INVIERNO Y VIRUS RESPIRATORIOS: LO QUE SÍ PROTEGE-DON CHIMINO

Por: J. David Flores Botello

INVIERNO Y VIRUS RESPIRATORIOS: LO QUE SÍ PROTEGE.– Con la llegada del invierno regresan las mismas escenas de cada año: niños con tos, escurrimiento nasal, fiebre y padres preocupados preguntando si fue el frío, el aire o que se destaparon en la noche. Conviene decirlo con claridad desde el principio: el frío no enferma, lo que enferma son los virus respiratorios, y en esta temporada circulan con mayor facilidad. En invierno convivimos más en espacios cerrados, viajamos, asistimos a reuniones familiares, a las posadas, rompemos piñatas y compartimos aire, abrazos y objetos. Ese es el escenario perfecto para que los virus respiratorios —como influenza, virus sincitial respiratorio y otros— se transmitan con rapidez. En los últimos días se ha generado inquietud por lo que algunos llaman el “súper virus de la influenza”. En realidad, se trata del virus de influenza A H3N2, un subtipo que existe desde finales de los años sesenta y que ha causado brotes en múltiples temporadas invernales. No es un virus nuevo ni desconocido. Las variantes que se mencionan, como el llamado H3N2 “K”, corresponden a cambios genéticos normales del virus, que se vigilan año con año. ¿Está asociado a cuadros más graves? Puede causar enfermedad más intensa en adultos mayores, niños pequeños y personas con enfermedades crónicas, como ha ocurrido históricamente con este subtipo. Pero no es un virus “invencible” ni fuera de control. Aquí es donde entra uno de los mensajes más importantes: la vacuna actual contra influenza sí protege. Tal vez no evita todos los contagios, pero sí reduce de forma muy significativa los casos graves, las hospitalizaciones y las complicaciones. En pediatría esto se ve todos los inviernos: los niños vacunados se enferman menos y se recuperan mejor. Otro punto que hemos aprendido en los últimos años y que sigue siendo útil es el uso del cubrebocas. Cuando hay muchos virus circulando, el cubrebocas sí ayuda: reduce la transmisión, protege a los más pequeños y a los adultos mayores, y es especialmente recomendable cuando hay síntomas respiratorios o en espacios cerrados y concurridos. No es exageración, es una medida sencilla y efectiva. En el caso de los bebés, especialmente menores de un año, la mejor protección es evitar el contacto con personas enfermas, limitar visitas innecesarias, mantener una buena ventilación en casa y extremar el lavado de manos; en ellos, una infección respiratoria puede complicarse con mayor facilidad. Y hay algo que no debe olvidarse: la mayoría de las infecciones respiratorias son virales, por lo tanto no requieren antibiótico. Automedicarse no acorta la enfermedad y sí puede causar efectos secundarios y resistencia bacteriana. Cuidar en invierno es vigilar: observar cómo respira el niño, mantenerlo hidratado, permitirle descansar y acudir a revisión si hay dificultad respiratoria, decaimiento marcado, fiebre persistente o si se trata de un bebé pequeño. Este invierno no se trata de tener miedo, sino de actuar con información. Vacunarse, usar cubrebocas cuando es necesario, lavarse las manos y no minimizar los síntomas es la forma inteligente de proteger a la familia. La prevención no hace ruido, pero evita muchas complicaciones. Y eso, en salud infantil, siempre es una buena noticia.

