LA FIEBRE: ENEMIGA MAL ENTENDIDA-DON CHIMINO

Por: J. David Flores Botello

LA FIEBRE: ENEMIGA MAL ENTENDIDA.- La fiebre es, sin duda, uno de los motivos más frecuentes de consulta pediátrica y también una de las causas de mayor angustia en casa. Basta con que el termómetro marque un número más alto de lo habitual para que aparezcan el miedo, las prisas y, muchas veces, decisiones equivocadas. Sin embargo, la fiebre no es una enfermedad ni un enemigo: es una respuesta inteligente del cuerpo. En los niños, la temperatura corporal normal oscila aproximadamente entre 36.5 y 37.5 grados centígrados. Hablamos de fiebre cuando la temperatura alcanza los 38 grados o más, siempre y cuando esté bien medida. Este detalle es fundamental, porque una medición incorrecta puede generar falsas alarmas. En casa, la forma más práctica y segura de tomar la temperatura en los niños pequeños es en la axila. El termómetro debe colocarse en contacto directo con la piel, con la axila seca y el brazo bien pegado al cuerpo durante el tiempo indicado por el fabricante. Es importante saber que la temperatura axilar suele marcar unas décimas menos que la temperatura central del cuerpo, y eso es completamente normal. En niños mayores, cooperadores, puede tomarse la temperatura por vía oral, debajo de la lengua, evitando que hayan ingerido bebidas calientes o frías minutos antes. La medición rectal es la que mejor refleja la temperatura central, pero no es de uso rutinario en casa y se reserva para situaciones especiales bajo indicación médica. Los termómetros infrarrojos de frente u oído son prácticos y rápidos, pero su lectura puede variar según el ambiente, el sudor, el movimiento del niño o la técnica utilizada. Por eso, son útiles como orientación, pero no deben ser la única referencia cuando hay dudas o cuando el niño se encuentra mal. La fiebre aparece porque el organismo, especialmente el sistema inmunológico, eleva la temperatura para dificultar la reproducción de virus y bacterias. Dicho de otro modo: el cuerpo sube el “termostato” como una estrategia de defensa. Por eso, bajar la fiebre no siempre significa curar la enfermedad; solo alivia un síntoma. Un punto clave que los padres deben entender es que no todo gira alrededor del número del termómetro. Un niño con fiebre que está despierto, activo, que juega, toma líquidos y responde al estímulo, suele estar en mejores condiciones que un niño sin fiebre que se ve muy decaído, irritable o somnoliento. El estado general del niño es tan importante —o más— que la cifra de temperatura. Durante la fiebre, especialmente en los niños pequeños, es común que las manos y los pies se sientan fríos mientras la cabeza y el abdomen están calientes. Esto ocurre porque el cuerpo concentra la circulación en los órganos vitales. No significa que la fiebre esté empeorando ni que “se esté yendo para adentro”, como suele decirse popularmente. La fiebre debe vigilarse con atención en ciertas situaciones: en bebés menores de tres meses, cuando dura varios días sin una causa clara, o cuando se acompaña de dificultad para respirar, convulsiones, vómitos persistentes, manchas en la piel, rigidez del cuerpo o un niño que se ve francamente decaído. En estos casos, la valoración médica no debe retrasarse.

En la mayoría de las infecciones comunes de la infancia, la fiebre forma parte del proceso natural de recuperación. Controlarla con medidas adecuadas, mantener al niño hidratado, ligero de ropa y observar su evolución suele ser suficiente. Automedicar, alternar medicamentos sin indicación o tratar de “bajar la fiebre a toda costa” puede ser más perjudicial que beneficioso. La fiebre no es el enemigo. El verdadero problema es no saber interpretarla, no medirla correctamente o no observar al niño como un todo. Informarse, mantener la calma y acudir a valoración médica cuando hay señales de alarma es la mejor forma de cuidar a nuestros hijos. En pediatría, como en la vida, entender el mensaje del cuerpo es tan importante como atender el síntoma.

