Sarampión: El regreso de un viejo enemigo – Don Chimino
Por: J. David Flores Botello
SARAMPIÓN: EL REGRESO DE UN VIEJO ENEMIGO.- El sarampión no regresó cambiado; regresó a un terreno donde se le abrió la puerta. Es uno de los virus más contagiosos que conoce la medicina. Se transmite por el aire, entra por las vías respiratorias, se replica en la garganta y los ganglios linfáticos, pasa a la sangre y desde ahí se disemina por todo el organismo. Cuando aparecen las ronchas, el virus ya hizo su trabajo: el contagio ocurrió varios días antes, muchas veces sin que nadie lo notara. Compartir el mismo aire en un salón, una casa o una sala de espera puede ser suficiente. A diferencia de otros virus, el sarampión no tiene distintos serotipos. Desde el punto de vista inmunológico es el mismo virus, aunque existan genotipos —como el D8— que permiten seguir su circulación en el mundo y que se han identificado en brotes recientes en América y en México. Esto es importante decirlo con claridad: la vacuna protege contra todos los genotipos. No existe un “sarampión nuevo” que escape a la vacuna. El problema no es el virus; es la falta de defensas en la población. El impacto más severo del sarampión se concentra en los niños pequeños. El recién nacido llega con anticuerpos maternos que cruzaron la placenta, una protección prestada que comienza a disminuir a partir de los cuatro a seis meses de vida. En ese periodo crítico, el sistema inmunológico del bebé aún no tiene la madurez suficiente para enfrentar solo una infección tan agresiva. El virus encuentra entonces un organismo vulnerable. La leche materna aporta defensas valiosas y puede disminuir la gravedad de muchas infecciones, pero en el caso del sarampión no ofrece protección completa ni evita las complicaciones. Aquí es donde se cae un mito antiguo: el sarampión nunca fue una enfermedad leve. La roncha es solo la parte visible de un proceso sistémico. La complicación más frecuente y más peligrosa sigue siendo la neumonía, principal causa de muerte por sarampión en la infancia. También puede provocar diarrea severa con deshidratación, infecciones bacterianas secundarias, otitis y, en casos menos frecuentes pero devastadores, encefalitis con daño neurológico permanente. Los niños desnutridos, prematuros o con defensas bajas son quienes pagan el precio más alto. Existe además un efecto poco conocido pero muy relevante: después de la infección, el sarampión puede provocar amnesia inmunológica, debilitando el sistema de defensas y borrando parte de la memoria inmunológica adquirida. Durante semanas o incluso meses, el niño queda más expuesto a otras infecciones. El riesgo no termina cuando desaparecen las ronchas. Por eso la prevención debe adelantarse al problema. En contextos de brote o alto riesgo, la llamada dosis cero, aplicada a partir de los seis meses de edad, no sustituye al esquema regular, pero ofrece una protección temprana en ese periodo vulnerable en el que las defensas maternas ya bajaron y el sistema inmunológico aún no madura por completo. Es una medida de contención que puede marcar la diferencia mientras se completa la vacunación en la edad indicada. La vacuna contra el sarampión no se aplica durante el embarazo porque es de virus vivos atenuados y se evita cualquier riesgo potencial para el feto, aunque sea mínimo. Por eso la protección real se construye antes del embarazo y, sobre todo, con altas coberturas comunitarias, que impiden que el virus circule. El sarampión no se volvió más agresivo. Nosotros nos volvimos más vulnerables al permitir que disminuyan las defensas colectivas. Durante años se normalizó la enfermedad y se olvidó que muchos niños se complicaban y algunos morían. Hoy que vuelve a circular, conviene mirarlo de frente: no es una roncha pasajera ni un tema de moda. Es un problema serio de salud pública que sigue cobrándoles la cuenta a quienes menos pueden defenderse.
