llegaría su hermano con los papeles y, además, le enseñó la imagen de un pañal con popó de su niño con diarrea, pa´ que le creyera que taba enfermito. El guardia, arrugó la nariz, echó la cabeza un poquito pa´trás, como si el olor saliera por el teléfono: –“Ya, ya, ya!, ¡Guarde eso!” Dijo, moviendo la mano. Como miramos que la cosa taba más relajada, le dijimos al Poncho, que abriera la cajuela pa´ sacar nuestras maletas. Él se acomidió a bajarlas, las puso en el piso. Mi Púchun sacó un billetote de dos cientos varos, se los dio y le dijo: -“Acéptalos por favor, para algo te van a servir” Él casi llora y muy agradecido le dijo: -–¡Muchas gracias patroncita! Perdonen que ya les hice perder mucho tiempo. Que Diosito y la virgencita de Guadalupe los bendiga”. Nos despedimos y nos dirigimos al pasillo por onde nos indicó el oficial. Mercamos dos boletos pa´tatsqueña. Esperamos como 15 minutos hasta que nos dijieron en cual bus nos iríamos. Éramos como siete en todo el camión, que, primero jue a la terminal 1 del aeropuerto de la ciudá de México, de áhi a la terminal 2, en cada lugar se esperó como 10 minutos y de áhi, casi con medio camión de pasaje llegamos, dos horas después, a tatsqueña. Taba por salir el clase diamante y, acostumbrados al lujo, no nos importó pagar casi mil morlacos por los dos boletos pero, valió la pena. Los asientos eran amplios, espaciosos, cómodos. Se alevanta la piesera y se recuesta uno como en una cama. Ni sentí el camino. Recordé cuando prendieron las luces avisando que ya ´bíamos llegado. Nos entregaron las maletas, buscamos un tatsi, nos subimos al primero que taba a la mano y, en l´horita, sentimos la diferiencia: todo sonaba en el coche. Cada bache se sentía el trancazo, los amortiguadores ya taban fierro con fierro, los frenos chillaban cada que frenaba y los asientos taban tan acabados que hasta los resortes se sentían. Pero lo mejor jue llegar a casita… y más mejor dormir en nuestra camita, con nuestro almodón. Por mucho lujo que haiga, preferimos nuestra cama; nada la iguala. Y… ¡uf!, otra vez me colgué. Pero, tan siquiera, ya terminé de paticarles el viaje a Guatulco, Goajaca, que nos ganamos en una rifa. ¡Abur!