DON CHIMINO.- El hotel Los Vientos en Guatulco, Guajaca tiene 20 heptáreas de superficie, 500 habitaciones repartidas en 4 que les mientan pueblos: Montañas, Estrellas, Nubes y en el que nos tocó a nosotros el mero viaipí de nombre Mar. Tambor tiene 4 playas en la bahía de Tangolunda: Playa Tornillo, Playa Manzanilla, Playa Ventura y Playa Secreta. Tangolunga quiere decir “mujer bonita”. Por un momento pensé que, en vez de decirle Puchunga a mi vieja le iba a cambiar a Tangolunda porque, ¡vaya que tá bonita mi Puchunguita! Pero no, mejor no le cambio porque Puchunga es como decirle amorcito o cariñito de mi corazón. Pero bueno, tocante a eso de bonita, juimos a la Playa Ventura. Tiene sus olas mancitas, su agua transparente, de un color azul turqueza, azul verdioso, azul escuro o azul cielo asegún haiga de sol, porque dos días estuvo algo nublado, y por eso el cambio de color. ´Ta tan clarita l´agua que se miran los peces, hartos, unos más grandes que las mojarras grande. Me dieron ganas de tener un anzuelo, pescarme unos cuantos y llevarlos pa´ mi cantón pero, ¿cómo? Ni modos que en la maleta. L´agua taba tibiecita, las olas apenas lo mecían a uno y, ya sabe, me puse a nadar de a muertito, tan agusto que casi me quedo dormido. Tansiquiera mi Tangolunga, digo, mi Puchunga se dio cuenta que sin darme cuenta, cada vez me alejaba más de la playa y, anque bien relajado, clarito oyí sus gritos de: –“¡Chiminoooooooo! ¡Chimiiiiiiiii! ¡Ten cuidadooooooo!”. Y sí, ya me ´bía metido pa´dentro del mar y, la mera verdá, me dio mieditis y me regresé, tambor de muertito pero pataleando y braziando hasta que llegué hasta onde taba ella con l´agua apenas a la cintura. Y que me dice exclamando sosprendida: –“¡Miiiraaaaa! ¡Cuántos pecesitos! ¡Espérate! ¡No te muevas! Voy a tomarles un video, ¡son muchoooos!. Tonces, me quedé quietecito mientras ella grababa, en eso, pegué un grito y un brinco, un pinchi pez me dio una mordida en la parte de alelante de mi muslo derecho, mero abajito del borde de mi traje de baño, no sé qué chingados andaba buscando áhi. Mi Púchun, lejos de espantarse con mi grito, soltó una carcajada que creo, le duró como media hora o más, porque en veces me arriendaba a ver cundo tábamos en otros lados, y volvía a soltar sus carcajadas. Pinchis peces hambrientos, no pueden ver algo sabroso porque se les antoja. Tan siquiera no había tiburones, que si no, ¡ni madres que me meto!. En las playas hay hartos camastros, sombrillas y, sobre todo, atención por meseras y meseros que le llevan a uno botanas de pepino y jícama con chile, cacaguates y nueces con arándanos en bolsitas cerradas pero sobre todo, le llevan a uno su bebida que uno quiera. Yo, otvio, tenía que aprovechar que traíbamos brazaletes de güespedes distinguidos y, al pedir güisqui, les enseñaba el brazalete y les decía que me dieran etiqueta negra, no roja, y sí, en veces me llevaban de a dos copas. Me quedé recostado en el camastro, saboriando la botana, mi copa, el paisaje, las montañas, la inmensidá del mar y, la belleza de mi Puchunga, que salió del mar, caminando despampanante, como modelo deslumbrante, con su traje de baño, con una media faldita que la hacía verse muy coqueta. De tan bella que la miré que, hasta le dije, “pareces una Sirena saliendo del mar”. Porque, como les dije: ta bonita mi vieja, ta bonita. Después de tar un buen rato en la playa, a pesar de ´ver botaniado, con el chínguere y por la hora que ya pasaban de las 3 nos juimos a dar unn baño a la habitación, que la mera verdá, todo era de lujo: los pisos de marmol, una cama quinsais y otra matrimonial, uno como camastro acojinado, un balcón enorme que daba a una terraza con sillones muy cómodos, vista al mar, macetas con flores de muchos colores, bien cuidadas, un comedor con 4 sillas de piel, una sala con dos sillones acolchonaditos, un refrigeradorcito chaparro que le mientan frío bar con cervezas, bolsas de papas fritas, refrescos, botellas de agua y con baños como de reyes: de piso a techo, todo de mármol, un lavabote de casi 2 metros de largo, con espejos al frente, atrás y uno de esos derrondos que tan colgados a los lados que, por un lado, se mira uno normal y del otro lado es espejo de aumento que hasta miedo da asomarse porque se le miran más las arrugas y hasta pelos en las orejas como si juera uno un lobo. L´agua de la regadera echa un chorro grande pero no lastima con la juerza que sale, al contrario, parecía como masaje y más ganas daban de pasarse más tiempo bajo l´agua y de los restauranes, que son seis, ya les contaré después porque por hoy, me paso a retirar. Áhi nos pa´l´otra, graciotas.