- DON CHIMINO.- Bien chingona mi Puchunga. Salvó a un niño de hogarse y en agradecimiento, los del hotel, nos dejaron en la misma habitación, en el Monte Mar, la de más caché. Tampoco nos quitaron el brazalete viaipí, garantía de las mejores bebidas, la mejor atención del personal y no solo eso, tambor nos dieron apartado y butaca preferencial pa´ver el partido América -Chivas y la pelea del Canelo contra Terence Crawford, que jueron casi a la misma hora ese 13 de sectiembre. Primero nos juimos a la sala onde ´bía varias pantallas que proyectaban el clásico del futbol nacional. Muchas gentes llevaban sus camisetas de uno y otro color. Yo soy Puma y no veo mal a las chivas pero, los de Televisa se me hacen muy evenflos, pesaditos y escandalosos. Antes de iniciar el partido se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la explosión de una pipa de gas ocurrida en Iztapalapa en la ciudá de México. Cuando jue la ceremonia del Himno Nacional las gentes en el estadio cantaron y nosotros tambor, tanto los de un equipo como los del otro. Harto patriotismo. En el primer tiempo agu no pasaban 15 minutos y los amarillos ya´bían tenido dos oportunidades de meter gol. Se salvaron las Chivas. Cada aprotsimación a portería de los amarillos se acompañaba de gritos, haga de cuenta como si ´bieran estado en el mismo estadio. Los de las camisetas de las chivas se veían medio agazapados, como esperando que les metieran gol. Hubo una duda de que si jue penal contra las tortolitas, digo, las zopilotas, digo, las águilas. Ya saben, si hay duda, siempre saldrá de decisión a favor de ellas. Dicen que compran a los árbitros. Al final del primer tiempo las chivas casi meten gol pero era evidente que taban dominando las aves. Tábamos sentados en un sillón que de tan cómodo, sientes que tas hundido y nomás porque gritaban mucho las gentes de uno y otro equipo que si no, con las copas de güisqui etiqueta negra que ya llevaba entre pecho y espalda y la comodidad, me ´biera quedado dormido de tan agusto que taba dándome la vida de rico por habernos sacado yo y mi Púchun la rifa para un viaje todo pagado al hotel Los Vientos. Se suponía que, terminando el fut nos íriamos a ver la pelea del Canelo contra el estadounidense pero, nomás de ver que las chivas no taban jugando bien, le dije a mi Púchun que mejor juéramos a ver el box. Asina le hicimos. Cercas de áhi está uno como tiatro, techado pero no encerrado. Tiene su telón, un templete y arriba, una pantalla monumental. Las butacas que nos reservaron eran de las principales, las mejores: al centro de la séctima fila de las 15 filas de la sala. El croglema jue que el sonido taba demasiado alto, haga de cuenta como en una sala de cine, de esas onde, los sonidos agudos te taladran los oyídos y los bajos, te retumban el pecho, se te cimbran los bofes y hasta el cicirisco. Las butacas que nos reservaron eran de las principales, las mejores: al centro de la séctima fila de las 15 filas de la sala. Eso sí, la imagen de la pantalla tan enorme y tan clarita que parecía que nosotros tábamos adentro, sentados en una butaca cercana al cuadrilátero donde, dende un principio, se miró que el Canelo arrastraba las piernas y era lento pa´soltar los puños. El tal Terence tenía un movimiento de piernas rapidísimo, entraba, salía, se hacía pá un lado, p´al otro y nunca se le puso de a pechito al Canelo que, por más que lo quiso arrinconar, el moreno nunca se dejó y al contrario, le metía uno y otro chingadazo que hasta le deformaba el rostro al mexicano, que, en cada raund se miraba más y más cansado. Los más de 60 mil aficionados en el estadio de Las Vegas vitoreaban: “¡Caaanelooooo! ¡Caaaneeelooo!” dende el pasillo rumbo al ring y durante los dos primeros raunds, de áhi en adelante, todos calladitos. En silencio. La verdá, yo quería que ganara el Canelo, que tumbara y noquiara al moreno que, hasta parecía que se burlaba de él, y el Canelo más se desesperaba. Mi Puchunga no es aficionada al box pero, dende un principio me dijo que apostáramos, ella le iba a Crawford y que yo iría con el mexicano. Ya le iba a agarrar la palabra pero, cada raund que pasaba más coraje me daba de lo lento y conformista del Canelo aunque, eso sí, no les miento, pensé hasta el último raund que en una de esas, el Canelo lo iba a prender y lo iba a noquiar. Era tan ensordecedor el sonido que preferimos salirnos de la sala y irnos hasta atrás. Nos sentamos en unas sillas comunes y corrientes dende onde se miraba muy bien y el sonido no apendejaba tanto. Dende áhi miré que empezaron a llegar los que taban mirando el futbol, ya ´bía terminado y los de uniforme amarillo llevaban caras largas. Pensé que ´bían empatado pero no, perdieron 1-2. Nos viéramos quedado a verlo, nomás pa´ gritar los goles y decirles: “¡Tengan, para que aprendan”. En el raund 11, el moreno se dio gusto, lo agarró como si juera una pera y el canelo… con ganas de irse a su casa a disfrutar la millonada de dólares que se ganó. Total, yo, feliz porque perdieron las güilotas y dececcionado por cómo peleó el Canelo y… ¡ándales! Ya me rete colgué, áhi nos pa´ l´otra, graciotas.