DON CHIMINO.- Qué bueno que mi Puchunga salvó a ese niño que taba hogándose en la alberca del hotel porque, de agradecimiento, nos dejaron la misma habitación viaipí gratis que nos ´bía costado 5 mil morlacos extra por los dos días que estuvimos áhi. Anque era la parte más lejos del hotel Los Vientos, era la más bonita, no solo porque las habitaciones eran de súper lujo, sino por el recorrido que hacíamos en los cochecitos. Era irnos casi siempe en la parte de atrás, sentados, con los pies colgando y almirando toda la vegetación por un lado y por el otro del camino. Hartas palmas y hartos cactus, entre ellos unos nopales que me impresionaron. Eran como nopales normales pero, las pencas eran casi 3 o 4 veces más grandes y pelonas, no tenían ni tan solo una espina, ya ve que los nopales normales son muy espinudos pero este no, taba liso liso y brillante, se miraba bello. Esa noche tábamos contentos yo y mi Púchun porque le reconocieron su heroísmo de salvar al niño, sino que tambor se seguía riendo que perdió el Canelo que, no sé por qué, le garró tirria.Hasta disfrutaba cada madrazo que le acomodaban. La verdá, el pinchi Canelo me dececcionó a mí tambor, qué bueno que le quitaron no sé cuantos cinturones pero, ójala que cuando le den la revancha no sea fantoche, que no sea mamila y le dé en su madre al mentado Crawford. Que no se ande con mariconadas, que lo arrincone y le dé en su mandarina pa´que no se ande riendo de él en su propia feis. Mientras tábamos viendo el partido de futbol de las Tórtolas contra las Chivas y luego cuando tábamos viendo la pelea, los meseros no nos dejaban de atender. Si de por sí tráibamos brazalete viaipí, la atención epstra que nos dieron jue más especial, a mi Púchun la veían como una heura porque salvó al niño, enclusive hubo dos personas que le pidieron su autógrafo y se tomaron foto con ella. En lo que yo me echaba mis güisquis ella taba echándose unos que les mientan blodimaris y otras de nombre Chi Chi que las preparan con vodka, piña colada y crema de coco. Se tomó dos de cad´una y en el trayepto de regreso iba almirando como yo, lo que era un jardín natural bien cuidado, bien trasado y bien iluminado, de esas luces que no lastiman la vista, que dejan ver las siluetas de las altas palmas contrastando con los crotos, pochotes y órganos no tan grandes como los de la Cañada Del Zopilote, pero luciendo hermosos con las luces indireptas. Cuando llegamos a nuestra habitación me dijo: “Oye Chimi, me baño y ¿luego me das un masajito?” ¡Claro!, le dije, pensando que quizá por las copas, por lo bonito del lugar y porque taba feliz, quería ya sabe usted qué porque se jue a echar yb baño con agua caliente, regresó envuelta en una toalla que se la quitó cuando se acostó boca abajo. L´único que se dejó jue una tanga blanca. Con su crema que ella usa la embadurné dende el cuello, su espalda y brazos, taba bien relajada. Cuando le masajié las piernas empecé de abajo p´arriba. Con forme iba subiendo notaba que su resuello se hacía más rápido, al llegar a las pompis, empezó a resollar más rápido… y yo tambor. Se miraba tan bella y se sentía tan maciza que le dije: “Pérame tantito” y me jui a bañar más que de bolada. Cuando regresé, envuelto en toalla, ya taba acostada de ladito. Aventé por allá la toalla, me acosté con ella de cucharita. Le di besitos en la espalda, en su cuello y, como ella me enseñó, jalé la tira más larga de su tanguita y… bueno, lo demás no se cuenta. Inolvidable nuestra segunda noche en ese hotel de súper lujo. A otro día jui a buscar al jardinero. Les predunté a los que andaban haciendo limpieza, me dijeron que andaba en la parte de abajo. Lo jui a buscar y sí, áhi andaba. Le dije que las enormes pencas del nopal pelón taban preciosas, que si me podía hacer favor de cortarme una. Me dijo que claro que sí. Jue por su machete, regresó y de pronto se trepó en el empinado monte y como en 10 minutos bajó con una penca normal y otra penca pegada con otra más, acuatadas ambas dos haciendo la forma como de un corazón, las echó en una bolsa naila negra y me las llevó hasta la puerta de la habitación. Le di 100 pesos de propina y se jue muy contento, yo me quedé tambor muy contento porque ya podría tener mi propio nopal en mi cantón. Me dijo el jardinero que son muy pegostes, que crecen onde sea y… ¡ándales! Ya me rete colgué. Áhi nos pa l´otra, graciotas.